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Skyfall
Escrito por Dr. Manhattan   
Viernes, 09 de Noviembre de 2012


Valoración espectadores: 7.75

Skyfall (Sam Mendes, 2012)

Valoración de VaDeCine.es: 8

Skyfall (Sam Mendes, 2012)Título original: Skyfall
Nacionalidad: Reino Unido y EE.UU.
Año: 2012 Duración: 143 min.
Dirección: Sam Mendes 
Guión: John Logan, Neal Purvis y Robert Wade
Fotografía: Roger Deakins
Música: Thomas Newman
Intérpretes: Daniel Craig (James Bond), Judi Dench (M), Bérénice Marlohe (Sévérine), Javier Bardem (Silva), Ralph Fiennes (Gareth Mallory), Ben Whishaw (Q), Naomie Harris (Eve)

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BOND RESUCITADO

Con la entrada de Daniel Craig a la archifamosa saga de 007 no sólo teníamos al primer James Bond rubio, sino que ese cambio de look también se hizo extensivo al resto del físico para imponer una planta más robusta -e incluso adusta, valga la redundancia-, alejando, aun sin perderla, la preeminencia de la elegancia en la figura del espía de origen británico para acercarla a un terreno más próximo al embrutecimiento y la parquedad gestuales. Así, Bond dejaba a un lado el don de gentes exhibido por la simpática presencia de su anterior émulo, Pierce Brosnan, para reconvertirse en algo más parecido a un autómata reforzado que supera trabas y cumple órdenes con el fin de llevar a cabo con éxito sus misiones, enmarcado en un conjunto más creíble y realista, próximo en la batalla.

Lo que ocurre es que en las dos cintas previas protagonizadas por Craig se observaba una discordancia bastante evidente en el tono, fruto visible de la distinta sensibilidad de sus respectivos directores a la hora de afrontar el reto; si Martin Campbell sorprendió por su equilibrada propuesta entre la tensión y la acción calmadas y orientadas hacia un objetivo concreto en la redefinición del personaje a través del nuevo intérprete en Casino Royale, Marc Forster optó por la vía del espectáculo puro y duro, meramente musculoso, en la a la postre decepcionante Quantum of solace.

Daniel Craig - Bond: pose y músculo no exentos de elegancia

Pues bien, la apuesta en Skyfall por un director de probada solvencia como es Sam Mendes resulta en una nueva visión, alejada de las anteriores y que se acopla a la perfección a los parámetros actuales del cine de acción más inteligente (se intuye la figura grave del último Nolan, o incluso del veterano Michael Mann, por una cierta concepción fotográfica de las imágenes y por el riguroso estudio psicológico al que somete a sus personajes). El objetivo es aportar una visión cuasi crespuscular del héroe, donde se llega a vislumbrar incluso su fallecimiento para después confrontar al personaje con toda una serie de complejos dilemas presentes en su entorno, personificados, sobre todo, en la figura de su superiora M y en la tortuosa relación profesional que con ella mantiene (extraordinaria Judi Dench, quien aporta la seriedad, la paciencia y los galones de quien se sabe importante).

No hay riesgo de pérdida alguna, por ello, de la autenticidad y el sello característico que siempre han definido a Bond. En este sentido, las consabidas marcas de agua de la saga -espectaculares títulos de crédito que seducen al espectador mediante el magnetismo que desprende la sugestiva canción de turno, chicas despampanantes e igualmente letales, lujo de ambientes y percepción de dinero sobrante, escenas de acción espectaculares, presencia de un villano encomiable, trama mínima que desemboca en el enfrentamiento final con el mismo, etc.- son suficientemente palpables a lo largo de una narración que, no obstante, quiere ir un poco más allá y por ello, y gracias al riguroso y estudiado libreto que firman los veteranos Neal Purvis y Robert Wade (presentes en las últimas cuatro películas) y el recién incorporado John Logan (que sustituye al anterior colaborador Paul Haggis, más políticamente correcto y aburrido), se cuenta una historia que no adapta ningún título concreto del novelista inglés Ian Fleming; perfectamente moderna pero profundamente respetuosa con la concepción del personaje que aquél creara.

