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La Chispa de la Vida
Escrito por Agente Cooper   
Jueves, 26 de Enero de 2012


Valoración espectadores: 5.33

La Chispa de la Vida (Álex de la Iglesia, 2011)

Valoración de VaDeCine.es: 4

La Chispa de la Vida (Álex de la Iglesia, 2011)Título original: La Chispa de la Vida
Nacionalidad: España
Año: 2011 Duración: 98 min.
Dirección: Álex de la Iglesia
Guión: Randy Feldman
Fotografía: Kiko de la Rica
Música: Joan Valent
Intérpretes: José Mota (Roberto); Salma Hayek (Luisa); Blanca Portillo (Mercedes); Juan Luis Galiardo (Alcalde);  Fernando Tejero (Johnnie); Carolina Bang (Pilar); Antonio Garrido (Doctor); Juanjo Puigcorbé (Director del programa)
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Trailer

Vuelve Álex de la Iglesia a las carteleras con La Chispa de la Vida y también vuelven, aquí incluso acentuados, los problemas de inconsistencia mostrados por el director en sus últimos trabajos. En permanente búsqueda de la redondez de El Día de la Bestia o La Comunidad, obras maestras de un estilo que ennegrecía el costumbrismo mágico de Almodóvar y lo integraba junto al Tarantino más cinéfilo, el director español anda algo extraviado. Hace tiempo que el espectador no encuentra una cinta donde las cosas que deslumbran –que aquí, aunque pocas, también las hay- ganen por goleada a las que chirrían. Más bien al contrario, La Chispa de la Vida muestra al Álex de la Iglesia más domesticado que se recuerda.

El argumento gira en torno a un publicista (José Mota) en horas bajas que, MacGuffin mediante, acabará con una barra de acero clavada en el cerebro en macabro equilibrismo. Consciente de todo lo que ocurre a su alrededor, sin poder moverse del lugar en que ha quedado postrado –unas ruinas romanas encontradas bajo el hotel en que pasó su luna de miel-, el protagonista acepta el baile que una sociedad vil le propone para, al menos, dejar a su familia en una situación acomodada
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El mensaje ofrecido por el director se percibe tan sutil como un puñetazo en la cara. De la Iglesia vuelve a las dos Españas, aquí representadas por el individuo de a pie frente a los poderes fácticos. Habla en la cinta de dinero fácil en tiempos difíciles, de políticos que confían en su asesor de imagen más que en cualquier otra persona, o de vender tu alma a la telebasura. La escenificación es, no obstante, demasiado prosaica. Tanto al mostrar las miserias como al hacer lo propio con la decencia, el director equivoca el tono, casi siempre grosero y facilón en manos de un reparto con infinitos problemas de casting (Fernando Tejero y Blanca Portillo no pueden estar peor).

En medio de todo está José Mota, de quien es complicado sacarse la bis televisiva de la cabeza. El riesgo venía con el regalo: Mota ofrece un plus comercial a la película pero, ajeno al formato panorámico, ofrece una interpretación de viernes noche. El cómico no cambia ni uno solo de sus tics. En mi opinión, sólo Salma Hayek está a la altura de su papel. Alejada ya de la primera línea de Hollywood y de sus excesos, la actriz mexicana aporta toda la naturalidad de la que adolece su director, que firma uno de sus mayores descalabros artísticos.

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