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En bandeja de plata
Escrito por Dr. Manhattan   
Domingo, 17 de Abril de 2011


Valoración espectadores: 8.00

En bandeja de plata (Billy Wilder, 1966)

Valoración de VaDeCine.es: 8

En bandeja de plata (Billy Wilder, 1966)Título original: The fortune cookie
Nacionalidad: EE.UU.
Año: 1966 Duración: 125 min.
Dirección: Billy Wilder
Guión: Billy Wilder, I.A.L. Diamond
Fotografía: Joseph LaShelle
Música: André Previn
Intérpretes: Jack Lemmon (Harry Hinkle), Walter Matthau (Willie Gingrich), Ron Rich (Luther 'Boom Boom' Jackson), Judi West (Sandy Hinkle), Cliff Osmond (Purkey)

Trailer


Billy Wilder se distinguió por ser uno de los mejores retratistas del ser humano que ha parido el séptimo arte. Sus pulsiones, sus ambiciones frustradas, su innata tendencia al fatalismo, su inherente patetismo… Todo cuanto define al hombre y a su entorno quedaba fielmente captado por la incisiva cámara del genial director, con la sublime distinción de saber encontrarle y encajarle a la perfección el lado cómico a la tragedia constante de la vida; de manera natural, evidenciando, de hecho, que ambas vertientes son inseparables e inexcusables.

En bandeja de plata supone uno de sus grandes logros (otro de tantos, ciertamente innumerables y difíciles de posicionar). A través de la historia de dos pobres desgraciados (Harry Hinkle, un cámara de televisión que sufre una conmoción y posterior hospitalización a causa de un fuerte golpe propinado por uno de los jugadores del partido de fútbol americano en el que se encontraba trabajando; y su cuñado Willie Gingrich, un abogado con mucha labia y pocos escrúpulos que ve la oportunidad de hacer dinero de la desgracia que no es), Wilder desenmascara la hipocresía de nuestra sociedad, dejando en evidencia la imperante falta de valores y la debilidad moral de nuestras acciones, ya que, en definitiva, todos nosotros llevamos dentro a un desvaído Harry Hinkle junto a un ambicioso Willie Gingrich. Y es precisamente esa natural correspondencia con la realidad la que engrandece el discurso de aquél.  

Los dos pobres desgraciados

Los dos personajes principales son las dos caras de una misma moneda. El interpretado por Lemmon es la representación del fracaso en la vida; con un trabajo rutinario, abandonado por su mujer para irse con otro, tiene que ser a partir de la última desgracia que le toca vivir como pueda empezar a prosperar… aunque sea a través del engaño casi involuntario. Porque la dominancia de sus actos le vendrá impuesta por el lenguaraz de su cuñado, a quien da vida Matthau, que no representa precisamente el éxito en la vida (de ahí su ambición de sacar tajada de una farsa), sino más bien su apariencia, bajo un manto de seguridad gestual y anímico que sirven para definirle como el perfecto cínico. Esta ambivalencia de personalidades, que, lejos de lo que a priori pudiera parecer, bien podrían conformar un mismo ser -repleto de sus filias, fobias, inquietudes, inseguridades, arrepentimientos…-, están puestas en pantalla de la mano de dos monstruos de la interpretación repletos de química y magnetismo, conocedores de cada matiz del personaje al que dan vida, casi como si ellos mismos fuesen ese personaje, y sin quienes el gracejo y la siempre certera colocación de la cámara por parte de Wilder en pos de la chistosa captura de sus afanadas expresiones, carecería de sentido.  
 
Como todas las grandes obras con las que siempre se acaba aprendiendo o, cuando menos, reforzando el conocimiento que tenemos de las cosas, En bandeja de plata ofrece un final esperanzador, que sirve para engrandecer el sentido humano y solidario para con los demás que todos llevamos en nuestro interior; sin necesidad, por ello, de traicionar su discurso anterior, más al contrario, prolongándolo para hacerlo más rico si cabe. Y es que no hay nada mejor que una buena comedia para expresar las grandes contradicciones de la vida.

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