Judi Dench - M: fortaleza interpretativa

A la marcada tonalidad seria, podría decirse que empapada de cierta gravedad y sin duda ostentosamente madura presente en Skyfall, contribuye sobremanera la estética de las imágenes capturadas por el excelente fotógrafo cinematográfico Roger Deakins. Situándose en momentos cumbre del minutaje, sobre todo aquellos que desembocan en escenas de acción como enfrentamientos cuerpo a cuerpo o en los que acontecen durante la batalla final en forma de asalto campestre (en una secuencia que es pariente lejana del western crespuscular), se exhibe un exagerado contraste de colores que sirve para ocultar los sufrientes rostros de los combatientes y así realzar la presencia de unos cuerpos que se debaten entre la vida y la muerte; sombras que se agitan en la oscuridad de un mundo que ya no les permite pensar, convertidos en figuras mecánicas enseñadas a moverse con el único afán de la muerte, del exterminio como meta (ya fuere vengativa o, en oposición, defensiva de la causa, tanto da).

La última entrega Bond cumple las expectativas y las sobrepasa comúnmente, desde un punto de vista adulto. Se aleja de prestarse a la acción per sé (aunque conserve uno de los mejores inicios de toda la saga, en lo que es una auténtica set piece del thriller contemporáneo) para aproximarse hacia una visión incómoda del agente secreto, que indaga sin rubor en las inseguridades, los miedos y la difícil encrucijada que le rodea, acercándolo de esta manera a una realidad más inmediata y apreciable, humana al fin. Coyuntura que se ve reforzada mediante la inclusión de un villano adaptado a los tiempos actuales, igualmente inseguro, quebradizo y por ello tendente a otros medios de delincuencia alejados del choque físico; un objetivo, el de la diatriba ideológica, que sirve tanto para la auto-reflexión en torno a la figura del agente secreto como para un nuevo lucimiento de Javier Bardem, ese animal de la pantalla que encumbra otra vez al malo de la función para ser recordado, como ya hiciera en No es país para viejos.

Craig acongojado ante el amaneramiento de Bardem y su peluca rubia


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Comentarios (2)
  • Ringo Kid  - La sombra de Bond es alargada

    Comienza con dos de las escenas de acción más impactantes de todo el largometraje, una persecución imposible en moto por los tejados del mercado de Estambul, y una pelea encima de un tren en marcha, al estilo de las viejas películas del oeste, para dar paso a los créditos iniciales más tétricos y morgues de toda la saga, donde ya dan pistas de por dónde van a ir los tiros, nunca mejor dicho.
    Sam Mendes, juega mucho con las sombras y las siluetas de los personajes, para dar forma al sentido de la trama, ya que se plantea que tanto el mal como el bien proceden de las sombras, pues como dice en un monólogo "M": actualmente el enemigo no es un país, ni lleva uniforme, ni sirve bajo ninguna bandera, el enemigo puede ser cualquiera, es un ser que trabaja en la sombra y desde allí hay que combatirlo.
    También nos invita a hacer una reflexión, sobre lo clásico y lo moderno, presentando a un James Bond clásico, pero a su vez lo muestra con bastantes puntos débiles, desaliñado, incluso cansado y dolorido. Mientras Silva el archienemigo domina a la perfección las nuevas tecnologías. Buen trabajo de Bardem, pero acabara encasillado de malo en las películas extranjeras. Es de agradecer el puntito de humor que aporta el director en ciertas escenas como en la del metro.
    Los seguidores y admiradores de la saga disfrutaran aparte de por la trama del largometraje, encontrando los guiños que de las otras películas de la saga se hacen durante todo el largometraje. Una pega que le podría sacar es la poca importancia que se le da a la chica Bond.

  • Sr.Bean

    Si bien me ha gustado y tiene un empaque y coherencia muy aceptable (no es un de aquí para allá porque si como la horripilante QoS), volviendo con un gran Daniel (ha envejecido a la velocidad de la luz), un extraordinario Bardem y esa acción y calma tan bien llevada, para mi genera un estado in crescendo en la película que torna en bajonazo brutal en el final.
    Sinceramente esperaba algo más, un clímax mucho mayor y más impactante (todo lo que pasa y como pasa da pie a ello), pero se queda un "esto es todo? así termina???" que para mi fue una decepción.

    Desde luego me ha gustado, aunque a otro nivel que la gran Casino Royale, pero el paupérrimo clímax final fue un jarro de agua muy fría para lo que había visto durante más de dos horas largas.

    Un saludo.

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