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El Tren de las 3:10
Escrito por Error Humano   
Sábado, 13 de Septiembre de 2008


Valoración espectadores: 7.29

El Tren de las 3:10 (James Mangold, 2007)

Valoración de VaDeCine.es: 6,7

ImageTítulo original: 3:10 To Yuma
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 2007 Duración: 122 min.
Dirección: James Mangold
Guión: Halsted Welles, Michael Brandt, Derek Haas (relato: Elmore Leonard)
Fotografía: Phedon Papamichael
Música: Marco Beltrami
Intérpretes: Russell Crowe (Ben Wade), Christian Bale (Dan Evans), Logan Lerman (William Evans), Ben Foster (Charlie Prince), Peter Fonda (Byron McElroy), Dallas Roberts (Grayson Butterfield)
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Trailer


¿Cuál es el verdadero encanto de un western? ¿Qué hace que los elegidos del género se conviertan en clásicos imperecederos? Si algún factor puede actuar como mínimo común múltiplo de todos los clásicos del oeste (y prácticamente del cine, en general) es, sin duda, su intención última: retratar de algún modo la condición humana. Ese intento es el fondo. La forma, el western, es la excusa.

Pretende el irregular James Mangold precisamente eso, formar un retrato humano, hacer ver que las motivaciones de cada cual componen su persona. Aquello de “yo soy yo y mis circunstancias” cobra valor en el relato. Interesante propuesta que, sin embargo, no llega a cuajar. En realidad, se sirve del remake del western clásico homónimo (Delmer Daves, 1957) para realizar su planteamiento, con lo que ya lleva medio camino andado, máxime teniendo en cuenta que la obra se basa en una novela del experto en lenguaje cotidiano Elmore Leonard, autor de literatura pulp (Jackie Brown entre otras) muy influyente en los famosos diálogos de Tarantino. Bien es cierto, no obstante, que en su encargo, Mangold se podría haber decantado por cualquier otra faceta más comercial del género. Acierta, pues, en el enfoque para firmar la mejor obra, hasta el momento, de su discreta carrera que, al menos, se encuentra en cierta progresión, incluyendo, entre otros, títulos como Copland (1997), Inocencia Interrumpida (1999) o En la Cuerda Floja (2005).

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Bale fotografíado tras acertar en el cuadrado plateado en una barraca de la feria de su pueblo.

Ben Wade, sanguinario y afamado asaltador de caravanas, es capturado en un pequeño pueblo; allí, el granjero Dan Evans, acuciado por sus problemas económicos, accede a refugiar al forajido en su rancho para luego poder trasladarlo hasta Contention, un poblado cercano, donde deberá subir al tren de las 3 y 10 con dirección a la prisión de Yuma. Tomando el argumento de la original, pero diferente perspectiva, Mangold y su equipo de guionistas cometieron dos errores: el primero es un desaprovechamiento imperdonable, pues resta importancia a la tensión vivida en la versión primigenia durante la lucha contra el lento paso del tiempo en la habitación de Contention, cuando el dueto protagonista aguarda la llegada del tren, dando esta nueva versión mayor énfasis al viaje en sí hasta dicha villa. El segundo es fatal, pues tras dedicar gran parte del metraje al acertado dibujo de personajes, en el que el forajido puede no ser tan cruel o el ranchero puede no ser tan incorruptible, finalmente se decanta por resolver el guión de la peor de las maneras, dejando al azar las decisiones finales de los protagonistas, que deberían servir para sacar aquellas conclusiones sobre la condición humana de las que tanto hablamos al principio.

Esta cojera argumental termina por dejar inválido el proyecto, que se resiente en cada paso final hacia el tren, a pesar de contar con logradísimas secuencias de acción (trepidante asalto a la caravana) y reacción (tensa cena en el rancho o la primera hoguera en la noche). Se nubla así cierto encanto visual, basado principalmente en un buen diseño de vestuario y una colorida fotografía que enmarca una apropiada y precisa puesta en escena.

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El hijo se pone gallito. Hoy duerme caliente.

Respecto al gran gancho comercial del film: el duelo interpretativo Crowe-Bale, se puede afirmar que no decepciona para nada. Como era de esperar, ambos se lucen componiendo unos roles que huyen del maniqueísmo en su lucha entre vitalidad y conciencia. Esta cinta, si fuera protagonizada por actores de medio pelo, pongamos Eduardo Noriega y Hayden Christensen, sería insostenible. Lástima que esta esforzada labor de dotar de alma al personaje termine en una azarosa redención que deja el agridulce sabor del castillo de naipes desarbolado en su último piso. El resto del reparto constituye una colección de secundarios digna de mención, al estilo de las antiguas joyas de Hollywood, donde Ben Foster aprovecha para destacar como despiadado secuaz del forajido de leyenda.

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Russell en carnavales disfrazado del cantante de El Barrio.

Entonces, ¿esta película revitaliza el western o simplemente lo revisita? Concluyamos, pues, que se trata de una mirada más espectacular y colorista de un relato que argumentalmente funcionaba mejor en la versión de 1957, achaque que suelen padecer los remakes. En definitiva, una curiosidad que irradia cierta luz por momentos en la atormentada (y atormentante) cartelera; pero, si quieren contemplar un auténtico clásico moderno del oeste, les emplazó a redescubrir a un “reconocido ladrón y asesino, un hombre de disposición notoriamente viciosa e intemperada”: William Munny.

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