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Lincoln
Escrito por Agente Cooper   
Martes, 22 de Enero de 2013


Valoración espectadores: 8.00

Lincoln (Steven Spielberg, 2012)

Valoración de VaDeCine.es: 7.5

Lincoln (Steven Spielberg, 2012)Título original: Lincoln
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 2012 Duración: 149 min.
Dirección: Steven Spielberg
Guión: Tony Kushner (Libro: Doris Kearns Goodwin)
Fotografía: Janusz Kaminski
Música: John Williams
Intérpretes: Daniel Day-Lewis (Abraham Lincoln), Sally Field (Mary Todd Lincoln), Tommy Lee Jones (Thaddeus Stevens), David Strathairn (William Seward), Joseph Gordon-Levitt (Robert Lincoln), James Spader (W.N. Bilbo), John Hawkes (Robert Latham), Tim Blake Nelson (Richard Schell), Jackie Earle Haley (Alexander Stephens)
Trailer

1865 fue un año crucial para los Estados Unidos. Uno de esos que los niños deben aprender desde bien pronto. La Guerra de Secesión daba sus útimos estertores tras la victoria unionista de Gettysburg en 1863. Ese mismo año, Abraham Lincoln había redactado la Carta de Emancipación como comandante en jefe del ejercito del país. En ella se decretaba la liberación de los negros de la Unión con el fin de incrementar las tropas frente al ejército confederado. El presidente, sin embargo, temía que ésta fuera tomada como una medida de guerra coyuntural y promulgó una nueva enmienda a la Constitución -la primera en más de 60 años- para dar carácter definitivo a su anhelo abolicionista. En los primeros días de 1865, la Decimotercera Enmienda se votaba en la Casa de Representantes. Conseguir dos tercios de los votos de la cámara con el partido demócrata en contra era el último obstáculo político para la abolición definitiva de la esclavitud.

Alta política, pensarán. Es Spielberg, de modo que
parlamentos memorables y momentos de solemnidad colmarán la pantalla. Pero la respuesta es no. O no del todo. Spielberg, por suerte, apenas recurre al peor Spielberg y transita más de una cloaca para completar una cautivadora crónica de aquellos días. Porque es precisamente la desmitificación del hecho, al fin y al cabo la elección menos sencilla, lo que finalmente más vuelo da a este denso largometraje.

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Los matices que contextualizan el momento histórico –el voto femenino o el de la población negra se presentan como utópicos- dan profundidad a la necesidad de aquella ley por muy arcaico y trivial que nos parezcan ahoran tales posiciones, a favor y en contra de la abolición de la esclavitud. Alrededor del hombre recto y con su connivencia, la clase política se manchará las manos para conseguir sacarla adelante. Juega entonces la picaresca de la matemática. El robo de un puñado de votos en saco ajeno será el objetivo de tres personajes (John Hawkes, James Spader, Tim Blake Nelson) olvidados por casi todos pero, a la vista de los acontecimientos, tan importantes como el propio Lincoln. Encarnan la necesidad del subterfugio por encima del valor moral. Así ocurría y así sigue ocurriendo. El arte de la política en estado puro, con sus luces y sombas. Unos fueron azuzados con dinero y poder y otros debieron recular de sus convicciones morales. También encontramos esa otra cara de la moneda, pues tal pragmatismo se pone de manifiesto en el arrollador Thaddeus Stevens, personaje encarnado por un excelente Tommy Lee Jones. Y es que hubo quien miraba más allá y tuvo que cercenar sus aspiraciones.

Tampoco es baladí la lección que ofrece el film sobre la presunción de posturas asociadas al color de fondo del logotipo de cada partido. Que hace siglo y medio el núcleo republicano fuera el garante de las libertades individuales y el demócrata el protector de estructuras sociales moralmente inaceptables no hace sino demostrar la relatividad del signo político, que debiera siempre supeditarse al ferreo control de la ética y el bien común, sean cuales sean las aproximaciones a éste. Los mejores pasajes de Lincoln plasman el posibilismo como fin último frente al sectarismo de quien
basa la política en la confrontación permanente, desde el poder o la oposición.

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Por eso, en mi opinión, cada escena en la que Day-Lewis demuestra su extraordinaria categoría como actor va en detrimento del conjunto de la película. Como si del principio de incertidumbre se tratara, el retrato minucioso del hombre hace perder la referencia del aspecto político del argumento, sin duda, el más interesante. Pero a fin de cuentas estamos ante un 'biopic' y Spielberg se siente obligado a oscultar la realidad familiar de Abraham Lincoln. Expone así el trauma marital que supuso la pérdida de su prole –dos de sus cuatro hijos no le sobrevivieron-. El hombre que comandaba la guerra hizo lo posible por evitar que su primogénito (Joseph Gordon-Levitt) se enrolara entre sus filas. Su, a ratos tormentosa, relación con Mary Todd Lincoln (Sally Field) también reclama fotogramas, y no siempre los merece.

Tras el clímax, el director judío recorre ágil los cuatro meses posteriores hasta el asesinato del presidente en el teatro Ford. En medio, la solemne rendición del general confederado Robert E. Lee –hasta su derrota en Gettysburg, considerado invencible- ante Ulysses S. Grant en Appomattox. Finalmente, siempre comprometido con la contención, cierra el film con una breve toma del discurso de investidura de Lincoln el 4 marzo de 1865. Con la ley aprobada y la paz a la vuelta de la esquina, el gran hombre sobrevuela el fango con la mano tendida para la reconciliación. El mismo espíritu que consiguió llevar adelante la Decimotercera Enmienda cerraría las heridas de una guerra trágica y dejaría encauzado el desarrollo de la nación más poderosa de nuestro tiempo. Eso es Historia, y Spielberg la cuenta como pocos.

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