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Lo mejor de Eva
Escrito por Jazz Baker. Colaborador   
Viernes, 09 de Noviembre de 2012


Valoración espectadores: 5.00


Valoración de VaDeCine.es: 7

Título original: Lo Mejor de Eva
Nacionalidad: España
Año: 2012 Duración: 93 min.
Dirección: Mariano Barroso
Guión: Mariano Barroso, Alejandro Hernández
Fotografía: David Omedes
Música: Arnau Bataller
Intérpretes: Leonor Watling, Miguel Ángel Silvestre, Nathalie Poza, Helio Pedregal, Joxean Bengoetxea, Adriana Ugarte, José Luis Torrijo, Isabel Mata


Trailer

Alguna que otra vez nos cruzamos con ellos. Suele ser en alguna acera que de cobijo a la entrada de un nuevo restaurante regentado por un prestigioso cocinero o químico, quizás a una sala de exposiciones de últimas tendencias en fotografía o puede que a una clínica privada que consiga lo que la voluntad no alcanza. En el mejor de los casos suelen ignorarnos, duele menos que cuando nos miran por encima del hombro. Cenan en restaurantes prohibitivos para la inmensa mayoría de los mortales, son invitados a todos los estrenos y a las más extravagantes fiestas, conducen vehículos alemanes de alta gama que podrían volar a doscientos setenta kilómetros por hora –para qué-, lucen vestidos y trajes de televisivos diseñadores o de jóvenes rompedores con lo establecido, pero siempre reconocidos. Tienen dinero y lo derrochan sin miedo. No saben de fin de mes.

Unos llegan ahí por haber nacido en el seno de determinadas familias. O por llegar a ellas más adelante, vía matrimonio, por ejemplo. En cambio, otros comparten el status haciéndose a sí mismos, peleando, sufriendo, ganando, con el viento a favor.


La protagonista de Lo mejor de Eva (2012) -trabajo del director Mariano Barroso (Barcelona, 1959) y cuyo guión fue escrito por él mismo y por Alejandro Hernández- llega al mundo en una familia de los de arriba, pero por el empeño de su tirano padre y del infinito sacrificio de ella, Eva se hace a sí misma. Y su llegada a la cima profesional se lo debe agradecer en gran parte a él. Y por ello mismo, un descomunal desprecio.

Eva apenas ha vivido. Todo ha sido libros, libros y más libros. Una vez condecorada con ser la primera de su promoción, trabajo, trabajo y más trabajo. Una casa preciosa, un sueldo muy generoso, sí, pero también unas carencias afectivas con difícil remedio. Nunca supo lo que era llegar tarde a casa, la noche y sus riesgos, los novios que la acompañaran a casa y la despeinaran un poco en el asiento trasero del coche. O simplemente bailar y soñar. Así que corre. Corre y se cronometra. Las noches las pasa embutida en su equipación de atletismo y da vueltas a una deficientemente iluminada pista de atletismo. Se cansa, suda, le cuesta respirar, le duelen los músculos. Siente.

Descubrimos, gracias a que Barroso aplica una lupa sobre la vida de Eva, que cabe la posibilidad de que quizás todos los miembros de estos selectivos clubes privados no sean tan felices ni dichosos como los habíamos dibujado en nuestra imaginación. Incluso que no se sientan realizados, que tengan problemas, que no se encuentren cómodos en una cita a cuatro, que no sepan hablar con sus padres. Y si ellos tampoco lo son, ¿dónde queda la felicidad?

Tras dos años de ejercicio, su primer caso de homicidio. Se llamaba Liuba. Era bailarina. Un único sospechoso, Álvaro Peña (Helio Pedregal), un mediático empresario acostumbrado a poner las reglas y hacer cumplir su ley.

No va a ser sencillo encerrarlo. Eva sólo cuenta con el testimonio de una prostituta. Siente que la coartada del empresario es falsa, pero para demostrarlo necesita la colaboración de su esposa, a lo que ella se niega.


Y cuando todo empieza a ponerse cuesta arriba, la lluvia le regala a quien puede hacer caer a Peña. Un joven gigoló, pareja de la joven asesinada. Está dispuesto a colaborar en el caso y ajusticiar al magnate a cambio de algo. Nada es gratis. La jueza, al principio esquiva, acabará aceptando. Y con ello sabrá de conversaciones personales, de caricias por debajo de la falda, de revolver las sábanas, de utilizar una silla para algo más que sentarse.

Mariano Barroso es uno de los directores más importantes de la industria cinematográfica de este país. Sus títulos más destacados son Éxtasis (1995) y Los lobos de Washington (1999). Dos películas atrevidas, poco amables, necesarias. Pero, como al resto de su filmografía, y también en el caso que nos ocupa ahora, les falta un par de escalones para llegar a ser imprescindibles, geniales. Lo conseguiría trabajando algo más los diálogos, arriesgando y dando un paso más con la cámara. De esta manera no nos serán narrados ni el pasado de Eva ni las consecuencias del caso. Con unos minutos más de metraje las veremos en pantalla. Y con algo más de ingenio y dolores de cabeza, llegará a diálogos más afilados, a introducir a un personaje como Rocco de forma menos chirriante. Barroso lo tiene dentro, lo sé. Lo sabemos. Y lo tiene que sacar. Atreverse.

Es obligado resaltar en esta cinta que mezcla cine negro, misterio y sentimientos a dos actrices que sostienen su peso y le otorgan credibilidad y firmeza. Una es Leonor Watling (Madrid, 1975), un todoterreno que reclama constantemente la mirada y la atención de la platea, una de esas mujeres que te roban el corazón sin pretenderlo, que son certeza convertida en hueso y en carne. La otra, la madre. La esposa, la engañada y mantenida, la ninguneada y olvidada, Natahlie Poza. Muy grandes.


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