Antes de empezar a verla tenía ciertos prejuicios y reparos sobre esta película, una mezcla de un cuento de los Hermanos Grimm en un ambiente taurino es algo que el mismo sentido común hecha para atrás pues no sabes lo que te vas a encontrar. Pero si una cosa hay que reconocer es el valor que hay que tener para en pleno apogeo de las superproducciones y el tres D atreverse a hacer una película muda y en blanco y negro, si ya sé, que eso mismo ya se hizo en la multipremiada The Artist y dio resultado, ¿pero se podría repetir la misma fórmula con idéntico resultado, añadiéndole el inconveniente de en vez de tratar sobre un tema internacional como es el mundo del cine, tratar sobre un tema tan castizo y tan local como es el mundo de la tauromaquia? La respuesta ya se ha visto, aquí ha sido lo más, pero fuera de nuestras fronteras ha pasado casi desapercibida.
Después de este largo prologo, he de decir que la fuerza de las imágenes junto con el poder de la música atrapa, la historia localmente convence, Sofía Oria te enternece y Macarena García te enamora, el largometraje en conjunto consigue mantenerte atento a la pantalla, no faltan momentos de los que les gustaban a Berlanga como el reportaje fotográfico con el torero difunto. Aplaudo el valor de atreverse a hacer una película en blanco y negro con la dificultad que ello conlleva y la labor de los intérpretes al realizar un largometraje mudo en donde todo lo tienen que expresar a través de sus gestos. La esencia del cine.