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El Amor Después del Mediodía
Escrito por Dr. Manhattan   
Martes, 06 de Abril de 2010


Valoración espectadores: 8.33

El amor después del mediodía (Eric Rohmer, 1972)

Valoración de VaDeCine.es: 8

ImageTítulo original: L'amour l'après-midi
Nacionalidad: Francia
Año: 1972 Duración: 104 min
Dirección: Eric Rohmer
Guión: Eric Rohmer
Fotografía: Néstor Almendros
Música: Arié Dzierlalka
Intérpretes: JBernard Berley (Frédéric); Zouzou (Chloe); Francois Berley (Hélène); Daniel Ceccaldi (Gérard); Malvina Penne (Fabienne)



Sexto y último de sus cuentos morales, El amor después del mediodía supone una nueva incursión en el drama de la relación de pareja por parte de Eric Rohmer. Se trata de someter a un estudio riguroso y ejemplar, fiel y cercano, la normal inestabilidad del ser humano a la hora de enfrentarse a la vida amorosa, a la felizmente establecida y a la peligrosamente sugerida, incesantemente tentadora. Nada mejor que filmar una porción de vida como otra cualquiera, en la etapa de supuesta madurez de un hombre joven, para mostrar, desde la sencillez, toda la complejidad adherida a tan contradictorio y azoroso sentimiento: el amor.

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El protagonista es un hombre más o menos atractivo, suficientemente joven, cultivado e inteligente -como se encargan de demostrar las profundas reflexiones que realiza sobre todo lo que le rodea en su rutinaria vida, efectuadas en maravillosos off-. Sentimentalmente asentado, con su guapa mujer, su niño pequeño y un nuevo retoño aún por llegar, su existencia se limita al trabajo que ejerce como co-director en una pequeña oficina, a sus imprescindibles lecturas diarias que le evaden del mundo en el que vive (y en el que dice sentirse a gusto, bien rodeado de gente a su alrededor), y a sus devaneos mentales con las múltiples señoritas en cuyo camino se cruza diariamente. Una estabilidad burguesa que se ve truncada, o cuanto menos, puesta en duda, tras la inesperada aparición de una antigua amiga, ex-pareja de un desaparecido colega.

Mediante una premisa tan común, Rohmer es capaz de ofrecernos no sólo una visión realista y natural sobre la experiencia sentimental de un hombre corriente, sino que, en relación e imprescindible prolongación, muestra todo una dualidad de pareceres sobre el significado de nuestra existencia, en confrontación al prójimo. Así, mientras que nuestro protagonista representa la estabilidad, el sano progreso y la madurez vital -el conservadurismo, podríamos aseverar-, su tentación sensual viene a definir ideas en el sentido opuesto, esto es: un idealismo de raíz joven, una interpretación del amor en un sentido abierto y liberal, y un futuro aún incierto y por definir, debido a la vivencia al día. Caracteres opuestos que se atraen, se tientan y flirtean sin reparos, en busca de su lugar y posición más feliz, más inmediata, más complaciente, dentro de sus existencias particulares.

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Sin establecer juicios de valor cerrados, haciendo que sean sus personajes los que se expresen mediante sus elocuentes diálogos, brillantes y naturales como de costumbre, y teniendo siempre en consideración la importancia del marco ambiental en el que se ven inmersos (las repletas calles parisinas son la inspiración y una de las motivaciones principales del protagonista), el genial director francés se encarga de mimar con su cámara los ambientes y las cerradas localizaciones donde la historia se desarrolla (oficina, apartamentos, restaurantes), planificando estáticamente las situaciones con el objetivo de enaltecer la palabra, de subrayar la importancia de su significado. No se trata, empero, de prodigar una meditación elevada e inaccesible sobre el deseo, y por eso se encarga de hilar un fino humor que, de vez en cuando, aparece para desenfadar y naturalizar, aún más si cabe, la narración; también el aspecto fantasioso de nuestro héroe se hará explícito, en una maravillosa secuencia, carente de sonorización exterior y cercana al onirismo, donde su afán conquistador tendrá lugar con las bellas mujeres que siempre anheló desde detrás del empañado cristal de su conciencia.

Después de todo, la historia se cerrará con un hermoso plano de reconciliación. Hay palabras, pero apenas son balbuceadas, dificultosamente esgrimidas en un contexto de profunda emoción sentimental, de una honda expresión pasional. Es el retorno desesperado, arrepentido y deseado a la normalidad, ésa que tanto anhelamos y que continuamente dejamos resbalar a lo largo de nuestra vida por culpa de la irrechazable sensación de atrevimiento. La justa calma al envalentonamiento.

Tags: Eric Rohmer  
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