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Starship Troopers (Las brigadas del espacio)
Escrito por Barry Lyndon   
Miércoles, 14 de Marzo de 2012


Valoración espectadores: 6.38


Valoración de VaDeCine.es: 8

Título original: Starship Troopers
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 1997 Duración: 129 min.
Dirección: Paul Verhoeven
Guión: Edward Neumeier (Novela: Robert Heinlein)
Fotografía: Jost Vacano
Música: Basil Poledouris
Intérpretes: Casper Van Dien (Rico), Denise Richards (Ibañez), Dyna Meyer (Flores), Michael Ironside (Rasczak), Jale Busey (Ace), Neil Patrick Harris (Jenkins)


Trailer

Inspiradísima sátira basada libremente en la novela de Robert A. Heinlein (1959), Starship Troopers sobrevive en un difícil equilibrio paródico, funcionando como gran broma que esquiva el chiste barato y la comedia jalonada de estupideces fuera de órbita. Y su gran logro es hacerlo, además, mientras reproduce al extremo los mismísimos códigos que enamoran a los apasionados de la acción descacharrante, el bélico delirante o toda esa ciencia ficción pasada de rosca que lleva décadas sirviendo de abono para el frikismo total, la serie B y la televisión chusca. Así, aquí disfrutan a lo grande tanto quien entra en el juego de su inteligente crítica sociopolítica, como incluso aquel aficionado que no se percate mucho de que el genial Paul Verhoeven ha orquestado una monumental coña valiéndose de sus géneros favoritos, ya que dentro de estos, tomando su desarrollo con literalidad, la película se defiende -y divierte- gracias a la espectacularidad, épica y trepidante ritmo con que discurre. 


Dando continuidad a su filmografía futurista, encumbrada con las célebres Robocop (1987) y Desafío Total (1990), el cineasta holandés emparenta esta obra con aquéllas al construir una atmósfera reconocible donde la ultraviolencia sin complejos y el esperpento tecnológico se entremezclan con una sociedad alelada que hace discutible uso de su avance en pos de conquistas más allá de los límites de una humanidad que se deshumaniza paulatinamente. En referencia a ello, en la cinta que nos ocupa los conceptos de individuo y ciudadano se trasroscan hasta límites demenciales, instalando su argumento dentro de sistemas totalitarios que ensalzan el fascismo y la manipulación de masas hasta la completa aceptación de este mecanismo social por parte de los jóvenes. Todos ellos, muy guapos, segregados en su preparación, fuertes e implicados en la causa -rayando el estereotipo de madelman-, quedan presentados por un mediocre reparto (sospecho que premetidamente) encabezado por el limitadísimo Casper Van Dien, quien personifica, sin casi proponérselo, al auténtico muñeco de acción al servicio de la barbarie militar, prestando mentón prominente y poco más a su personaje de escasos matices.


Especialmente llamativo e interesante es el modo de manejar la terminología en el film, decididamente orientado a concienciarnos de las atroces consecuencias que surgen tras elegantes denominaciones políticas como “guerra preventiva” o “daño colateral”, circunstancia plasmada aquí, por poner un ejemplo, en el llamado “castigo administrativo”, que en realidad significa 10 latigazos en el lomo. Asimismo, sorprende la decisión de alejar el foco de Estados Unidos, quizás en una advertencia ante la creciente globalización e imperialismo yankee, al mostrar exportado a todo el planeta su modelo militar llevado a los topes como evolución lógica de la campaña iniciada en el siglo XX. No faltan en ello venenosos guiños a su historia bélica; una crónica que, por cierto, y según ¿disparatadas? teorías de la conspiración, está plagada de excusas disfrazadas de provocación para marchar a la conquista de tierras lejanas...¿puede que como el meteorito de la película lanzado sobre Buenos Aires, quién sabe si proveniente de las propias filas?

Pero, aparte de la fortísima carga crítica de esta corrosiva propuesta, otra de las conquistas de Starship Troopers es su tremendo sentido del espectáculo de evasión, regalando un festín de efectos visuales que otorgan credibilidad a una entretenidísima obra que es cutre en los pasajes en los que decide serlo- y además cómo le da la gana-, pero muy explosiva cuando se toma en serio eso de dejar con la boca abierta al espectador. Esta vertiente pirotécnica, potenciada por la magnífica partitura de Basil Poledouris (una más) y la personalísima fotografía de Vacano, concede el empaque necesario a un título que va acrecentando con el tiempo su condición de pieza de culto.


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