Personajes caricaturescos, buena música, diálogos que pretenden ser punzantes, mucha mala leche aderezada de humor negro y sazonada con un poco de incorrección política. Es agradable a la vista la fotografía de las localizaciones exteriores irlandesas. Entretenida, ligera, se agradece que su duración no exceda los cien minutos porqué la historia en si no da para más. Todo el largometraje gira en torno a Brendan Gleeson, si sobrevives al shock de verlo de en calzoncillos, ya nada te sorprenderá de este personaje, a destacar las conversaciones que mantiene con Don Cheadle. En el tramo final se notan las influencias de las películas del oeste. En resumen: para seguidores de Brendan Gleeson.