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Juntos hasta la muerte
Escrito por José Mª Miralles Aznar. Colaborador   
Lunes, 23 de Julio de 2012


Valoración espectadores: 9.00

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Valoración de VaDeCine.es: 9

Título original: Colorado Territory
Nacionalidad: U.S.A.
Año: 1949 Duración: 94 min.
Dirección: Raoul Walsh
Guión: Edmund H. North, John Twist (Historia de W.R. Burnett)
Fotografía: Sidney Hickox (ByN)
Música: David Buttolph
Intérpretes: Joel McCrea (Wes McQueen), Virginia Mayo (Colorado Carson), Dorothy Malone (Julie Ann Winslow), Henry Hull (Fred Winslow), John Archer (Reno Blake).


Trailer

Tras la Segunda Guerra Mundial, la visión del mundo de muchos directores de cine cambió considerablemente, volviéndose más amarga y ambigua, incluso tornándose hacia la fatalidad y la tragedia. Parece como si la experiencia de la guerra, tanto para aquellos que la vivieron desde el frente como para los que quedaron en la retaguardia les hubiese cambiado el chip, viéndose ello reflejado en su obra, incluida la westerniana.

Aunque se siguieron realizando westerns triunfalistas sobre el progreso de la nación, la llegada de la civilización y la creación de grandes ciudades e infraestructuras en el Oeste, como las mostradas anteriormente en magníficas muestras como Dodge, ciudad sin ley (Dodge City, 1939), de Michael Curtiz, o Unión Pacífico (Union Pacific, 1939), de Cecil B. DeMille, el nuevo western de posguerra (aunque podríamos tomar como punto de partida el The Ox-Bow Incident [tv/dvd: Incidente en Ox-Bow, 1943] del maestro Wellman) empezó a plantearse la moralidad y la ética de este progreso, incluso llegando a cuestionar el papel de las autoridades, el “de dónde venimos” y “adónde vamos” como sociedad, y que con la llegada de la década de los cincuenta desembocaría a lo que André Bazin llamaría “superwestern”, que podríamos resumir brevemente como un western consciente de sus pretensiones y mensaje -cf. Solo ante el peligro (High Noon, 1952) de Fred Zinnemann-.


En este contexto resulta más que curioso que Raoul Walsh, habitualmente catalogado como un director enérgico y vitalista, signo distintivo de varios pioneros del Hollywood clásico, realizara dos de los westerns más marcados por el halo de la tragedia de la década de los cuarenta, caso de Pursued [tv/dvd: Perseguido, 1947] o Juntos hasta la muerte (Colorado Territory, 1949), sin olvidar por ello la densidad del también excelente Camino de la horca (Along the Great Divide, 1951). En Juntos hasta la muerte Walsh traslada al universo fronterizo la misma historia que ya contó en El último refugio (High Sierra, 1941) acentuando todavía más el carácter mortuorio del relato. Así, la continua huida hacia delante del personaje de Joel McCrea se ve plagada de señales que predestinarán su fin: la tumba de su antigua novia, cuyo fantasma siempre llevará presente; calaveras de ganado y esqueletos humanos, buitres, pueblos y misiones abandonados hace ya tiempo olvidados, cánticos indios de aura fantasmal…


Por no hablar del negro retrato que da Walsh de la condición humana: prácticamente todos los personajes se caracterizan por su egoísmo y su propensión a la traición y la delación. Parece que en el Oeste de Juntos hasta la muerte uno ya no pueda fiarse de nadie. Incluso la siempre respetada figura del sheriff promueve un linchamiento sin previo juicio. Por otro lado, los únicos personajes con rasgos positivos no dejan de ser unos don nadie: el ranchero Winslow (Henry Hull), o los mismos protagonistas Wes McQueen (McCrea) y Colorado Carson (Virginia Mayo), que se llega a autodefinir sucintamente: “Nací bajo un carromato y no he llegado más alto”. Ni siquiera en su busca de redención y una segunda oportunidad McQueen podrá consumar el amor nacido por Colorado: cuando pretenden casarse descubren que el fraile encargado de la misión no tiene votos para ello.

Finalmente, cosas del destino (en Juntos hasta la muerte el cowboy de toda la vida ya ni siquiera es dueño de sí mismo) Wes y Colorado toparán con la Ciudad de la Luna, antiguo poblado indio inserto en un muro infranqueable (he aquí la capacidad de Walsh de extraer lo máximo del paisaje y llevarlo un paso más allá de lo meramente físico), donde esa muerte que iba siguiendo a los personajes por fin se reúne con ellos, en un clímax final que ha pasado ya a la antología del género, pero que no acaba aquí, pues Walsh incluye una rápida secuencia final que no puede ser más negra en su ironía: la muerte (el sacrificio “de una pareja feliz”, según el fraile) de Wes y Colorado devuelve la vida a la misión de Todos Santos, donde habían dejado escondido el dinero del atraco.


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