Desde cierta distancia prudente el espectador observa como una enfermedad degenerativa pone a prueba el amor entre un matrimonio formado por personas mayores de clase media alta, cultos y bien educados. Ella que en su juventud fue maestra de piano estando aún en pleno conocimiento ve como la vida que en un tiempo fue hermosa se está convirtiendo en un pequeño infierno para ella y su compañero sentimental. Él con una paciencia sin límites intenta aparentar una falsa normalidad hacia el exterior, incluso hacia su hija.
Como todos los largometrajes de Michael Haneke es incomoda, dura, cruda, sin final feliz, este es un plato frío que te sirven sin música de acompañamiento, con el aperitivo de un cadáver en proceso de descomposición. Y con un final que te deja clavado en la butaca y que quizás no tenga ningún sentido, pero te hace pensar que significado podría tener, al igual que esa paloma que se cuela en el apartamento o esa carta que escribe el protagonista que no está dirigida a nadie en concreto.