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Red State
Escrito por Agente Cooper   
Sábado, 30 de Junio de 2012


Valoración espectadores: 5.00

Red State (Kevin Smith, 2011)

Valoración de VaDeCine.es: 5

Red State (Kevin Smith, 2011)Título original: Red State
Nacionalidad: USA
Año: 2011 Duración: 82 min.
Dirección: Kevin Smith
Guión: Kevin Smith
Fotografía: Dave Klein
Música: Varios
Intérpretes: Michael Parks (Abin Cooper), Michael Angarano (Travis), Kerry Bishe (Cheyenne), Nicholas Braun (Billy-Ray), Kyle Gallner (Jarod), John Goodman (Joseph Keenan), Melissa Leo (Sara), Kevin Pollak (Brooks), Stephen Root (Sheriff)

Trailer

Kevin Smith quiere ser tomado en serio en Red State. Esa quizás, más que ninguna otra, sea la intención del director de Clerks y Persiguiedo a Amy a estas alturas de su cinematografía. Lo intentó con Jersey Girl y fue un fiasco. Aquella tragicomedia romántica sobre la paternidad apestaba a impostura en todos sus fotogramas. Amarró por tanto en su siguiente paso y volvió a la comedia gamberra con Clerks 2, un éxito comercial evidente y una película perfectamente olvidable, a años luz de su refrescante predecesora. Desde entonces más de lo mismo en Hacemos una Porno y Vaya Par de Polis, ésta sin distribución en nuestro país, lo que da una medida de la pérdida de vigencia de un nombre casi de moda en otro tiempo. Demasiadas comedias; más o menos lúcidas, pero todas confeccionadas con los mismos mimbres. La necesidad de evolución era lo suficientemente obvia como para acometer un nuevo volantazo aún más radical que el anterior en esta violenta película. El entusiasta esfuerzo cinematográfico de Kevin Smith no consigue sin embargo eliminar la sensación de estar ante un pez fuera del agua armado con un buen arsenal de clichés. Hábil con la cámara pero, de nuevo, impostor.

Acotemos el triángulo sobre el que Red State pivotará. La primera enmienda de la Constitución estadounidense establece la libertad de culto, la imposibilidad de legislar sobre el derecho del ciudadano a creer lo que le venga en gana, sean cuales sean las consecuencias de su fe. La segunda enmienda –incomprendida en medio mundo y sin embargo asumida con orgullo por la sociedad americana- afirma el derecho a la posesión de armas. Por último, en medio del trauma del 11-S, el 26 de Octubre del 2001 George W. Bush sacó adelante el Acta Patriota, la ley que permitía violaciones de derechos fundamentales del ciudadano en base a una eficiente lucha contra el terrorismo. La mezcla de estos tres dictámenes es entendida por Smith como una bomba de relojería, una amenaza que alumbra el argumento casi distópico de la cinta, centrado en una secta fundamentalista cristiana dispuesta a limpiar
de escoria sodomita el mundo de los vivos .

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Como en Dogma, el lienzo es la religión cristiana, el paradigma de su dogmatismo frente a la fe en un texto que, dependiendo de la ponderancia que se dé a cada pasaje, puede alumbrar comportamientos admirables o execrables a partes iguales. Pero Smith debió entender que en el cine de género el tasfondo es eso, trasfondo; nunca algo tan protagónico como para apartar el foco de lo que realmente importa –aquí, en el thriller de terror de serie B: la atmósfera, el ritmo, la tensión-. ¿Imaginan ustedes una catarata de discursos efectistas del KKK en La Noche de los Muertos Vivientes? Yo tampoco; y, de alguna forma, esto ocurre en demasiadas ocasiones durante el metraje. Tiene uno la sensación de que el también rollizo Michael Moore posea al director en el grotesco y recurrente retrato de la secta -centrándose fundamentalmente en un histriónico Michael Parks- o de la indiscriminada actuación del gobierno. Son las dos partes de un argumento inverosímil y mal engrasado que, confeccionado en tres actos, únicamente resulta estimulante en el primero de ellos.

La irrupción del gobierno, dispuesto a arrasar todo rastro de vida para acabar con su pequeño problema toda vez que no hay una cámara que lo registre, hace claudicar al sentido común. Smith sólo tiene lugares comunes, no hubiera estado mal que algo de aquel juguetón director hubiera permanecido entre tanto estereotipo. El enfrentamiento entre los bandos es irrisorio, las subtramas que propicia son del todo inverosímiles y la resolución entra, nunca mejor dicho, dentro de lo paranormal.

Tras ella, un corte abrupto. Nada hace pensar que la historia sea un relato porque el personaje de John Goodman casi nunca es el punto de vista del espectador y sin embargo Kevin Smith decide concluir su película en anticlimax. Un interrogatorio de la CIA y una parrafada redundante sobre eso de que el hombre es un lobo para el hombre. Es el último brochazo de una cinta de trazo extragrueso, algo que oculta, en mi opinión, el apreciable tono estético del que hace gala su evolucionado, por fin, director.

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