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El hombre de acero
Escrito por Dr. Manhattan   
Domingo, 23 de Junio de 2013


Valoración espectadores: 4.40

El hombre de acero (Zack Snyder, 2013)

Valoración de VaDeCine.es: 2,5

El hombre de acero (Zack Snyder, 2013)Título original: Man of Steel
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 2013 Duración: 143 min.
Dirección: Zack Snyder
Guión: David S. Goyer
Fotografía: Amir Mokri
Música: Hans Zimmer
Intérpretes: Henry Cavill (Clark Kent/Superman), Russel Crowe (Jor-El), Amy Adams (Lois Lane), Michael Shannon (general Zod), Diane Lane (Martha Kent), Kevin Costner (Jonathan Kane), Laurence Fishburne (Perry White)

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Trailer

TRANSFORMERS CON CAPA ROJA

Siete años después de la paupérrima recuperación del superhéroe más famoso de la historia llevada a cabo por Brian Synger en Superman returns, aparece El hombre de acero. Existen ciertos paralelismos sobre la idiosincrasia natural de estos encargos que pretenden dar una visión moderna sobre el personaje: si en aquel entonces la tutela se le dio a un director que en sus comienzos había demostrado su inteligencia y desenvoltura en Hollywood con una cinta como Sospechosos habituales y que, posteriormente, canalizó este descaro y solvencia a través de la adaptación a la gran pantalla de uno de los cómics más populares de la Marvel, X-Men, es ahora que el nuevo maestro de ceremonias ostenta una cierta aureola de qualité dentro del sistema, corriendo en paralelo a la de aquél; a saber: (re)conocido por el remake de Dawn of the dead (la que hasta ahora se configura como su mejor película), implantó después su sello de estilo particular mediante la adaptación de sendas historias gráficas de elevada consideración: primero 300 e inmediatamente después Watchmen. Finalmente, y tras el anadeo propio del que agota consigo mismo su estilo, entrega el nuevo Superman, y aunque las sensaciones no son tan insulsas como en la anterior cinta sobre el superhombre, resultan del todo insuficientes e imperfectas.

El hombre de acero, aka Superman, aka Kal-El, aka Clark Kent

Bajo el patrocinio del reputado Christopher Nolan -quien sí parece haber retenido en Batman a un personaje de enjundia dentro del sistema, sabiéndole aportar el agradable regusto de madurez sin olvidarse de la faceta puramente comercial-, que participa en la concepción de la historia y aporta su visión como productor, el film no llega a asomar más allá del plano de la superficie el habitual punto de oscuridad que éste suele aportar. Así, la responsabilidad recae bajo las manos de su habitual colaborador David S. Goyer, quien no insufla el peso necesario al personaje (con independencia de la impresionante literalidad que incorpora Henry Cavill), y convierte la propuesta en lo más parecido a un atolladero general con más desorden que concierto, donde entran a formar parte del juego múltiples referencias de muy diversa y descuajaringada índole. Conviven desde la más que evidente sensación de encontrarnos ante la enésima revisión del mítico relato de H.G. Wells La guerra de los mundos, hasta una parte del diseño de producción -máscaras, trajes y algunas naves- que recuerdan a la reciente Prometheus, pasando por instantáneas que son un calco de aquella gran cinta de título español Acorralado e incluso sensaciones del sonido y de la brutalidad del cuerpo a cuerpo (y del score, que sigue los mismos acordes y tono) provenientes del último Batman.

La cinta narra los orígenes de Superman tras su llegada a la Tierra proveniente de su destruída Krypton, y de cómo toma conciencia de sus superpoderes en nuestro planeta para ejercer el bien, buscando (y encontrando) la respuesta a las preguntas sobre su génesis. La narración principal acontece con un Clark Kent en todo su esplendor, precisamente cuando más excluído se encuentra en la sociedad debido a su falta de rumbo y a sus peculiares capacidades, introduciéndose una serie de flashbacks a modo explicativo sobre su infancia y adopción por parte de sus padres en la Tierra. Son estos escasos momentos de un carácter intimista, junto a ese otro en el que la ilusión infantil se entremezcla con la toma de conciencia adulta de un poder estratosférico cuando el personaje realiza sus primeros vuelos, los únicos que incorporan algo de sensibilidad, ternura y verdadera explicación a un personaje maltratado por el trazo grueso y, sobre todo, por la capacidad muscular de su pecho y antebrazo. Porque lo que verdaderamente importa a los creadores de El hombre de acero son los mamporros. No sólo eso: el hecho de que esa violencia física absolutamente hiperbólica se deje de observar con claridad en el plano para, en su lugar, visualizarse una amalgama de efectos por ordenador, explosiones y el más allá de la velocidad y la destrucción, consiguiéndose de esta manera que las palomitas de los adolescentes (único target real de la película) sepan mejor y consigan durar las casi dos horas y media. Esta manera de “filmar” (que no es no nueva ni muchos menos), que tiene su sustento en el plano y el montaje corto, es un mal endémico de la producción de gran aparato actual, y se antoja necesario un estudio detallado del porqué de su vigencia y estandarización, así como de su relación con el público actual que acude a las salas; pero no son estas las líneas que merecen ocupar semejante aproximación.

