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Karate Kid
Escrito por Agente Cooper   
Sábado, 24 de Diciembre de 2011


Valoración espectadores: 6.00

Karate Kid (John G. Abildsen, 1984)

Valoración de VaDeCine.es: 4

Karate Kid (John G. Abildsen, 1984)Título original: The Karate Kid
Nacionalidad: U.S.A.
Año: 1984 Duración: 126 min
Dirección: John G. Abildsen
Guión: Robert Mark Kamen
Fotografía: James Crabe
Música: Bill Conti
Intérpretes: Ralph Macchio (Daniel Larusso), Pat Morita (Seór Miyagi), Elisabeth Shue (Ali), William Zabka (Johnny Lawrence), Randee Heller (Lucille Larusso), Martin Kove (John Kreese), Ron Thomas (Bobby Brown)


Alfa y Omega en la carrera de Ralph Macchio –con la excepción de Mi Primo Vinny y The Outsiders-, la franquicia Karate Kid dio para tres largometrajes en los 80; más un cuarto, ya sin el joven actor, en 1994. Su progreso comercial es paradigmático, el ejemplo perfecto para una conferencia sobre taquillaje. Éxito al comienzo, superado por la segunda parte que recoge los réditos del VHS y, vista la decadencia dramática, desplome hasta el rotundo fracaso que entierra la marca (hasta el exitoso remake del año pasado). Con mínimos retoques, todas las películas siguen la pauta marcada por esta aceptable revisión del cine de artes marciales bajo el prisma juvenil.

Daniel (Ralph Macchio) acaba de llegar de Newark a la soleada California al compás del trajín laboral de su madre. Nuevo entorno, nuevos amigos y nuevos problemas. Pronto conoce a Ali (Elisabeth Shue) y en su cortejo empleará la mayor parte del tiempo, hecho que provocará la colisión con su ex, el broncas del insti, un karateka que no dudará en atizarle desde el primer encuentro. Nuestro protagonista, en principio temeroso, estará dispuesto a hacerle frente cuando, inesperadamente, encuentre un maestro
(Pat Morita) en su propio vecindario.

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La química entre alumno y profesor, más allá del propio deporte, es el mayor logro del film. Ralph Macchio y Pat Morita desarrollan una relación que, si bien recuerda en todo a El Imperio Contraataca, incluso en los problemas de habla del maestro, funciona como extravagante conjunción de soledades. Por el contrario, el resto de líneas argumentales naufragan. Aunque Elisabeth Shue no desentona, el encuentro amoroso con Daniel, desencadenante de la trivial trama, evoluciona como el peor de los capítulos de Salvados por la Campana. Tampoco desemboca en ningún lugar concreto la exposición clasista de la relación. La solvente actuación de Macchio –poco se recuerda la actitud 'casanovesca' de su personaje, bastante lograda- no consigue superar los obstáculos de un argumento demasiado ñoño.

Tampoco es que el entrenamiento sea un dechado de virtudes. Abundando en la mística del karate, nuestro protagonista no participará en una sola pelea hasta el mismísimo campeonato regional donde se dirimirá la apuesta entre senseis. Entre pulimineto y pintura, Miyagi recalca demasiado la filosofía y poco, muy poco, la técnica necesaria para practicar este arte marcial, por más que la propia película se cure en salud con las dudas de Daniel durante su aprendizaje. Sólo la inolvidable técnica de la grulla asoma durante los entrenamientos para acabar poniendo la guinda a este excesivamente sobrevalorado largometraje.

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