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Elegidos para la gloria
Escrito por Barry Lyndon   
Martes, 29 de Mayo de 2012


Valoración espectadores: 8.00


Valoración de VaDeCine.es: 8

Título original: The Rigth Stuff
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 1983 Duración: 193 min.
Dirección: Philip Kaufman
Guión: Philip Kaufman (Novela: Tom Wolfe)
Fotografía: Caleb Deschanel
Música: Bill Conti
Intérpretes: Sam Shepard (Chuck Yeager), Scott Glenn (Alan Shepard), Ed Harris (John Glenn), Dennis Quaid (G. Cooper), Fred Ward (Gus Grissom), Barbara Hershey (Glennis Yeager)


Trailer

Dado que el Sistema Solar tiene fecha de caducidad, la supervivencia de nuestra especie pasa por escapar de él llegado el momento. Esta aspiración parece inviable, pero avances más sorprendentes ha experimentado el ser humano desde sus orígenes. Nuestra inteligencia, la curiosidad y una competitividad feroz nos han arrastrado a conquistas impensables. No dudo de la ambición del hombre. Podemos conseguirlo porque somos extraordinarios. Puro instinto de perpetuación. Ahora no trabajamos en ello de manera directa, sin embargo estoy convencido de que si sobrevivimos a nosotros mismos -eso es lo más difícil-, lo haremos también al ocaso de la Tierra y, más adelante, al del mismísimo Sol.

La denominada “carrera espacial” nace de la manera más natural: como lucha de egos y demostración de supremacía entre las dos grandes potencias florecidas tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética, quienes mantuvieron un duro pulso tecnológico durante el marco político de la llamada Guerra Fría. La ley del más fuerte a escena. Esto hizo posible que los logros de uno espolearan al otro, acelerándose la técnica en los años 60. Del Sputnik a las misiones Apolo, los primeros viajes espaciales despertaron la expectación de un mundo que miraba al cielo con la boca abierta. En el germen de esta excitante aventura se sitúa la emocionante acción de Elegidos para la gloria, fijando el objetivo en el bando estadounidense, aunque sin caer en la "americanada" recalcitrante.


Y desmarcándose del imaginable panfleto yankee, el interesante guión adaptado por Kaufman juega con el humor y lanza una mirada insolente a USA. En su insólita apuesta, la película se deja cierto tono de gravedad por el camino, bordeando la caricatura en algunos momentos. En defensa de la estrategia, hemos de reconocer la buena puntería de una de sus sugestivas peculiaridades: satirizar sobre los personajes políticos, los cuales son criticados como individuos interesados en el poder a toda costa sin reparar en los riesgos y necesidades de los elegidos como héroes de la función, los primeros astronautas del país. El contraste entre ambos colectivos llega fundamentalmente con el célebre piloto John Glenn (Ed Harris), apodado Don Perfecto por su inicial alineación con la más irritante corriente propagandística, pero no dispuesto a cualquier cosa en pos de ésta como comprobamos más adelante. La secuencia clave de este hecho aterriza con la negativa a permitir que invadan la intimidad de su familia. En ese bien llevado instante, justo antes de emprender su intento de orbitar sobre el planeta, es cuando muta de impostado cabecilla a líder carismático a ojos de un público ya plenamente enganchado a la odisea espacial de estos valientes pioneros. Estamos con ellos. Los intereses políticos quedan a un lado.


Otro de los éxitos de Kaufman es respetar a la URSS. La observamos desde la distancia como un país ultrapreparado, incluso marcando el paso en la escalada científica. La película acaba narrando lo que la historia dicta, esto es, que Estados Unidos termina por tomar la delantera. Tampoco podemos hablar por tanto de empalagosa parcialidad. Pero la culminación de la victoria de Elegidos para la gloria se centra en el tratamiento que se concede a los héroes del Proyecto Mercurio, los siete pilotos seleccionados tras la icónica fase de pruebas físicas e intelectuales, y al grupo homenajeado en paralelo por esta espectacular y absorbente producción, el formado por los aviadores de pruebas (vivero para la NASA), exaltando su valía en la persona de Chuck Yeager, el mejor y más temerario piloto de su generación, quien cuenta entre sus hazañas ser el primer hombre que traspasó la barrera del sonido. La cohesión y lucha de los primeros, trabajando como un equipo compacto ante las insinuación de que su cometido se limitaba a ser conejillos de indias, se ve apuntalada por el magnético personaje elevado de los segundos, Yeager, al poner fin a cualquier burla cuando recuerda a todos que un mono no es consciente de jugarse la vida, mientras que estos hombres son especiales por presentarse voluntarios a sabiendas de ello. Momentazo y a seguir.


Dotada con una impecable factura técnica y grandes interpretaciones, esta sensacional aventura recoge en su medida narración emocionantes secuencias de vuelo engarzadas entre escenas dramáticas y cómicas inolvidables. El inteligentísimo montaje hace posible que su extenso metraje no se atragante, afrontando el enorme relato con calculadas elipsis y una exuberante riqueza de situaciones que despiertan nuestra curiosidad por el siguiente paso. Es cierto que varios de los astronautas pasean como simple comparsa, ya que la cinta prefiere centrarse en su visión de conjunto y en sólo desarrollar individualmente, y tampoco mucho, a algunos de ellos. No obstante, teniendo en cuenta la enorme dificultad del reto que supone entregarnos una idea global de un tema tan amplio y complejo desde los puntos de vista social, político y técnico, podemos concluir que en definitiva Kaufman consigue firmar un más que notable retrato de una coyuntura histórica que merece ser recordada. Siempre tendremos la duda de hasta qué punto nos hemos acercado a los acontecimientos en líneas generales; de si nos ha ilustrado además de ofrecernos un grato espectáculo. Sólo sus protagonistas tienen la respuesta. Vamos a pensar bien. Al fin y al cabo, esto no es ciencia ficción.


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