Michael Shannon, cabreado

Lo mejor de la cinta se configura, sorprendentemente, a través del nuevo intérprete del superhéroe, así como del de su villano. Sobre el primero, su increíble cuerpo (bien podría pensarse que sus músculos también están creados por ordenador, pero no...) aporta la presencia y robustez que siempre han caracterizado a Superman, si bien carece de la elegancia que también se le presupone; es un actor fuerte lo que no le resta una visible expresividad facial, y con eso, en esta cinta, es más que suficiente. Sobre su antítesis, tenemos al reputado Michael Sannon, que sabe incorporar los galones necesarios al general Zod, a pesar de encontrarse en permanente gesto de cabreo, lo que resta para sus habituales y geniales matices de interpretación (sobre todo en lo que a la parte dolorosa se refiere). No obstante, no hay asomo de dialéctica alguna en su enfrentamiento más allá de una pobre asunción política por el territorio perdido frente al nuevo territorio habitado/conquistado; migajas en la inmensidad del puñetazo reforzado por el efecto de sonido y el vértigo visual. Tampoco parece convincente la aproximación que se realiza hacia un personaje clásico como el de Lois Lane, que aunque está ahí al lado del héroe durante casi toda la película, más bien parece una presencia invisible que poco tiene que aportar; la supuesta historia de amor se erige, pues, como un pegote mal urdido en la narración.

En resumidas cuentas, tras el visionado de El hombre de acero queda claro que las intenciones renovadoras del personaje (como el sencillo gesto de no reconocerle a través de su nombre habitual sino con el de su original Kal-El; que se abandone definitivamente al malo por excelencia Lex Luthor; o el hecho de no reflejar y hacer acopio del famoso gesto de rasgadura de la camisa de Clark Kent en su conversión; o de no mostrarle con sus características gafas hasta el final) no logran fructificar en una historia cuyo objetivo casi único es el hecho de avasallar y abrumar al espectador con el no va más de peleas voladoras y efectos especiales (que colman por completo la presentación y el último tercio de la cinta), y que como no podía ser de otro modo ostentan una excelente profesionalidad, pero que a la vez dicen muy poco acerca de la capacidad inventiva (no digamos ya discursiva) de sus responsables. Lo más parecido a Transformers, pero con personajes de carne y hueso y una pátina de calidad... sólo en apariencia.

Un buen padre siempre enseña a su hijo los valores

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Comentarios (6)
  • Sr.Bean

    Jajajajajajaja, si señor, con dos cojones!!!

    Un saludo.

  • Mr. Sandman

    Te has pasado un pelo con la nota, se nota que no has visto Transformers 2 entera, jejeje, pero en fin tiene muchos fallos y problemas de gigantismos, eso desde luego.

  • barry lyndon

    Una gran decepción. Tiene detalles muy interesantes, ojo, pero se han caido con todo el equipo. Aparte de los defectos apuntados, creo que por Krypton, en todos los aspectos, es mejor pasar de puntillas.

  • Tyler Durden

    A mí me gustó El hombre de acero hasta que apareció el hombre de acero. Tiene algunos aciertos pero la acción se hace pesadísima, me recordó a origen ese aspecto. Supongo que la comparación con transformers será por la mecánica kriptoniana porque hasta filmar a un viejo escupiendo es mejor peli que toda la saga de Bay.

  • Tom Diniphon  - Resolviendo dudas

    Cuando vi hace poco la primera película de Superman interpretada por Christopher Reeve, me surgieron muchas dudas: ¿por qué Jor-El lleva una S de Superman en su traje si se supone que en su planeta es uno más? ¿Cómo era la vida en el planeta Kripton? ¿De qué murió el padre de Clark Kent? ¿Quién le diseño ese traje-pijama? ¿Pudiendo elegir entre otros oficios porqué eligió ser periodista? A ninguna de estas preguntas consiguió responder las versiones siguientes, ha hecho falta una versión completamente nueva, original, renovada e incluso me atrevería a decir diferente, para aclararme todas esas dudas.
    La primera innovación que se destaca es el tema principal de la BSO completamente original, yo y muchos como yo supongo, siempre nos imaginaremos aparecer a nuestro héroe con el tema que compuso John Williams, la segunda innovación que se agradece es que en ningún momento de todo el metraje se esconde detrás de unas gafas, siempre se nos muestra a cara descubierta, la tercera innovación los padres cobran más protagonismo en esta cinta que en ninguna anterior, la cuarta innovación nos ahorran el romanticismo empalagoso de la relación entre Superman y Louis Lane y por último otro detalle importante, los medios de la prensa no quieren saber nada de él.
    Como ya he dicho en otras ocasiones, este superhéroe tiene su inspiración en el nuevo testamento, aquí se nota bastante en el momento en que decide sacrificar su vida para así salvar al resto de la humanidad, sin olvidarnos de ese padre omnipresente que es Jor-El y su otro padre en la tierra un humilde granjero.
    En lo que respecta a la pirotecnia, pues sí, puede que al director se le haya ido la mano en cuanto edificios, monumentos y vehículos destruidos, pero quizás sea la única manera de no aburrir al espectador después de la hora y media de largometraje, de despertar al típico que acostumbra a dormirse en las salas de cine. Los efectos visuales y digitales como no podía ser menos en estas superproducciones y en estos tiempos, espectaculares.
    Y lo mejor de todo, es que por fin Superman tiene un rival a su altura.
    Así que: Yo no te suelo rezar mucho pero si estás ahí y lees esto Superman sálvame.

  • Dr. Manhattan

    Gracias por todos vuestros comentarios.

    Sobre la comparación con Transformers: todo la mecánica visual y el embarullamiento de la imagen y los CGI no tienen nada de distancia con los de esa saga, ni cualitativa ni cuantitativamente.

    Y sobre la banda sonora... mejor no hablar demasiado: es un nuevo refrito del señor Zimmer. Vale que cada compositor tenga su marca o sello distintivo, pero es que los tonos de todas sus últimas películas épicas son exactamente los mismos, hay una ausencia total de matices entre unos y otros.

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