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Sangre de Mayo
Escrito por Error Humano   
Miércoles, 08 de Octubre de 2008


Valoración espectadores: 5.67

Sangre de Mayo (José Luis Garci, 2008)

Valoración de VaDeCine.es: 6,7

ImageTítulo original: Sangre de Mayo
Nacionalidad: España
Año: 2008 Duración: 152 min.
Dirección: José Luis Garci
Guión: José Luis Garci, Horacio Valcárcel
Fotografía: Félix Monti
Música: Pablo Cervantes
Intérpretes: Quim Gutiérrez (Gabriel Araceli), Paula Echevarría (Inés), Manuel Galiana (Celestino), Enrique Villén (Chispas), Natalia MIllán (Anastasia), Carlos Larrañaga (Isidoro Máiquez), Lucía Jiménez (Plata), Miguel Rellán (Mauro Requejo), Tina Sáinz (Restituta)
Página web y Trailer

 

En pocas ocasiones se atreve el cine español a salirse de su gastada y reincidente temática, y menos para ceñirse a sangrientos periodos históricos, y no digamos si se trata de acontecimientos propios, es decir, de Historia de España, palabras que se asemejan más a la denominación de una asignatura de bachillerato que a material para un guión. Por ello, se agradece el arriesgado brindis de Garci, al que no le tiembla el pulso a la hora de llevar a la gran pantalla, con motivo de su bicentenario, uno de los momentos claves de la peculiar historia de nuestro país: el Levantamiento del 2 de mayo y los hechos que lo precedieron como el Tratado de Fontainebleau con la consiguiente entrada en España de las tropas aliadas francesas de “camino” hacia Portugal, visitando también el Motín de Aranjuez.

 

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La anciana mirando la roña de las orejas al nuevo trabajador.

El 2 de mayo no fue una rebelión del Estado español, sino de las clases populares de Madrid contra la consentida invasión de los franceses (por temor, engaño, dejadez o interés) que desembocó en un alzamiento del pueblo en armas, pues la sangre derramada aquel día incendió los ánimos por todo el país, conduciendo a España hacia su Guerra de la Independencia. Es éste uno de los puntos fuertes del film de Garci, pues consigue provocar en el espectador la indignación del clímax, emparentándolo con los sublevados de Madrid, sensación que no será del todo cómoda para el que guste demonizar las posturas políticas en el cine, pero, ya hace tiempo, John Ford enseñó magistralmente que no conviene juzgar un film conforme a tu ideología, sino a su calidad cinematográfica, y en este caso, independientemente del mayor o menor sentido nacional del director (o su financiación), creo conveniente destacar lo conseguido del retrato histórico, teniendo siempre en cuenta, eso sí, que la historia la escriben los hombres y, por tanto, nunca es plenamente objetiva.

En esta libre adaptación del segundo y tercer volumen de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, de los que Garci es declarado admirador, demuestra el realizador un amor constante a Madrid, pues se ocupa y preocupa durante buena parte del metraje inicial en describir la capital como creciente urbe de pintorescos barrios, estamentos sociales, divertimentos, costumbres y  particular idiosincrasia, que es reflejo de la de España. Todo ello resulta imprescindible para el mensaje final de la obra, donde vemos como reacciona cada una de las clases sociales a través del coral reparto, así descubrimos que mientras algunos cuentan amigos muertos o apresados, otros contabilizan cuentas de clientes fatalmente impagadas.

La cuidada y luminosa fotografía pretende asemejarse a la pintura de aquellos tiempos ayudando a solventar en parte la dificultosa escenificación del periodo histórico a tratar. Problemática a la que habría que sumar dirección artística, vestuario y demás retos para realizar cine de época con cierta calidad en nuestro país. Pocos cineastas españoles vienen a la mente capaces de embarcarse con alguna probabilidad de éxito en un proyecto así, tanto por temática como por magnitud.

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Todo el mundo lo sabe, con patillazas se liga más.


Conformar el reparto no debió resultar tarea sencilla, pero Garci también parece acertar en la elección de intérpretes o quizás sea su talento en la dirección de actores la que disimule carencias. En cualquier caso, como buen aficionado a los clásicos de Hollywood, el director madrileño es conocedor de la importancia de una correcta selección y utilización de secundarios para aportar credibilidad a la trama.

A grandes rasgos el film funciona sólidamente a pesar de cierta falta de espectacularidad en las refriegas y, gracias a sus influencias del mejor cine clásico, justifica su extensísimo metraje aportando ideas y sensaciones que más tienen que ver con una denuncia a la manipulación del pueblo que con la exaltación nacional, mal que pese a sus detractores. Aunque, bien pensado, la malsana descalificación gratuita es una costumbre tan española… Somos como somos; así, cabría concluir que “en esta tierra sólo la comedia y la ironía parecen servir para contar nuestra singular historia… ¡qué tragedia la de España!”.


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