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Dos Días, una Noche
Escrito por Error Humano   
Viernes, 21 de Noviembre de 2014


Valoración espectadores: 4.50

Dos Días, Una Noche (Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne, 2014)

Valoración de VaDeCine.es: 8

Dos Días, Una Noche (Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne, 2014)Título original: Deux jours, une nuit
Nacionalidad: Bélgica
Año: 2014 Duración: 95 min.
Dirección: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne
Guión: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne
Fotografía: Alain Marcoen
Música: -
Intérpretes: Marion Cotillard (Sandra), Fabrizio Rongione (Manu), Pili Groyne (Estelle), Simon Caudry (Maxime), Catherine Salée (Juliette), Batiste Sornin (M. Dumont), Alain Eloy (Willy), Myriem Akeddiou (Mireille), Fabienne Sciascia (Nadine), Olivier Gourmet (Jean-Marc)

Trailer

EL EMPLEO Y LA IDENTIDAD

Dos días, una noche: un fin de semana. Es el plazo que tiene Sandra para reunirse con sus compañeros de turno en la fábrica y hablar con ellos antes de la votación del lunes; un plebiscito que obligará a los trabajadores a elegir entre cobrar su paga extra o el despido de Sandra. Este planteamiento transcurre en el horizonte temporal que da título al film, con el sencillo argumento de esa votación y la homérica tarea de la protagonista en busca del apoyo o la piedad de sus compañeros.

La película, como suele ocurrir con el cine de los hermanos Dardenne, directores de la misma, carece de artificios. Ni en lo formal (docufotografía, ausencia de banda sonora), ni en lo argumental. Tampoco en su discurrir: desde un inicio se nos presenta la rígida estructura narrativa que seguirá el film: habremos de visitar con Sandra, uno por uno, a todos sus compañeros de trabajo. Esta ausencia de adornos y distracciones, esta austeridad, confiere al relato la veracidad necesaria desde donde construir la profunda reflexión que surge de tan aparentemente sencilla historia.

Así, como ocurriera en su premiada Rosetta, los Dardenne plantean aquí de nuevo (y esta vez de manera central) la cuestión de la identidad del individuo a través de su puesto de trabajo. Sandra (cuyos melancólicos ojos son los de una absolutamente sublime Marion Cotillard), entiende su propia existencia desde su utilidad al mundo. Y la amenaza del inminente despido golpea directamente en la línea de flotación de su ya de por sí frágil autoestima. Ni el refugio de la familia y los amigos puede consolar la impotencia que siente la protagonista ante el desdén con que el mercado y su entorno laboral la apartan.

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Surgen aquí numerosas cuestiones que atentan a nuestra propia ética como espectadores, pues el film, que trata de mantenerse equitativo huyendo del maniqueísmo, curiosamente nos obliga a pensar qué posición tomaríamos ante el asunto. De frente al espejo, y desde una desnuda honestidad, la respuesta no es tan sencilla como pudiera parecer, pues las posturas de muchos de aquellos compañeros, que viven sus particulares miserias en este contexto de crisis global y se niegan a renunciar a su paga extra, resulta plenamente comprensible y lícita (no la de todos, hay algún secundario demasiado caricaturizado en pos del caleidoscopio). ¿Y la de la empresa en sí? A priori podría parecer justo dejar que los propios trabajadores elijan la opción que prefieran, pero transcurridos esos dos días y una noche, la elección torna en condena (el título cobra mayor sentido), en toda una tortura para los votantes y para la propia Sandra, quien, hundida moralmente, se siente despreciable por mendigar el favor de sus compañeros.

La película, más allá del trasfondo social, más allá del retrato de la tragedia del desempleo, tratado ya en multitud de obras, acaba por cobrar verdadera dimensión en ese debate identitario, en la autopsia psicológica de quien afronta semejante tránsito. Pues la falta de trabajo no es una mera cuestión de necesidad económica, sino también de dignidad. Y, al final, el ser humano, en cuanto ser social, necesita del sentimiento de pertenencia, del reconocimiento de su utilidad por el resto de la comunidad.

Y he aquí que los Dardenne, en esa ligera tendencia hacia cierta luminosidad en su filmografía, entenderán que esa integración social puede y debe partir de uno mismo. En este sentido, Sandra, obligada a reaccionar, comenzará la lucha por su puesto de trabajo prácticamente forzada por su marido y entorno para, finalmente, encontrar el acervo y el respeto a sí misma en el propio proceso. Gane o pierda, el éxito habrá sido alcanzar la evolución necesaria para celebrar la votación y bregar su particular campaña electoral. Con trabajo o sin él, se sentirá válida. Suficiente motivo para alegrar sus devastados ojos.

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