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Caos calmo
Escrito por Dr. Manhattan   
Martes, 29 de Julio de 2008


Valoración espectadores: 6.00

Caos calmo (Antonio Luigi Grimaldi, 2008)

Valoración de VaDeCine.es: 4

Poster de Caos calmoTítulo original: Caos calmo
Nacionalidad: Italia/Reino Unido
Año: 2008 Duración: 105 min.
Dirección: Antonio Luigi Grimaldi
Guión: Sandro Veronesi (novela) y Nanni Moretti, Laura Paolucci, Francesco Piccolo (guión)
Fotografía: Alessandro Pesci
Música: Paolo Buonvino
Intérpretes: Nanni Moretti (Pietro), Valeria Golino (Marta), Alessandro Gassman (Carlo), Isabella Ferrari (Eleonora), Roman Polanski (Steiner)

Trailer


Posee esta película de tono triste un comienzo impactante, un duro mazazo al espectador, al que se le pone abruptamente sobre aviso de las paradojas de la vida a través de una de esas casualidades nefastas -guiños del destino dirían otros- que la existencia nos depara: tras salvar nuestro protagonista, el bonachón Pietro Paladini (un reconocible y siempre solvente Nanni Moretti), en lo que se supone un gesto heroico para él, a una chica de ahogarse en el mar de la playa, llega a casa y encuentra a su mujer muerta tras un accidente doméstico, sin poder hacer nada y con una hija pequeña abrazándole y preguntándole porqué no estaba allí. Del quehacer pacífico al desorden imprevisto, de la felicidad rutinaria a la amargura desorientadora, de la normalidad al caos.

A partir de ese momento, nuestro Pietro (de quién es sino del espectador, forzosamente obligado a empatizar con él, absoluto objeto primario del foco de la cámara y centro invariable de la narración) entra en una espiral de pesadumbre que le lleva a tomar una decisión drástica: abandonar su trabajo para “dedicarse” a llevar a su pequeña hija al colegio y permanecer allí, en las afueras del mismo, sentado en un banco, todo el tiempo hasta que ella reaparezca por la salida. Cree que es lo que debe hacer, lo que le debe, lo que proporcionará un sentido a su vida, movido bajo el telón de una auto-inculpada y casi extinguida alma. Sin embargo, este padecimiento vital del protagonista es justamente proporcional a la inmovilidad de la trama, que deambula sobre la apagada rutina de este desgraciado hombre en base a pequeñas repeticiones diarias de los mismos gestos, de las mismas costumbres, de los mismos acompañantes (entre ellos su triunfante hermano, presente en el fatídico acto y que de vez en cuando arrima el hombro al caído), en lo que supone más un ejercicio de superficie argumental para sostener al impasible espectador -que, dicho sea de paso, ni siente ni padece por el malavenido protagonista italiano- que un intento de verdadera profundización hacia el interior del drama propuesto.

Imagen de Caos calmo

La enjundia dramática, por tanto, desapareció al principio, con tan gozoso comienzo, donde el desgarro sí aparecía y estaba bien justificado, mientras que posteriormente se pasó a una insostenible línea continua a todos los niveles. No obstante, el vigor busca visos de aparecer hacia el final, en una polémica secuencia no sin razón: la brusca alteración de la ya asumida paz que le proporciona la compañía de su pequeña, en un retiro vacacional, viene dada mediante un largo plano secuencia de sexo casi explícito que, sin ningún género de dudas, está fuera de toda normalidad, más aún si se considera que dicho acto puede interpretarse en clave de sueño, tal y como parece darnos a entender el ambiguo montaje. No creo que sean unas imágenes necesarias, en tanto que están fuera del apaciguado margen compositivo llevado durante toda la película, en cuanto que ya no sirven para dibujar al personaje, siendo más unos minutos de cara a la galería y que buscan la fácil estupefacción del espectador que ninguna otra cosa. Y lo más triste de todo es que éste quede con esa sensación final, ya que dice bien poco en relación a lo que vivió en la anterior hora y media.

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