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Salvajes
Escrito por Jazz Baker. Colaborador   
Martes, 09 de Octubre de 2012


Valoración espectadores: 7.00


Valoración de VaDeCine.es: 7

Título original: Savages
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 2012 Duración: 130 min.
Dirección: Oliver Stone
Guión: Shane Salerno, Don Winslow, Oliver Stone (Novela: Don Winslow)
Fotografía: Daniel Mindel
Música: Adam Peters
Intérpretes: Taylor Kitsch (Chon), Blake Lively (O), John Travolta (Dennis), Salma Hayek (Elena), Aaron Johnson (Ben), Emile Hirsch (Spin), Benicio Del Toro (Lado)

Página Web
Trailer

EL MERCADO DE LAS FLORES DE LA DUERMEVELA

Salvajes es la nueva propuesta del director estadounidense Oliver Stone (Nueva York, 1946). Ya no se le espera con impaciencia como sucedía a finales de los ochenta y en los noventa. Sus títulos más emblemáticos quedaron rezagados en el tiempo. Lleva más de una década mostrándose caprichoso e irregular. Cansado y distraído, con excesivas ganas de ofender y polemizar. Sólo así se explican películas tan irregulares y tibias –pese a que en origen se buscaba justo lo contrario– como Alejandro Magno (2004) y Wall Street: El dinero nunca duerme (2010).

En esta ocasión se ha basado en un libro de Don Winslow, “Salvajes”, publicado en 2010. Escritor de gran éxito especializado en el mundo del narcotráfico que cose a México con EE.UU., donde las puntadas en uno son para sembrar la semilla y en el otro para dar servicio al cliente.


Gracias a películas como ésta, a libros como los de Winslow y a los narcocorridos de Los Tigres del Norte, México va a quedar en la retina del que nunca viajó hasta allí como embajadora de las flores de la duermevela. Una tierra de latifundios donde crece la sustancia que a otros hará soñar –aunque todo terminará en pesadilla–. Un infierno de policías comprados a bajo coste, armas de última generación al por mayor y hombres como animales dispuestos a todo por un poco de plata. El paraíso de la corrupción.

Pero el gran negocio son los EE.UU. En esta idea coincide de lleno con el credo del personaje interpretado por Brad Pitt en Mátalos suavemente (Andrew Dominik, 2012), estrenada recientemente. Para ser alguien en este mundo hay que vender allí. Elena (Salma Hayek), número uno del cártel mejicano, lo sabe. Y es su próximo objetivo. Empezar de cero es muy complicado, por lo que busca socios que estén asentados en el mercado. Negociará con ellos. Pero, por si acaso, les mostrará qué sucede si la respuesta es no.

La puerta de entrada a EE.UU. tiene el nombre de dos amigos y socios. Poseen el mejor producto. Es tan bueno que no necesitan de un ejército detrás que les respalde. Al contrario. Han sabido montárselo. Viven como reyes. Uno es paz y amor. Se llama Ben (Aaron Taylor-Johnson). Con parte de los beneficios del negocio creó una fundación para ayudar a los más necesitados en la que colabora personalmente. Viaja a las zonas más afectadas del mundo para estar con ellos, para aportar su experiencia y conocimiento. Y así se siente mejor. El otro es Chon (Taylor Kitsch). Ha combatido. Sabe de la muerte y de lo que hay que hacer para sobrevivir. No teme ni a la bala ni al cuchillo. A cara de perro. Tanto que posiblemente se le haya olvidado sentir.


Dos mentalidades muy distintas que encajan perfectamente como dos piezas contiguas de un puzle. Dos personajes en los que no se profundiza, en los que no se ahonda. Mucho menos interesantes y retorcidos que los sabiamente vestidos por Benicio del Toro, Salma Hayek y John Travolta.

El fracaso de las negociaciones provocará que los personajes secundarios abandonen sus cómodas posiciones para convertirse en prenda, moneda de cambio o chivo expiatorio. Así le sucederá a la amiga y compañera de Ben y Chon, Ophelia, a la que todos llaman O, interpretada en cuerpo y cuerpo por Blake Lively. También a la hija de Elena, con la que no se entiende pero a la que no puede extraer de su corazón.

Lo que no soluciona la palabra, lo hará la violencia. La muerte sobrevuela cada plano de Salvajes. No una dulce que te encuentre durmiendo la siesta, sino una lenta que vierta vinagre y sal sobre la herida abierta. Incluso en las primeras imágenes, pues no sabemos si quien nos habla lo hace desde el otro lado. Aquí se mata impunemente por una orden de un superior, por albergar sentimientos y mirar con calor a la presa, por un puñado de dólares, por trabajar para el Azul. Por nada.

Dos personajes más tendrán un peso importante en la historia. Si uno es el brazo ejecutor de Elena y el otro es un agente de la DEA, podríamos firmar que cada uno está en un bando, que son contrarios y enemigos, invierno y siete de agosto. Pero aquí todos son de un mismo bando, el de uno mismo.

Benicio del Toro es Lado. No es un hombre violento. Es violencia. Una fiera que se encuentra más cómoda con la pistola o el látigo en la mano que intercambiando frases en un parque. Un ser hastiado que aguarda su momento. Lleva mucho en esto. Sabe que está cerca, que llegará. El agente de la DEA tiene la mirada de John Travolta, de nuevo en un papel a su medida. En el fondo no es mejor que Lado. Sólo es más refinado, más inteligente, un paso por delante. Pero, por dentro, la misma miseria.

Todo llevará a un último intercambio en un paraje desolador, en mitad de un desierto donde no crece nada y en el que todos engañan a todos, donde los gusanos reptan como luciérnagas que bailan al calor de una bombilla. Un final que Oliver Stone se empeña innecesariamente en hacer doble.

Una película entretenida, que no es poco. No creo que deje huella, ni siquiera el ménage à trois en el que todos se tapan. Para mí, lo mejor, del Toro y su máscara, sus hachas, sus videos, su mirada viciosa y esos diez años que borra en un instante.


Tags: Salvajes  Oliver Stone  
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