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El enigma del cuervo
Escrito por Mr. Sandman   
Martes, 03 de Julio de 2012


Valoración espectadores: 3.00

POster

Valoración de VaDeCine.es: 3

altTítulo original: The Raven
Nacionalidad: U.S.A.
Año: año Duración:  110 min.
Dirección: John McTeigue
Guión: Ben Livingstone y Hannah Shakespeare
Fotografía: Danny Ruhlmann
Música: Lucas Vidal
Intérpretes: John Cusack (Poe); Luke Evans (Detective Fields); Alice Eve (Emily Hamilton)

Página Web y tráiler



Prólogo

No se dejen engañar por el título. El poema más famoso del escritor americano no tiene que ver nada con la trama, simplemente aparece como gancho al ser el más reconocible. ¡Ah!, y de vez en cuando sale una de esas aves a dar testimonio malrrollero y ambientar la historia, pero nada más. Es como si en una cinta sobre Shakespeare apareciera de vez en cuando por el fondo un señor con una calavera en la mano, ni más ni menos.

La chica

Capítulo 1: Un escritor morboso y el trazo grueso.

Apenas unos minutos tarda El enigma del cuervo en confirmar lo que cualquier espectador con dos dedos de frente barruntaba nada más conocer el proyecto, y es que realizar un ejercicio de metalenguaje envolviendo a un literato en los crímenes que escribe no es tarea nada fácil. Mucho más si no se intenta que la película sea un retrato del mismo en el cual los textos y la personalidad del autor se vean entremezclados de manera coherente y no sólo como medio de fijar el tono, en este caso tétrico y macabro, de la historia por momentos cercanos incluso a la saga Saw. Me vienen a la mente dos ejemplos que si bien no son maravillas sí encuentran un equilibrio entre punto de partida y objetivos mucho más acertado y honesto como son Descubriendo nunca jamás o Shakespeare in love. De hecho podrían haber rodado exactamente lo mismo cambiando unos pocos detalles con Conan Doyle o Agatha Christie, por decir algo. Como colofón al primer acto del metraje, y recalcando más el hecho de que esta es una película de asesino en serie como hemos visto mil esté Poe o no, todos los personajes son arquetípicos al cien por cien, a saber: La dama en peligro, el policía, el villano y el bueno. En este caso el rol del protagonista se esboza con una brocha de tamaño XXL: “Escritor de perfil tétrico y borracho porque perdió a su mujer se intenta redimir salvando a su nueva amada”.

Capítulo 2: De A a B en tres sencillos pasos.

Los pocos minutos de los que hablaba antes se ven culminados cuando el poco interés que podría despertar la historia se ve abocado a desaparecer. Sin solución de continuidad nos  encontramos inmersos en la más típica de las películas de serial killers con la mera excusa de que para ir de la primera pista a la segunda el señor Poe recordará en qué relato se inspira la pista y eso permitirá tirar del ovillo, ciertamente poco enmarañado, del supuesto enigma. Así nos pasamos una hora entre asesinatos y cuervos y pistas cuyo ingenio roza lo que podría llevar a cabo un chaval de primero de la E.S.O. Tan aburridas se vuelven las pesquisas que uno empieza a preguntarse si habrá gato encerrado en el conjunto de la película, si habrá truco de espejos Nolaniano o final magistral a lo Shyamalan. Además, y por si acaso ya se nos olvida, John Cusack le pega un lingotazo a la botella en cuanto puede, no vaya ser que se le vaya la capa de pintura a su personaje y nos creamos que estamos en Seven 2. Solo faltaría Morgan Freeman.

El cuervo

Capítulo 3: Fin.

Y de pronto, la película termina. Así, como suena. Cogen al malo, y fin. Tan soso y falto de emoción, intriga o espectacularidad es el desenlace que cuando los títulos de crédito empiezan a asomar por la pantalla uno todavía espera el golpe final de guión. Ese último movimiento de un asesino que parecía ya muerto. Ese flashback que nos lleva a un momento del pasado que pareció baladí pero que ahora cobra nuevo sentido y da un significado completamente distinto a toda la trama. Algo que nos despierte de la somnolencia, por favor. Nada. Un cierre circular con el primer plano de la película y poco más. Como si alguien hubiera despedido al guionista antes de terminar el libreto.

Epílogo.

Lo único para lo que sirve este fallido intento es para recordar los numerosos y magistrales relatos de Edgar Allan Poe, y para desear haberte quedado en casa leyendo alguno de ellos en vez de perder dos horas (y 7 euros) en el cine. ¿Cuervo? Unos cuantos. ¿Enigma? Ninguno.



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