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Hitchcock
Escrito por Error Humano   
Miércoles, 06 de Febrero de 2013


Valoración espectadores: 7.00

Hitchcock (Sacha Gervasi, 2012)

Valoración de VaDeCine.es: 6.9

Hitchcock (Sacha Gervasi, 2012)Título original: Hitchcock
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 2012 Duración: 98 min.
Dirección: Sacha Gervasi
Guión: John J. McLaughlin, Stephen Rebello (Libro: Stephen Rebello)
Fotografía: Jeff Cronenweth
Música: Danny Elfman
Intérpretes: Anthony Hopkins (Hitch), Helen Mirren (Alma Reville), Scarlett Johansson (Janet Leigh), James D'Arcy (Antony Perkins), Jessica Biel (Vera Miles), Toni Collette (Peggy Robertson), Michale Wincott (Ed Gein), Danny Huston (Whitfield Cook)
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EL ALMA DE HITCHCOCK

Particularmente nunca tuve demasiado interés en estrechar la mano a mis ídolos, convencido como estoy  de que el acercamiento a la persona puede enturbiar la imagen que tenemos del genio. Su obra, su talento, sus victorias, melodías o películas constituyen la única realidad, el exclusivo rasgo de interés que suelen generarme mis autores de cabecera. Esta subjetiva posición en referencia al artista (y en esta definición incluyo sin reservas a ciertos deportistas), suelo trasladarla en lo que a biopics se refiere. Así, las biografías filmadas, pura cronología vital del sujeto, me provocan una pereza irremediable.

Para quien compartan mi animadversión por el formato "obra y milagros", por la ordenada sucesión de acontecimientos, Hitchcock vendrá a suponer un alivio. No veremos al pequeño Alfred demostrando maneras desde niño, ni tan siquiera al que despuntó en Gran Bretaña con films como 39 escalones. Al abordar esta semblanza, nos moveremos a un punto concreto de la vida del realizador: tras el triunfo mundial de Con la muerte en los talones, justo antes del abismo de enfrentarse a un nuevo proyecto.

El momento elegido no podría ser más representativo: Hitchcock ante la disyuntiva de repetir la fórmula del éxito (mcguffin, falso culpable e ingenio a raudales) o volver a sentirse vivo encabezando un proyecto diferente, arriesgado, adelantado a su tiempo. Psicosis, ni más ni menos. Un marica travestido que acuchilla, lo llamaban los productores de la Paramount, agoreros del fiasco.

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Enfrentado a todos y a sí mismo (“el estilo no es sino el auto-plagio”, sentencia certeramente) por mantener su vena artística, su independencia creativa, bastará este enfoque para conocer al Hitchcock realizador, al visionario, tozudo e intuitivo. También aquél que paseaba por el set de rodaje obsesionado con su rubia protagonista. Para la otra vertiente del personaje, la más personal, la semblanza centra buena parte de sus esfuerzos en auscultar el particular latir del matrimonio con su esposa Alma. Aquella gran mujer detrás de todo gran hombre. Colaboradora en sus guiones, siempre a la sombra de su oronda figura, apoyo constante a pesar de los pesares.

Es pues el largometraje que nos ocupa una puesta en abismo, otra muestra de cine dentro del cine, con el encanto y los lugares comunes que ello conlleva. Tal vez algo falto de espíritu, ligeramente insulso e impersonal pero solvente en su interesante propuesta. Suficiente para conocer el ego del británico, su brillantez, también sus demonios personales. En este sentido, resultarán algo aparatosas sus conversaciones de diván con Ed Gein, el asesino real que inspiró el personaje de Norman Bates.

Sin embargo, la fascinación que produce el mito de Psicosis, el interés que emana de las escenas de su rodaje, así como la suficiencia de Mirren y Hopkins, o de una resplandeciente Johansson (me permitiré un inciso para la media sonrisa de un fugaz Perkins mimetizado por James D'Arcy), harán al largometraje Hitchcock merecedor de su título. Pues aunque el suspense no sea precisamente el mayor de los atributos del film, el mero hecho de ver entre bambalinas al ingenioso e irónico cineasta  ("llámeme Hitch y cómase el resto", replicaba el genio) merecerá la pena. Servirá para intuir cómo funcionaba el método del maestro, cómo necesitaba implicar al público: su aliado, su objetivo, su desvelo. Y aunque para conocer al creador lo más adecuado seguirá siendo acercarse a sus inolvidables películas, cuando veamos al viejo Hitch poseído cuál director de orquesta por las estridentes notas de Bernard Herrmann en la ducha, cuando presenciemos cómo se alimentaba de los gritos de terror del patio de butacas, entenderemos un poquito mejor a una de las siluetas más características de la historia del cine.

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