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Abraham Lincoln: Cazador de vampiros
Escrito por Error Humano   
Viernes, 07 de Septiembre de 2012


Valoración espectadores: 2.00

Abraham Lincoln: Cazador de vampiros (Timur Bekmambetov, 2012)

Valoración de VaDeCine.es: 2

Abraham Lincoln: Cazador de vampiros (Timur Bekmambetov, 2012)Título original: Abraham Lincoln: Vampire Hunter
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 2012 Duración: 105 min.
Dirección: Timur Bekmambetov
Guión: Seth Grahame-Smith, Simon Kinberg
Fotografía: Caleb Deschanel
Música: Henry Jackman
Intérpretes: Benjamin Walker (Abraham Lincoln). Mary Elizabeth Winstead (Mary Todd Lincoln), Dominic Cooper (Henry Sturges), Rufus Sewell (Adam)

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Trailer

PRETENCIOSO Y ABURRIDO ENGENDRO

Si al impacto inicial de encontrarnos frente a un Abraham Lincoln liquidador de vampiros le aplicamos la estricta definición de originalidad, la apariencia transgresora de la idea se esfuma sin dejar apenas rastro de frescura. Pues la novela en que se basa el largometraje, del arribista Seth Grahame-Smith, no resulta en absoluto seminal. No cuando existen multitud de referentes en el cine de la serie B a la Z, pioneros en un concepto atractivo y novedoso, hijos de una exploración del medio audiovisual escasa de recursos y sobrada de descaro. Muestras no faltan. Algunas tan cercanas a la aquí propuesta como aquel amateur Jesucristo cazavampiros.

En cualquier caso, más allá de este injusto requerimiento de pureza y virginidad, habrá que reconocer a Grahame-Smith la visión y el pleno acierto temporal para el buen provecho de una moda (eterno retorno) basada en el combinado de biografía o literatura clásica con sorprendente ficción (como su Orgullo y Prejuicio y Zombis, reescritura del clásico de Jane Austen). Un don de la oportunidad que fílmicamente no sólo se traduce en la llegada a nuestras pantallas de este Lincoln justo antes del biopic preparado nada menos que por Spielberg y Daniel Day-Lewis, sino también en medio de una crisis de identidad norteamericana que se debate entre el desengaño tras las expectativas creadas por aquel Obama que nos dijo que podíamos, una recesión económica occidental que está trasladando el eje geoestratégico del mundo y las próximas elecciones a la presidencia, dejando una nación necesitada de recuperar sus más valiosos principios o de un liberador presidente de ideales inquebrantables y hacha en su mano, quién sabe.

Benjamin Walker, haciendo autocrítica. El suicidio es una opción.

Sin embargo, Grahame-Smith, autor del libreto sobre su propia novela, malogra toda la atención acaparada, dedicándose al grotesco subrayado de un par de paralelismos apenas desarrollados en realidad: vampirismo y esclavitud, ganado humano que alimenta la insaciable necesidad de unos pocos... Bosquejos de algo profundo, aires de trascendencias, cuyo vacío deja al proyecto en tierra de nadie: demasiado niño para la ciudad de los locos, demasiado loco para la ciudad de los niños. Unas inapropiadas ínfulas, consecuencia del tomarse a uno mismo demasiado en serio, que alejan el envite del prometido placer culpable de la serie B.

Como agravante, en su pequeño intento humorístico o desdramatizador inherente al género, el film tampoco se refleja en sus espejos, y el patético esfuerzo por construir un antihéroe torpón, desemboca en la caricatura de un patán recrudecida por la lamentable interpretación de un Benjamin Walker cuya ausencia de carisma vocifera hasta quedarse afónica, rematada al fin por un maquillaje atroz y un apósito por barba que impiden la más mínima empatía durante el supuesto clímax.   

Aun con todo, uno podría y debería apelar a la ilógica condescendencia del entretenimiento (al fin y al cabo es a lo que vinimos) para, apartando las impostadas y fallidas pretensiones de su guionista, entregarse al puro disfrute visual. Pero el aparatoso Timur Bekmambetov, director del despropósito, será el verdugo que cercene cualquier esperanza de no haber perdido el tiempo, dejando al largometraje en un interminable sufrimiento de apenas 85 minutos (paradójico pero cierto, tal es el descalabro). Y así, huérfano de cualquier novedad en su desarrollo, su imaginería o su técnica, se suceden escenas regurgitadas en medio de una digitalidad insoportable, condenando una timorata propuesta que debía haberse movido en los lúdicos terrenos de Planet Terror y, sin embargo, se dedicó a coquetear con los peores tics de las más aburridas biografías y sobadas secuencias de acción al ralentí para, caducada al compás de su propio transcurrir, acabar deambulando por el olvido como el deleznable engendro que es.


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