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Gremlins
Escrito por Error Humano   
Domingo, 18 de Diciembre de 2011


Valoración espectadores: 7.50

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Valoración de VaDeCine.es: 7,5

Gremlins (Joe Dante, 1984)Título original: Gremlins
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 1984 Duración:  106 min.
Dirección: Joe Dante
Guión: Chris Columbus
Fotografía: John Hora
Música: Jerry Goldsmith
Intérpretes: Zach Galligan (Billy Peltzer), Phoebe Cates (Kate), Hoyt Axton (Randall Peltzer), Frances Lee McCain (Lynn Peltzer)


Trailer


Tres sencillas normas desoídas. Tres descuidos para brincar de mogwai a gremlin(s), de blanca navidad a nevada pesadilla. La desatención y el leve desliz bastarán aquí para que el cuento infantil sea pervertido; mutado en un icono de la subversión más descarada y gamberra. Premisas de las que Joe Dante haría especialidad, primero con estos míticos Gremlins, más adelante con la segunda entrega de la saga o sus Pequeños Guerreros, siempre con la misma sorna del regalo que torna en amenaza, siempre con sus numerosos y acertadísimos guiños cinéfilos. Y es que mucho debe la productora, aquella atinada y oportuna marca spielbergiana, a la siniestra visión de Dante (anteriormente expuesta en las destacables Piraña y Aullidos) y su orfebrería del terror.

Así, en una década en que dar al público lo que éste reclamaba constituía axioma, cuando el entretenimiento y la imaginación pesaban más que la opinión de cualquier psicólogo infantil, los gremlins dieron en el clavo mezclando la sonrisa con la mueca de terror, arrancando esa risa nerviosa que uno dibuja para ahuyentar el miedo. Un elemento que contextualiza perfectamente la obra, porque si Gremlins es un genuino producto de los ochenta no es sólo por el plástico en sus fx o su marcado carácter postpunk, lo es también por ese libérrimo e impúdico sentido del salvaje espectáculo, por mimar aquella máxima del “that’s entertainment” por encima de la calificación por edades.

Un mogwai, antepasado evolutivo de los Furby.

Prosiguiendo en su contextualización, resuelta ya la variable tiempo, uno también advierte el espacio, su localización, como elemento clave del film. Es la Norteamérica de Reagan, capaz de exportar su estilo de vida o de encandilar al público de todo el mundo mientras lanza un mensaje proteccionista: no compren productos extranjeros, debería uno leer entre líneas. Pues de fuera provendrá la amenaza ‘gremlin’, de fuera las averías en maquinaria denunciadas por uno de los secundarios, hecho que dará nombre a las criaturas.

Sin embargo, más allá del contexto y sus matices, el film (con guion del especialista en cine juvenil Chris Columbus) se eleva por su reincidencia en la divertida perversidad, y mientras la cámara enfoca la adorable cara de la chica protagonista, el espectador escucha su tétrica visión de las navidades, la triste historia de su difunto padre atrapado en una chimenea con su disfraz de Papá Noel. Y aun con todo, como ejemplo paradigmático de su perfecto equilibrio entre horror y humor, el largometraje, pasados los años, se ha constituido en indispensable clásico navideño, programado con frecuencia en televisión durante esas fechas. Porque, transmutada la linda criatura inicial en un ejército de pequeños salvajes insurrectos, la película se entrega al caótico desenfreno de estos, a las múltiples y arquetípicas personalidades que adoptan y a las mil maneras de acabar con ellos. Y es que estos apuntes de negra comedia, junto al mencionado atractivo por la subversión de la navidad, son los fascinantes recuerdos que uno se lleva de esta fantástica muestra de comercialidad estupendamente encauzada.

En ocasiones, viendo a algunos que me rodean en las salas, me acuerdo de estos molestos gremlins en el cine.

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