Interesante y bonito documental sobre uno de los patrimonios más importantes de la humanidad. Resulta bastante curioso observar el mundo tal y como lo veían hace treinta mil años a través de unas pinturas rupestres que a pesar del tiempo transcurrido todavía se conservan.
La cueva en sí es un agujero en el espacio temporal en el que el tiempo no parece correr, y que si no fuera por las filtraciones de agua no notaríamos el paso de los años. Con el misterio que envuelve el arte rupestre, un arte que es capaz de conservarse millones de años (todavía no se ha demostrado ninguna obra artística que duré tanto tiempo) y que se realizó con materiales básicos.
Un viaje a la prehistoria, que cautivara por la belleza de las imágenes, que interesara a paleontólogos, historiadores y arqueólogos, pero que no deja de ser un documental en tres dimensiones, en el que el director intenta hacernos reflexionar en unas preguntas que nos llevamos tiempo haciendo: ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos?
Una opotunidad de ver esta maravilla del paleolítico, que nos hubiera sido imposible ver si no es gracias a Werner Herzog y su equipo