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Los Falsificadores
Escrito por Agente Cooper   
Martes, 20 de Mayo de 2008


Valoración espectadores: 6.67

Los Falsificadores (Stefan Ruzowitzky, 2007)

Valoración de VaDeCine.es: 6.5

cartel Los FalsificadoresTítulo original: Die Falschen
Nacionalidad: Austria
Año: 2007 Duración: 1h 38min
Dirección: Stefan Ruzowitzky
Guión: Stefan Ruzowtzky (novela: Adolf Burger)
Fotografía: Benedict Neueunfels
Música: Marius Ruhland
Intérpretes: Karl Markovics (Salomon Sorowitsch); August Diehl (Adolf Burger); Devid Striesow (Coronel Friedrich Herzog)

Trailer


Aunque pueda parecer lo contrario en una película que se desarrolla en un campo de concentración nazi, lo mejor de la estimable cinta ganadora del oscar a la mejor película de habla no inglesa de este 2008 no es la capacidad para hacer entender al espectador la atrocidad que la Alemania nazi cometió durante la segunda guerra mundial. De hecho, las constantes visitas a lugares comunes de trabajos con similar temática están muy alejadas en capacidad dramática a otras obras mucho más ambiciosas como El Pianista o La Lista de Shindler, haciendo cojear un argumento bastante original que trata de ofrecer una visión diferente de un tema tan delicado. Sin embargo, su visión pragmática de la particular realidad de los protagonistas de la película da pie a un debate bastante rico a cerca de la moral del ser humano. De la dicotomía entre la búsqueda del bien individual y el sacrificio por la colectividad. De cómo en una situación extrema, el instinto de supervivencia es capaz de colocarse por encima de cualquier valor y así darnos cuenta de que el ser humano quizá no tenga tanta capacidad heroica como muchas veces nos hacen ver. La pena es que esta reflexión se quede a mitad de camino y. lo que es peor, que se encargue de señalar la opción correcta al propio espectador.

Salomon Sorowitsch (Kart Markovics) es un solitario judío de ascendencia rusa en el Berlín de 1936. Su status social es bastante aliviado gracias a su especial habilidad como falsificador. Tras desoír los indicios que indican el crecimiento de la Alemania nazi y la futura represión a la que será sometido el pueblo judío, es capturado y llevado a un campo de concentración. Su facilidad de “adaptación al medio” le permitirá escapar del trato inhumano generalizado y acabar trabajando para el régimen nazi en la falsificación de moneda extranjera. Hasta este punto el indiscutible interés de la película se verá lastrado por la aparición del personaje de Adolf Burger (August Diehl), de incorruptible moral, que ejercerá de Pepito Grillo de Salomon en todo momento. El Adolf Burger real es el autor de la novela autobiográfica en la que se basa la película, por lo tanto uno no puede dejar de pensar que, o el autor se ha dorado un poco la píldora a si mismo, o ha sido el director quien lo ha hecho. En cualquier caso, el personaje resulta en cierto modo repulsivo y muy poco creíble en su obstinado esfuerzo por hacer lo que está bien, que es intentar sabotear la producción de moneda falsa alemana a cualquier precio, incluso si ese precio es la vida humana.


Los falsificadores 1


Poco que destacar en cuanto a la realización, más fría que sobria, tiene cierta tendencia, sin embargo,  a la sobredramatización. Como ejemplo, resulta casi infantil el momento en que se comprueba la calidad de la falsificación de libras esterlinas. Los alemanes son todos horribles, nada nuevo, ningún matiz destacable. El desarrollo de algunos de los personajes secundarios es pobre, casi ninguno va más allá de una mera presentación. El único que lo hace, el director del programa nazi, es paradigmático, demasiado plano y predecible. Sin embargo, si que todos estos secundarios son usados a discreción para dotar a la película de esa supuesta intensidad a base de suicidios y ejecuciones. Hacia el final, la película levanta el vuelo con imágenes realmente poderosas cuando, tras la llegada del ejercito aliado, esta “casta superior” en el campo de concentración comprueba el verdadero rostro del Holocausto al salir de su torre de marfil. Este descubrimiento también sorprende al espectador que en todo momento ha permanecido ajeno a la realidad, omitida inteligentemente por el realizador.

Es una pena porque el director Stefan Ruzowitzky, como el personaje principal de la película, también luce capacidad de adaptación al medio y, sabiendo que la mayoría del público pedirá cosas de fácil digestión, decide avanzar por esta vía y evita explotar de una manera más matizada el dilema interno del personaje principal, cuya contenida interpretación merecía más madera y menos papilla. ¿Saben lo peor?, seguramente eso mismo le haya hecho ganar el Oscar y hacer más dinero.

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