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Barry Lyndon
Escrito por Barry Lyndon   
Martes, 29 de Julio de 2008


Valoración espectadores: 8.68

Barry Lyndon (Stanley Kubrick,1975)

Valoración de VaDeCine.es: 9

ImageTítulo original: Barry Lyndon
Nacionalidad: Reino Unido
Año: 1975 Duración: 183 min.
Dirección: Stanley Kubrick
Guión: Stanley Kubrick (adaptación)
Fotografía: John Alcott
Música: Leonard Rosenman
Intérpretes: Ryan O'Neal (Barry Lyndon), Marisa Berenson (Lady Lyndon), Leon Vitali (Lord Bullingdon), Marie Kean (Madre de Barry), Patrick Mage (El Chevalier), Dominic Savage (Joven Bullingdon), Gay Hamilton (Nora)
Trailer


Piensen en una pared de ladrillos desalineados, una tubería que el fontanero deje mal enroscada, esos tornillos poco apretados o unos penosos efectos visuales en una película. Chapuzas. Pues bien, si  pienso en cosas que debían sacar especialmente de quicio al genial Stanley Kubrick serían sin duda tales como las citadas, pues no existe un adjetivo calificativo tan diametralmente opuesto a este cineasta como el de "chapucero" (de muchos colegas suyos no se puede decir lo mismo por desgracia).

El perfeccionista del cine por excelencia ya había dejado constancia de tal afirmación en 1968 con su colosal 2001: Una odisea del espacio (probablemente la mejor película de la Historia) y no pasaría una década para volver a dar una grata lección sobre una de las muchas virtudes de aquella obra maestra: la referente a rodar una época ajena a la contemporánea con absoluta credibilidad; pues si en la anteriormente citada "catedral de la ciencia ficción" no reparó en detalles y dedicación para obtener un resultado espectacular sobre su futurista visión del probable comportamiento humano en el espacio exterior, con Barry Lyndon lo volvería a conseguir, pues Kubrick  traslada visualmente, con un acabado perfecto, al espectador hasta el siglo XVIII de manera absolutamente deslumbrante gracias a ese magnífico y obstinado trabajo que le hace tan especial.

"Memorias y aventuras de Barry Lyndon" (título de la novela de William M. Thackeray en la que se basa la cinta) relata la historia de un joven irlandés que se vale de astucia, picaresca y ambición para intentar escapar -algo improbable- de su escaso porvenir. Una amoral escalada en la que, más tarde que pronto, nuestro protagonista al fin descubre la verdadera dificultad social de su intento. No obstante, éste no era el proyecto inicial que el realizador ansiaba llevar a la gran pantalla por aquellos entonces, sino la biografía de Napoleón, que finalmente no fructificó pese a tener listo gran parte del preparativo para recrear aquella época (vestuario, localizaciones...), razón por la cual decidió aprovecharlo todo para rodar la obra objeto de estas líneas debido a las grandes coincidencias en tiempo y lugar de las dos historias.

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Ya involucrado plenamente en su nuevo trabajo, el director andaba obsesionado con una idea que le perturbaba e ilustra sobre la grandiosidad del resultado final de esta película. Y es que Kubrick se enfrentaba a un reto que la mayoría de cineastas ni tan siquiera se plantea: en el siglo XVIII, Thomas Alva Edison aún no había deslumbrado al mundo con su bombilla eléctrica y, como tal, el aspecto en pantalla jamás debería ni tan siquiera sugerir la presencia de ésta. Así, renunciando pues a los focos en la producción, la iluminación quedaba limitada a la solar y a la generada por velas. Sin embargo, esta tenue luminosidad no podían ser captada con suficiencia por una lente de cine normal, así que se halló la solución en una especial fabricada por la NASA y adaptada sobre viejas cámaras, consiguiendo ese efecto de luz natural que es el sello de identidad de esta gran película.

Técnicamente la cinta es un prodigio, así como su puesta en escena es absolutamente formidable, contando con un fabuloso vestuario que justamente valió el Oscar de la Academia, al que se sumarían otros tres conseguidos por la dirección artística, la magnífica fotografía, que asombra recreando auténticos cuadros de época, y el de mejor banda sonora adaptada, ésta capaz de adornar el acabado con piezas clásicas, potenciando su emotividad cuando la trama lo requiere. De tal modo, la belleza de la película es innegable. Un delicioso retrato de época rodado con una brillantez y sutileza abrumadora.

Barry Lyndon es, quizás, la obra más desconocida de Kubrick para el gran público. Puede que su extenso metraje y peculiar ritmo espanten a priori a una buena parte de la audiencia. Sin embargo, el tedio vive lejos de estas entretenidas aventuras y desventuras del joven Barry (Ryan O'Neal), las cuales resultan fascinantes y, en sus momentos más sosegados, perfectamente integradas en los lentos protocolos de la época y sociedad reflejada. De hecho, y espantando el tedio, el particular camino que recorre el personaje, tanto en su fortuna como fracasos, está repleto de interesantes paradas (asaltos, duelos, guerras, deserciones, juegos de cartas y enfrentamientos sociales) que constituyen un argumento tan cautivador y brillante como la espectacular factura del film.

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La interpretación de los personajes principales a cargo el mencionado O' Neal, estrella emergente de la década tras su participación en Love Story (Arthur Hiller 1970), y Marisa Berenson, preciosa y formidable en su papel de la lánguida Lady Lyndon, encajan correctamente en las personalidades del encantador pícaro y la dama enamorada del buscavidas. Pero no sólo deslumbran sus protagonistas; dentro del selecto reparto destaca también sobremanera el secundario Leon Vitali (que posteriormente se convertiría en la mano derecha de Kubrick) en su breve pero brillante interpretación del penoso Lord Bullingdon. Una buena muestra del jugo que Kubrick era capaz de sacar a sus actores, por limitados o semi-amateurs que estos fueran.

En definitiva, una cinta imprescindible, poseedora de tantas virtudes que su visionado resulta una absoluta obligación para cualquier aficionado que adore este arte. Una singular maravilla imperecedera que colma de hermosura la pantalla gracias al talento y dedicación de un director sencillamente único. Gracias por todo Stanley.

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