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Entre Copas
Escrito por Agente Cooper   
Miércoles, 20 de Junio de 2012


Valoración espectadores: 6.67

Entre Copas (Alexander Payne, 2004)

Valoración de VaDeCine.es: 8

Entre Copas (Alexander Payne, 2004)Título original: Sideways
Nacionalidad: USA
Año: 2004 Duración: 123 min.
Dirección: Alexander Payne
Guión: Alexander Payne, Jim Taylor (Novela: Rex Pickett)
Fotografía: Rolfe Kent
Música: Phedon Papamichael
Intérpretes: Paul Giamatti (Miles), Thomas Haden Church (Jack), Virginia Madsen (Maya), Sandra Oh (Stephanie)



El protagonista de Entre Copas lo explica: durante el proceso olfativo de la cata, tras apreciar los aromas primarios de un caldo, propios de la uva, el terruño donde esta crece y el clima principalmente, se debe agitar la copa para que afloren con mayor nitidez el resto de aromas. Son aquellos relativos a la evolución del mosto hasta convertirse en ese vino que espera ser degustado, fruto de su fermentación (los secundarios) y su envejecimiento en barrica o botella (los terciarios). Solo los más experimentados aficionados son capaces de codificar esta última gama de aromas, denominada ‘bouquet’, que marca casi siempre la diferencia entre un gran vino y otro extraordinario. El cine de Alexander Payne en general (Election, Los Descendientes), y este largometraje en particular, encierran una complejidad similar. Su riqueza también se puede considerar estratificada y uno debe penetrar en el interior de la obra para apreciar la profunda tristeza que late bajo la tonalidad despreocupada y naturalista que este director, imprescindible en el cine americano de la última década, imprime a sus trabajos, siempre desde una diáfana sencillez formal. Cada nuevo visionado mejora, al menos en mi caso, la opinión sobre cualquiera de sus películas.

Es obvio, pero conviene aclararlo antes de proseguir: Entre Copas no exige del espectador un conocimiento de los secretos del vino para entender su sencilla historia. Tampoco lo hacía, por ejemplo, Stephen Frears con la música en Alta Fidelidad, pero sí es cierto que los versados en la materia encontrarán vetas inaccesibles, comprenderán a otro nivel muchos matices semánticos -explicitados o no por los personajes en algunas de sus conversaciones- de esta obra plagada de reflexiones veladas sobre el, a veces indeseable, día a día.

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Presentemos ahora los personajes, porque lo son todo en este largometraje que comienza con una llamada a la puerta. Otra vez el coche mal aparcado, otra vez la resaca como fiel acompañante durante la mañana para Miles, deprimido, incapaz de superar la ruptura con su ex mujer hace ya dos años y cabreado con la existencia por una frustrada carrera literaria. Parece imposible imaginar un actor mejor que el soberbio Paul Giamatti para encarnarlo. En uno de los pocos momentos del día en que no sostiene una copa, se dispone a recoger a su amigo Jack (también excelente Thomas Haden Church), un actor de televisión en franca retirada, vivaracho y mujeriego empedernido. Éste se casa al final de la semana y ambos han planeado hasta entonces un tour por la ruta vinícola californiana del Valle de Santa Inés. El primero busca tranquilidad, buena comida y mejores vinos. A Jack todo eso le da igual, él quiere gozar de sus últimas horas de libertad.

Alexander Payne lo deja claro al instante. Miles cargará con el drama de su falta de empatía por el mundo y Jack protagonizará los momentos más cómicos de la velada. El contrapunto hace de perfecto engranaje y la pareja funciona a las mil maravillas. Solos o acompañados por las dos mujeres que completan el elenco: Maya (Virginia Madsen), la camarera del restaurante favorito de Miles en la ruta que recorren; y Stephanie (Sandra Oh), una atractiva dependienta en una bodega que se convertirá en el objetivo de la líbido de Jack.

Definido el cuarteto y presentados los intereses, comienza el 'striptease emocional', servido por un estupendo guion basado en la novela homónima de Rex Pickett que ganó merecidamente el Oscar de aquel año. Cada secuencia, un lúcido diálogo; siempre formulado por gente imperfecta. Por eso sus palabras sobre la amistad, el transcurrir de la vida o el amor son perfectamente creíbles. Calan porque sus preocupaciones se parecen a las nuestras. Sus errores se parecen a los nuestros. Sus frustraciones se parecen a las nuestras. Payne es un maestro de la cotidianidad y, aunque concurre en algún exabrupto, Entre Copas crea en el espectador una elevada sensación de pertenencia. Así, poco a poco, confesión a confesión, sobre el argumento de Payne y la excelsa interpretación de Giamatti, se construye esta preciosa anatomía del perdedor, torpe hasta para alcanzar lo que desea cuando lo tiene al alcance de la mano e incapaz después de conservarlo. Pero siempre, incluso en los momentos más amargos, amigo fiel.

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Miles toca fondo en ese restaurante de comida rápida maridando un Cheval Blanc del 61 servido en vaso de poliestireno con unos aros de cebolla fritos y una grasienta hamburguesa. A esas alturas, incluso los neófitos en el mundo del vino sabemos lo que eso significa para él. Es el último episodio de una semana en la que se nos ha hablado con honestidad de la dificultad de ser feliz desde dos perspectivas diametralmente opuestas e igualmente válidas. Solo en el epílogo -por más que el final sea abierto- Payne abre un poco la persiana y deja que, tras muchos fracasos, un rayo de luz penetre en la vida de su criatura más querida. Hasta en esto parece existir una referencia enológica. Recuerden la conversación sobre el punto álgido del vino. Pareciera que nuestro protagonista siguiera un proceso exactamente antagónico. Y es reconfortante que a un tipo así la vida también pueda sonreírle.

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