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Contagio
Escrito por Dr. Manhattan   
Jueves, 20 de Octubre de 2011


Valoración espectadores: 7.00

Contagio (Steven Soderbergh, 2011)

Valoración de VaDeCine.es: 7

Contagio (Steven Soderbergh, 2011)Título original: Contagion
Nacionalidad: EE.UU.
Año: 2011 Duración: 106 min.
Dirección: Steven Soderbergh
Guión: Scott Z. Burns
Fotografía: Peter Andrews
Música: Cliff Martinez
Intérpretes: Matt Damon (Mitch Emhoff), Marion Cotillard (Dra. Leonora Orantes), Laurence Fishburne (Dr. Ellis Cheever), Jude Law (Alan), Gwyneth Paltrow (Beth Emhoff), Kate Winslet (Dra. Erin Mears)

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Trailer

Ficha técnica en Sensacine

En un mundo hiperpoblado, interconectado de punta a punta mediante innumerables nexos de comunicación, ya sean materiales (transportes) o inmateriales (la red de redes), con un efecto sobrevenido y de actuación cuando menos insegura como es la globalización, todo parece mucho más inmediato, también más incierto, y por lo tanto nuestro papel dentro del concierto de la vida se presenta más efímero, quizás menos relevante. Puede ser esta una posible coda a la situación que experimentamos como espectadores ante esta película, que plantea nuestra existencia -la del ser humano- como algo fútil, toda vez inmiscuidos en la rueda de la vida del siglo XXI.

Matt Damon comenzando a sudar

Contagio hace honor a su nombre para presentarnos la repentina lucha por la supervivencia de nuestra especie en un mundo que se ve afectado por la irrupción de un virus mortal que, paulatinamente, va acabando con una gran parte de la población del globo terráqueo, sin que ni siquiera se conozca el origen de la pandemia. Y lo mejor de todo es que, para llevarlo a cabo, su director, el conocido Steven Soderbergh, se aleja de los habituales parámetros más comerciales a la hora de encarar su historia, abordándola desde un punto de vista ultra-realista y casi documental, diríase próximo al género periodístico. Es evidente su gancho mercantil, cuando se rodea de todo un gran elenco de actores, así como resulta imposible una separación neta de la ciencia-ficción con la que en definitiva está tratando, pero para sacar a relucir la relevancia del trasfondo que le ocupa prefiere el comedimiento visual al uso de cualquier clase de efecto especial -prácticamente inexistentes-.

De lo que se trata aquí es de subrayar una coyuntura rabiosamente contemporánea, que nos suena y que, sin duda, nos seguirá sonando con el paso de los años. Todo ese estado de pánico que recientemente hemos vivido a causa de gripes como la porcina, donde la supuesta gravedad de su efecto corría en paralelo a la atropellada información que el ciudadano de a pie recibía en su casa a diario, generando una confusión y miedo global que venía a beneficiar a unos pocos para perjudicar a la gran mayoría (pan nuestro de cada día), queda reflejado en esta cinta; sólo que ahora la amenaza es mucho más real, y el miedo está mucho más justificado. He ahí, probablemente, el mayor valor de Contagio, su capacidad para infundir temor verdadero. Por su cercanía. Por su despojo de aditivos externos que resten atención a su esencialidad. Por la dificultad del contraataque en el reino del capricho. Y de ahí también se extrae, precisamente, una de sus posibles pegas: esa renuncia a una adscripción genérica clara, ese contemplar el discurrir de la balanza de la vida sin grandes aspavientos ni mayores arrebatos en un film que al fin y al cabo nunca deja de ser un thriller, puede conllevar una falta de tensión en el interior del relato, que le haga perder la emoción que justamente le debiera definir.

Jude Law en plan quisquilloso

No obstante, la última cinta de Soderbergh tiene que ser aplaudida por su atrevida apuesta formal a la hora de enfrentarse a una historia ya contada pero que nunca nos resultó tan cercana como lo es ahora. Los peligros que deja entrever en el interior del caos sugerido están a la vuelta de la esquina y a punto de explotar en la realidad, si es que no lo han hecho ya. No se trata de lanzar un mensaje catastrofista, pero si alguna vez ocurre (y ha ocurrido, y volverá a ocurrir) se nos quedará la misma cara de tontos que al final de la película, y lo peor es que, como individuos únicos, no podremos hacer nada. El problema no es el origen de un mal, sino la extrema facilidad para su propagación dentro de nuestra sociedad, según está concebida hoy.

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