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Munich
Escrito por Agente Cooper   
Viernes, 15 de Julio de 2011


Valoración espectadores: 8.00

Munich (Steven Spielberg, 2005)

Valoración de VaDeCine.es: 8

Munich (Steven Spielberg, 2005)Título original: Munich
Nacionalidad: USA
Año: 2005 Duración: 164 min.
Dirección: Steven Spielberg
Guion: Eric Roth & Tony Kushner
Fotografía: Janusz Kaminski
Música: John Williams
Intérpretes: Eric Bana (Avner), Daniel Craig (Steve), Ciaran Hinds (Carl), Mathieu Kassovitz (Robert), Hanns Zischler (Hans), Ayelet Zurer (Daphna), Geoffrey Rush (Ephraim), Michael Lonsdale (Papa), Mathieu Amalric (Louis).


Corría la segunda semana de los Juegos Olímpicos de Munich. 36 años después de Berlín, la joven Alemania Occidental trataba de dar una imagen bien diferente frente al mundo presentándose como un país desmilitarizado. Según cuenta el documental Un Día de Septiembre, el gobierno y la organización del evento habrían aligerado con ese propósito el gasto en seguridad. La villa olímpica era custodiada por un puñado de agentes, y el terror, desgraciadamente, encontró rendijas en el sistema. El grupo terrorista filopalestino Septiembre Negro –bajo la tutela política, según numerosos historiadores, del joven líder de Al Fatah Yasser Arafat, futuro Premio Nobel de la Paz- capturó y finalmente asesinó a 11 atletas y entrenadores israelíes. La respuesta de Golda Meir no se hizo esperar e inició poco después la operación “Ira de Dios” con el fin de perseguir y ajusticiar a los supuestos responsables intelectuales de la masacre de Munich. En ese empeño, que se extendió por Europa y Oriente Próximo, los comandos de dicha operación recibieron la ayuda de no pocas agencias de espionaje del viejo continente y la persecución de otras tantas pertenecientes al otro polo de la Guerra Fría.

La digestión cinematográfica de todo este oscuro 'totum revolutum' ocupa a Steven Spielberg en su película moralmente más ambiciosa, desde luego enfocada con más perspectiva que títulos como Salvar al Soldado Ryan, El Color Púrpura, Amistad o La Lista de Schindler. Apuntaló bien Spielberg su falta de militancia, de eso no hay duda: la Organización Sionista Americana (ZOA) llamó a boicotear el film por equiparar, (a)moralmente hablando, a ambos países. Por el lado contrario, desde posiciones propalestinas se criticó duramente la obra por no explicar el germen de los atentados o edulcorar la actuación de este tipo de comandos (la historia omite el incidente Lillehammer, por ejemplo).

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A sabiendas de que, en tan enquistado conflicto, el mero hecho de hacer un ejercicio de acotación implica la omisión de causas primeras y futuras consecuencias, Spielberg, sin regateos en la exposición del contexto político -con las licencias comentadas-, prefiere centrar su mirada en el mismo acto del asesinato, en el intrínseco drama que supone arrebatar la vida a otra persona y sus consecuencias éticas; futilmente minimizadas en nombre del Talión.

Para ello sí elige un único punto de vista. La cámara persigue durante las dos horas y media de metraje a uno de esos comandos del Mossad. El director hace gala de la legendaria maestría para hacer de cualquier argumento un verdaero entretenimiento por la que, sin duda, será recordado como uno de los grandes orfebres cinematográficos de todos los tiempos. Y es que aunque no dé con la tecla en el tempo de la película, concienzuda y reposada al comienzo y extremadamente acelerada en su conclusión, cada una de las ejecuciones está filmada con pericia, precisión y una riqueza visual extraordinaria. Desde la espectacularidad de la operación "Primavera de la Juventud" al minimalista, pero excepcionalmente compuesto, affaire con la asesina holandesa, el conjunto de los atentados conforman un pequeño catálogo de Cine.

En contraposición a la furtiva cotidianidad y el paulatino anegamiento de las conciencias de los integrantes del comando, se intercalan en la historia flashbacks que rememoran la masacre de Munich, desde su azaroso comienzo (los terroristas fueron ayudados a introducirse en la villa por atletas que desconocían su propósito) hasta su infausto colofón en la base aérea de la OTAN en Fürstenfeldbruck. Era ésta una solución estilística perfecta para equiparar los actos de ambos países, pero Spielberg, mediante un fortuito encuentro en un piso franco, pondrá literalmente frente a frente a la facción israelí y la palestina. Dos sicarios, dos personas, charlando sobre sus experiencias y anhelos antes de matarse uno a otro. ¿Demasiado obvio? Quizá. En todo caso una tara bastante común en su manera de entender el cine que no desmerece una película imprescindible en su inimitable filmografía.

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