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En el Camino
Escrito por Agente Cooper   
Lunes, 29 de Abril de 2013


Valoración espectadores: 4.50

En el Camino (Walter Salles, 2012)

Valoración de VaDeCine.es: 5.5

En el Camino (Walter Salles, 2012)Título original: On The Road
Nacionalidad: Francia
Año: 2012 Duración: 136 min.
Dirección: Walter Salles
Guión: José Rivera (Novela: Jack Kerouac)
Fotografía: Eric Gautier
Música: Gustavo Santaolalla
Intérpretes: Garrett Hedlund (Dean Moriarty), Sam Riley (Sal Paradise), Kristen Stewart (Marylou), Tom Sturridge (Carlo Marx), Alice Braga (Terry), Kirsten Dunst (Camille), Viggo Mortensen (Old Bull Lee)

Trailer

Jack Kerouac escribió En el Camino en un rollo de papel continuo durante la legendaria explosión inspiradora que tuvo lugar en su pequeño apartamento neoyorquino situado en la calle 20 a mediados de 1951. La obra es la sublimación de una voz, de un estilo jazzistico que entreteje infinidad de notas tomadas durante más de tres años –entre 1947 y 1950- de experiencia liberadora por las carreteras de Estados Unidos y México, casi siempre al lado de Neal Cassady -Dean Moriarty en las páginas de esta obra fundamental de la generación beat-, el personaje más importante de la contacultura americana del siglo XX, un espíritu libre que jamás pretendió ser nada y lo fue todo durante los 20 años que llevaron desde los viajes con Kerouac hasta su muerte por sobredosis de barbitúricos en 1968. Por el camino, por su camino, quedaron el amor de Allen Ginsberg, la amistad de Kerouac –a pesar de la conclusión de la novela-, el respeto de Ken Kesey o William Burroughs y la fascinación que provocó en Hunter S. Thompson y Charles Bukowsky.

Baste el párrafo anterior –abundar es innecesario- para entender la mitología alrededor de En el Camino y sus personajes, tan grande que, a priori, cualquier aproximación cinematográfica estaba condenada a la animadversión. Visualizar en poco más de dos horas lo idealizado en la mente de varias generaciones resulta casi una afrenta. Pero no es menos cierto que Walter Salles salió perfectamente airoso de un reto parecido en Diarios de Motocicleta. Cabía pues la esperanza. Desafortunadamente, en este caso el director brasileño no consigue más que arañar la superficie de una obra extremadamente complicada.

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A lo largo del relato cinematográfico, la relación entre hechos y reflexiones es desproporcionada hacia los primeros. Construido bajo los cánones de las 'road-movies' y excesivamente atento a la cronología, sólo la voz en off de Kerouac (Sam Riley) estimula la emotividad del discurso. La cinta nunca expone con la profundidad debida el conflicto generacional y el afán rupturista de los personajes, aspecto fundamental del contexto en el que surge la 'Beat Generation' y convierte en poco menos que sagrada esta novela. Desprovista así de gran parte de lo relevante y poco arriesgada en la puesta en escena (también el reflejo visual del estilo literario de Kerouac era un desafío), el largometraje queda relegado al retrato parcial de Kerouac y Cassady (Garrett Hedlund), demasiado centrado en el crónico conflicto sentimental en la que éste anduvo envuelto toda su vida. La importancia de los personajes femeninos de Marylou (Kristen Stewart) y Camille (Kirsten Dunst) es exagerada, como si Walter Salles hubiera mirado de reojo a Off the Road -las memorias que Carolyn Cassady (Camille, en la película) publicó en 1990 y pretendían desmitificar aquellos años convulsos- mientras realizaba la adaptación de la obra.

Porque lo cierto es que la principal sensación que queda tras ver el largometraje es que Kerouak, Cassady, Ginsberg y compañía eran unos snobs puteros y drogadictos. Cierto, lo fueron. Pero es éste un matiz secundario; definitorio del anhelo de libertad, de búsqueda de un sentido vital en la inmensidad nortamericana, que Kerouac mostró de manera tan lúcida y feroz y que Salles no consigue articular en imágenes. Puede que el conocedor de la obra sea capaz de complementar las imágenes con sus recuerdos y barnizar de relevancia lo visto. Quien no haya leído la novela, lo tendrá harto complicado. La cinta no es más que una honrosa indefinición del clásico. Puede que algun espectador sienta la necesidad de explorarlo tras ver este largometraje. Si es así, el esfuerzo habrá al menos merecido la pena.

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