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The Possession (El origen del mal)
Escrito por Inmafun   
Sábado, 22 de Septiembre de 2012


Valoración espectadores: 5.00


Valoración de VaDeCine.es: 5

Título original: The Possession
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 2012 Duración: 92 min.
Dirección: Ole Bornedal
Guión: E.L. Katz, Kevin Mannis, Juliet Snowden, Stephen Susco, Stiles White
Fotografía: Dan Laustsen
Música: Anton Sanko
Intérpretes: Jeffrey Dean Morgan (Clyde), Kyra Sedgwick (Stephanie), Grant Show (Brett), Madison Davenport (Hannah)

Página Web
Trailer


Partiendo de la premisa de que las películas de exorcismos, desde hace ya unos años, vienen refrescando el subgénero más bien poco y de que el imaginario de las posesiones ya alcanzó su cénit con El exorcista (William Friedkin,1973), hemos de concluir que toda nueva inmersión quedará relegada a un segundo plano ostentando el humillante puesto del sucedáneo que, en ocasiones bastante digno, en otras no tanto, será condenado a vagar tras la alargadísima sombra de su predecesora, un clásico imperecedero del terror que, hoy igual que ayer, sigue estremeciendo a púberes y a mayores por igual.

The Possession (El origen del mal) pertenece a ese grupo de xerocopias predilectas dentro del género de las posesiones demoníacas, siendo un buen intento de revitalización y evolución hacia nuevas perspectivas. En este caso en particular, la trama se adentra en el universo judío y su potente misticismo, transformando al católico padre Karras en rabino poco ortodoxo. El elemento fantasmagórico viene dado, como en tantas otras, de la conexión infantil con el mundo espiritual. La responsable de hacer de carcasa mundana al maligno es una jovencísima aunque, no obstante, realmente solvente Natasha Calis.  En el rol de padre carismático, aniñado y visceral, encontramos a  Jeffrey Dean Morgan, espléndido en su papel. Como contrapunto, la horriblemente botoxmizada  Kyra Sedgwick, que aportará a la familia el escepticismo y la frialdad.


La subyacencia de tópicos tales como los efectos colaterales en la familia de un divorcio en trámites, la hipocresía de la religión y el paso de la infancia a la edad adulta adulteran la crudeza de la trama diluyendo con cierto tino la tensión de los momentos más devastadores. Los efectos especiales son sobrecogedores y en el plano visual resulta extremadamente impactante, especialmente en la primera mitad del metraje, cuando la sutilidad de los primeros síntomas de la posesión confiere a la protagonista ese terrorífico aspecto de híbrido pueril a la par que extremadamente diabólico, no solo en el plano físico, sino que también en el psicológico. A medida que la trama se hace más explícita, la cinta pierde singularidad, terminando por caer en el estereotipo y velando de este modo el efecto novelty que parecía brindarnos a priori. Una vez más, tiro fallido.


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