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Only Lovers Left Alive
Escrito por Agente Cooper   
Miércoles, 25 de Junio de 2014


Valoración espectadores: 7.50

Only Lovers Left Alive (Jim Jarmusch, 2013)

Valoración de VaDeCine.es: 8

Only Lovers Left Alive (Jim Jarmusch, 2013)Título original: Only Lovers Left Alive
Nacionalidad: Reino Unido
Año: 2013 Duración: 123 min.
Dirección: Jim Jarmusch
Guión: Jim Jarmusch
Fotografía: Yorick Le Saux
Música: Jozef Van Wissem
Intérpretes: Tilda Swinton (Eve); Tom Hiddleston (Adam); John Hurt (Marlowe); Mia Wasikowska (Ava); Anton Yelchin (Ian)

Trailer


Cómodamente recostado en el tempo pausado de la inmortalidad, donde las horas son segundos y los años días, Jim Jarmusch desoye los preceptos del cine comercial y se abandona a la percepción de los dos eternos amantes protagonistas de Only Lovers Left Alive, película en la que el director, con los conceptos de continuidad y tránsito cristalinamente asimilados, retoma algunos de los planteamientos expuestos en la sobresaliente e incomprendida Los Límites del Control. La domesticación degradante del ser humano y el conocimiento y la cultura como único valor imperecedero de éste son aquí oscultados desde la innusual perspectiva vampírica, en lo que supone una muesca más en la brillante filmografía de este incomparable outsider, artesano minimalista de un cine propio, siempre rubricado en cada uno de sus once largometrajes.

Cine de vampiros donde jamás se pronunciará dicha palabra. Al comienzo, una versión oscura del Funnel of Love de Wanda Jackson suena en un vinilo durante la presentación de los protagonistas del film: Adam (Tom Hiddleston) y Eve (Tilda Swinton). Queda ya meridianamente claro que Jarmusch no será quien se doblegue. El director reformula el juego con el espectador intercambando el usual aspecto gótico del género que se trae entre manos por uno mucho más cercano a su universo. La sangre se consume como LSD, los escenarios de la trama son Tánger y Detroit, y se cumple aquella afirmación de que la música clásica del último siglo es el rock’n’roll (Schubert y Jack Withe se darán la mano a través de océanos de tiempo). Estamos, por tanto, ante un punto de vista en gran angular, novedoso y atractivo, desde el que comenzar la dialéctica; más que ante una elección estilística, por más que, obviamente, Jarmusch recicle con gran sentido del humor algunos de sus lugares comunes.

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Adam es un compositor reconocido de quien no se sabe su identidad, una especide de Banksy de la escena musical. El espectador reconocerá la fragancia de Cobain en él, hastiado y afligido por la deriva estúpida en la que navega el ser humano. Su coqueteo con el suicidio será la razón por la que su amada Eve acuda en su ayuda. Una vez juntos en la decadente ciudad que vio nacer el sonido motown, Jarmusch explotará su extraña complicidad como pez en el agua en el cine que mejor cultiva, el de las distancias cortas, la gestualidad y las conversaciones elevadas empleando las palabras justas, anclado en la réplica y contrarreplica de los actores (Bajo el peso de la Ley, Flores Rotas, Dead Man, Coffee & Cigarettes). Y aunque es verdad que alguna de las reflexiones pueda pecar de cierta puerilidad, sí queda en el film una estimulante aprioximación a temas como la rutina del amor, el paso del tiempo, la trascendencia del arte o la visión del ser humano como colectividad.

Con prácticamente sólo seis personajes en el guion, el casting es especialmente acertado en el caso de Tilda Swinton. Cuesta creer en una mejor elección para el personje de Eve. El aire excéntrico, señorial e intemporal encaja como añillo al dedo a esta artista inclasificable que, además, tanto tiene que ver con la actitud del personaje que interpreta. Swinton no es simplemente una actriz de cine. La mujer con el rostro más extravagante del cine mundial cultiva la cultura con la misma compulsión con la que Eve devora libros en el film.
Su aura es, finalmente, uno de los principales baluartes de una obra en la que podremos constatar que el camino, elemento substancial de la obra de Jim Jarmusch, sigue su curso.

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