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Los miserables
Escrito por Barry Lyndon   
Lunes, 31 de Diciembre de 2012


Valoración espectadores: 9.25


Valoración de VaDeCine.es: 9

Título original: Les Misérables
Nacionalidad: Reino Unidos
Año: 2012 Duración: 152 min.
Dirección: Tom Hooper
Guión: William Nicholson (Drama: Victor Hugo)
Fotografía: Danny Cohen
Música: Claude-Michel Schönberg
Intérpretes: Hugh Jackman (Jean Valjean), Russell Crowe (Javert), Anne Hathaway (Fantine), Amanda Seyfried (Cosette), Eddie Redmayne (Marius), Samantha Barks (Éponine), Helena Bonham Carter (Madame Thénardier), Sacha Baron Cohen (Thénardier), Aaron Tveit (Enjolras, Daniel Huttlestone (Gavroche), Isabelle Allen (Cosette niña), Colm Wilkinson (Bishop)

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Ficha técnica completa en Sensacine

Adaptación del exitoso musical basado en la celebérrima novela de Víctor Hugo, Los miserables, nueva obra cinematográfica del oscarizado Tom Hooper, lanza apuestas osadas sobre el patio de butacas. La más fuerte es el órdago por la expresividad de sus sobresalientes intérpretes, quienes -en otro envite poderoso- cantan en directo los deliciosos temas con toda la carga emocional y gestual que esto conlleva. Así, escrutando sus rostros aquejados, absorbiendo las entrañas de tan sufridos personajes al recitar entonando, los avasalladores primeros planos de Hooper apartan la cinta del desparrame de coreografías que generalmente define el género.

He aquí, por tanto, en su aplicado enfoque intimista, una interesante singularidad que convierte la sobrecogedora producción en rara avis; en una barroca caja de sorpresas que a conciencia, y tras la pausa, contraataca excitando al respetable con un sorprendente sentido de la acción al introducir furiosos movimientos de cámara en contraste con la paciencia hipnótica que el director se toma ante un elenco de estrellas realzado sin pudor ni mesura, subrayando con embeleso su marcado e inconfundible carácter Broadway. Pueden tomarlo como aviso o como gancho. Depende un tanto de sus filias y fobias al respecto. Eso sí, atacar la idiosincrasia y limitaciones del musical sobre tablas carece de sentido, por más que necesariamente ahora se exponga ante la crítica más necia.


Como espectro importante de público potencial que supone la legión de fans del espectáculo original, cabe plantearse cuál puede ser la acogida del proyecto entre estos. Sirva esta sentencia como garantía: en ningún caso se sentirán decepcionados con el festival para los sentidos planteado. Y es que el trabajo de Hooper resulta un disfrute absoluto para el espectador involucrado, ya sea contentando en el plano melódico gracias a las grandes voces de sus apasionados artistas, o bien estilística y visualmente en virtud de sus magníficas caracterización y ambientación, que lucen dickensianas y volcadas hacia el realismo sucio y terrorífico durante el primer tramo para pasar a la inspiración Delacroix en su revolucionario acto final. El original diseño y su puesta en escena corren el riesgo de ser vilipendiados. Hooper parece tan consciente como despreocupado por ello. Mejor así. Estamos ante un producto diferente. Se agradecen los experimentos realizados con mimo palpable, máxime si nos acercan joyas inmortales como la que nos ocupa.


Odisea arrebatadora, aunque efectivamente forzada y desde luego excesiva en su carga emocional, Los miserables ha encandilado a varias generaciones con su drama de corte romántico en todas las facetas, tanto amorosas como políticas e idealistas alrededor de la convulsa Francia del siglo XIX. La novela de Victor Hugo es de otro tiempo, pero suena a cualquier época, encontrando también un reflejo incuestionable en nuestra contemporánea realidad. El alegato feroz a favor de los oprimidos sigue siendo por desgracia justo y necesario; digamos que atemporal. Como en un ciclo maldito e irremediable, hasta la fecha sólo la lucha nos saca de las cloacas. Más tarde, la decadencia de valores devuelve la ilusión a ellas a la espera de un nuevo alzamiento teñido de sangre. La ética y una justicia verdadera tienen la respuesta a nuestras plegarías. Lamentablemente, sólo unos pocos iluminados, y muy de vez en cuando, son capaces de escuchar sus principios de respeto, solidaridad y compasión. Jean Valjean (inconmensurable Hugh Jackman) marca el sendero tras errar y odiar, aunque no sin orientación y apoyo. No obstante, es tan difícil gritar al viento quién es uno…; lejano queda el día en el que estos faros orienten a la universalidad para siempre. Mientras tanto, amigos todos, se acerca la hora de levantar otra barricada. Ya sabemos que pedirá un altísimo precio, como siempre a pagar con mayor contundencia por los parias: nosotros. ¿Cuándo maduraremos todos y a la vez? Imponentes propuestas artísticas como ésta quizás sirvan de inspiración. En un mundo miserable, el perdón y la compasión son las herramientas para el cambio definitivo. Abracemos su mensaje cuanto antes, por favor.


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Comentarios (2)
  • Rüstu

    Un gran acercamiento al musical

  • Mr. Sandman

    Con lo difícil que es llevar este género a la gran pantalla...

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