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El hombre del oeste
Escrito por Manuel Aguilar. Colaborador   
Lunes, 23 de Julio de 2012


Valoración espectadores: 10.00


Valoración de VaDeCine.es: 10

Título original: Man of the West
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 1958 Duración: 100 min.
Dirección: Anthony Mann
Guión: Reginald Rose
Fotografía: Ernest Haller
Música: Leigh Harline
Intérpretes: Gary Cooper (Link Jones), Julie London (Billie Ellis), Lee J. Cobb (Dock Tobin), Arthur O`Connell (Sam), Jack Lord (Coaley) 


Trailer

Hasta cierto punto, este título se presenta insólito en el ciclo de westerns psicológicos de Anthony Mann, donde el recorrido por los grandes espacios abiertos exterioriza las turbulencias vitales de sus protagonistas, generalmente encarnados por James Stewart. Pues bien, aquí el rostro afable de Stewart cede el testigo a la gravedad de un Gary Cooper en plena madurez interpretativa, y los grandes paisajes se reducen a un destartalado refugio donde un grupo de forajidos comandados por Lee J. Cobb someten a toda clase de humillaciones a Cooper y una impagable chica de saloom (Julie London), sin olvidar al magnífico Arthur O’Connell como víctima potencial en una atmósfera más propia de thriller cargada de tensión.

A lo largo de todo el ciclo, dicha tensión se materializaba en un pasado turbio del que los personajes trataban de huir, exorcizado por los peligros y el enfrentamiento contra sus enemigos; en esta ocasión, sin embargo, es ese pasado el que choca de frente contra el personaje. Link Jones (Cooper), se ve obligado a hacerse un examen de conciencia y convencer a su antiguo jefe de banda (Cobb) de su disposición para volver al sendero del bandidaje si quiere salvar a sus dos compañeros de infortunio. A partir de ahí, se desarrolla un juego de apariencias y engaños por parte de todos, dando cuerpo a un crescendo cada vez más asfixiante.


Epílogo y, a la vez, cumbre en la aportación del director al género, cristalizan aquí las constantes de sus obras anteriores, muy en concreto las tensiones y violencia soterradas que llevaban consigo personajes e historias anteriores, como si todo formase parte de una saga, un conjunto refinado en este oscuro estudio de personajes; nadie sale aquí bien ni mal parado, incluso los particularmente embrutecidos miembros de la banda –casi un preludio de los característicos forajidos del cine de Sergio Leone– esconden más de un rostro, y los supuestos héroes nunca hasta entonces habían demostrado una ambigüedad mayor en su actitud.

Destaca, entre todos ellos, un Lee J. Cobb en la cumbre de su carrera interpretativa: aleccionando a sus hombres con la elocuencia propia de un capo mafioso, su Dock Tobin se ve enriquecido por una serie de matices que lo convierten en uno de los villanos más antológicos de la historia del cine del Oeste, pleno de monólogos dignos de figurar en cualquier antología. A su lado, no desmerece el soberbio plantel de secundarios que integran su banda: Royal Dano, Robert J. Wilke o Jack Lord dan el contrapunto perfecto a la compleja severidad de Cobb, formando todos ellos, en unión del rostro pétreo de Cooper y la excitante sensualidad de London, un retrato turbador de la mitología westerniana contemplada hasta el momento.


Preámbulo del rumbo crepuscular y desmitificador que tomará el género en la próxima década, este amargo El Hombre del Oeste es, por méritos propios, una de las obras maestras de la historia, no ya sólo del western o de su director, sino del cine en general. Pocas veces la imagen había explorado con tanta veracidad y precisión la mente humana, pocas veces el scope había encuadrado de forma tan perfecta un duelo no tanto físico como interior, pocas veces, en fin, el cine ha reflejado de forma tan perfecta la imperfección del ser humano.


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