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A propósito de Llewyn Davis
Escrito por Error Humano   
Miércoles, 08 de Enero de 2014


Valoración espectadores: 7.40

A propósito de Llewyn Davis (Joel & Ethan Coen, 2013)

Valoración de VaDeCine.es: 8

A propósito de Llewyn Davis (Joel & Ethan Coen, 2013)Título original: Inside Llewyn Davis
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 2013 Duración: 104 min.
Dirección: Joel Coen, Ethan Coen
Guión: Joel Coen, Ethan Coen
Fotografía: Bruno Delbonnel
Música: Varios Autores. T. Bone Burnett.
Intérpretes: Oscar Isaac (Llewyn Davis), Carey Mulligan (Jean), John Goodman (Roland Turner), Garrett Hedlund (Johnny Five), Justin Timberlake (Jim), F. Murray Abraham (Bud Grossman)

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Trailer


THE FREEWHEELIN' LLEWYN DAVIS

Más allá de Dave Van Ronk, Llewyn Davis es un personaje de ficción. Basado en, inspirado por, pero desvinculado del clásico retrato biográfico, al fin y al cabo. Y, sin embargo, su historia contiene mucha más verdad, mucha más realidad y tangibilidad, que la mayoría de biopics (cuasi mitológicos, obra y milagros) que el cine suele ofrecer. Pues esta es la historia de los muchos Llewyn Davis del mundo; y los hermanos Coen no deben ceñirse a nada a la hora de narrarla. No habrá rendición de cuentas. No habrá concesiones ni maniqueísmo. Ni tan siquiera un intento empático para con el protagonista. Llewyn Davis puede ser un capullo, pues los Coen no buscan que nos apiademos de la melancólica historia de fracaso de Davis, un cantante folk de la escena neoyorquina del Greenwich Village de inicios de los sesenta. Ni siquiera intentan justificar por qué la industria cierra las puertas a un tipo con cierto talento. Tan solo pretenden mostrarnos una semana en la piel de un músico que únicamente logra reconciliarse consigo mismo a través de las canciones. El resto del tiempo, lejos del escenario, en aquello que nosotros llamamos vida y él, existencia, convierte en mierda todo lo que toca. El hermano idiota del Rey Midas.

Llewyn (inspiradísimo Oscar Isaac) malvive rapiñando favores y acumulando desagravios, pernoctando en sofás ajenos y sableando al prójimo. Centrado en su música, toca por la voluntad en un último y desesperado intento por evitar volver a la marina mercante, viejo oficio de familia, símbolo para Davis del fracaso vital. Lo cierto es que no siempre anduvo tan alejado del éxito. Hace un tiempo formaba un prometedor dúo. Sus voces empastaban y su disco tenía vida, conectaba con el público. Pero aquella oportunidad pasó. Y, como suele decirse, no existe el gran día para los boxeadores veteranos. Perdió a su compañero y con él, esa conexión con el mundo. Y cayó. Musicalmente, en el onanismo; socialmente, en el aislamiento.

Llewyn y Ulises, desterrados de su Ítaca

A propósito de Llewyn Davis, en armonía con la música folk sobre la que gravita, huye de la aparatosidad y se viste de humildad y sencillez. Sin embargo, se trata de una semblanza compleja, con muchas aristas, en las que cada personaje aporta un significado por ligero que parezca su papel (soberbio de nuevo el secundario del fetiche John Goodman). Y, así, entre canción y canción, el periplo semanal de nuestro protagonista se mueve de NY a Chicago para acabar volviendo a The Village, convirtiendo por momentos al film en road movie y a Llewyn en Ulises sin laureles (de nuevo la referencia Coen a la homérica tarea).

Toda esta riqueza intrínseca del film, decíamos, es abordada por los Coen desde su sencilla genialidad. Desde su peculiar sentido del humor, pues la vida es tragicómica. El tono es esencial a la hora de entender este proyecto y la filmografía entera de estos cineastas. También la ambientación, siempre adecuada. Aquí, la selección musical de este par de melómanos, guiados de nuevo por T. Bone Burnett (quien ya produjera la maravillosa OST de O Brother!), es mucho más que apropiada: es fascinante, con varias piezas para el recuerdo ('Hang Me, Oh Hang Me' o 'Fare Thee Well', interpretadas brillantemente por el propio Oscar Isaac), que convierten la banda sonora en un auténtico caleidoscopio de los diversos estilos que convivían en el nuevo folk que se gestaba en Greenwich Village (amargo, tradicional irlandés, armonías vocales, poético…) en un período en el que esta raíz musical, tan desangelada entonces como nuestro Llewyn, se encontraba a medio camino entre lo que había sido (Woody Guthrie o Pete Seeger y sus The Weavers) y lo que estaba por ser. Algo que, visualmente, es captado aproximando la cámara a cada una de las numerosas actuaciones musicales que pueblan y enriquecen el largometraje. Plano fijo, rodando el claroscuro del escenario mínimo, las manos, la guitarra y un antiguo micrófono. Haciendo palpable la voz y los acordes de un modo tan bello y simple que provoca congoja.

En todo caso, el film, como apuntábamos al inicio, no pretende ser dogmático ni aleccionador. Y aunque la melancolía impregne su fotografía (tan gris invierno NY como la portada del The Freewheelin’), tampoco resultará pesimista. Habrá ventanas ante puertas cerradas para nuestro protagonista, pero Llewyn Davis entiende su música como un todo irrenunciable. Si no es a su manera, no será. No volverá a haber duos, y jamás habrá letras pegadizas. Nada de radiofórmula. Llewyn mantiene en el obcecamiento artístico su único resquicio de integridad. Puede que sea alguien mezquino e incapaz de responsabilizarse de nada, ni tan siquiera de un gato (el otro Ulises de la función), pero los Coen ponen sobre sus hombros una carga artística de valor incalculable. Pues podría parecer que el eterno retorno a las miserias de Llewyn es la decadente historia de un perdedor nato, de un fracasado egoísta y testarudo. Pero son los Llewyn Davis del mundo, humanos imperfectos y desheredados, intransigentes en su arte, quienes actúan como testaferros de un legado cultural que no habrá de sucumbir jamás. Y es que aunque, dentro de cualquier escena musical, son mayoría aquellos que no llegan, sin ellos no habría movimientos ni corrientes. El fracaso de Davis es personal, pero el éxito de su insistencia, de su insobornabilidad, es colectivo. Sin ‘llewyns’ no existirian ‘dylans’.

Llewyn Davis. Patrón de los olvidados del nuevo folk norteamericano.

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Comentarios (2)
  • Agente Cooper

    No creo que vea nada igual en todo este año. El momento "no veo dinero en eso" nos identifica incluso como web!

  • Glenda Wood

    Los Coen vuelven a dar en el clavo confiando en el bueno de T-Bone Burnett para una banda sonora plagada de temas tradicionales. Lo consiguió con el "Man of Constant Sorrow" y vuelve a dárnoslo recuperando "Dink's Song".

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