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Wolf Creek
Escrito por Dr. Manhattan   
Miércoles, 31 de Marzo de 2010


Valoración espectadores: 6.50

Wolf Creek (Greg Mclean, 2005)

Valoración de VaDeCine.es: 7

Póster de Wolf CreekTítulo original: Wolf Creek
Nacionalidad: Australia
Año: 2005 Duración: 99 min.
Dirección: Greg Mclean
Guión: Greg Mclean
Fotografía: Will Gibson
Música: Frank Tetaz
Intérpretes: John Jarrat (Mick Taylor), Cassandra Magrath (Liz Hunter), Kestie Morassi (Kristy Earl), Nathan Phillips (Ben Mitchell)


Tráiler

Si el novel realizador Greg Mclean cuajó un slasher tan interesante como agresivo en Wolf Creek tiene que ser, más allá de por su propio e innegable talento que en ella demuestra, porque el susodicho se debió tirar toda su infancia y parte de la adolescencia devorando y degustando a placer films de terror referenciales en los que después apoyarse para crear su propio universo. Éste que aquí nos ofrece no es demasiado original, porque la historia de los mochileros que, en busca de la diversión desenfrenada por páramos desconocidos, encuentran, en su lugar, el horror más escandaloso y visceral, está ya muy vista; sin embargo, al situar la historia en mitad de su Australia natal, con las particulares connotaciones culturales que ello conlleva, y al ofrecer una representación de la violencia descarnada y absolutamente desasosegante, sin apenas concesiones ni asideros para el espectador, bien merece ser tenido en consideración y estudiarse su aportación al género.

La fuga en mitad de la nada

Puede resultar como blanco fácil el lento arranque de la cinta. Y es que, en los primeros cuarenta minutos, no ocurre nada truculento (como muchos cabrían esperar); no obstante, lo que en realidad hace Mclean es configurar unos personajes que, esta vez sí, no transmiten la estupidez con que habitualmente se presentan en productos de esta clase. Más al contrario, y aunque sea evidente el hecho de que podría haberse recortado sin apenas haber sufrido cambios el significado global del conjunto, esta primera fase apunta, en determinados momentos y planificaciones, una inquietud y un halo de extrañeza que después se verán explícitamente manifestados. Un claro ejemplo es el recurrente plano general amplio que muestra la vasta extensión de los desérticos parajes australianos, sin apenas vegetación, sin apenas población, como si allí no fuese a pasar nada… Un clima que bien recuerda al de la magnífica Picnic en Hanging Rock, de su gran compatriota Peter Weir.

Ahora bien, cuando de comienzo la segunda fase (Wolf Creek se divide en estas dos partes, claramente diferenciables), el lugar para la tranquilidad y el sosiego no sólo de los aventureros protagonistas sino del propio espectador, habrá desaparecido por completo. Mclean ofrece así un contraste de sensaciones que sirve como impulso definitivo para su film. Lo que le interesa a partir de este punto de no retorno hacia el concepto de hospitalidad, es reflejar -casi definir en la práctica- el sufrimiento en pantalla; sin concesiones ni miramientos, también sin recreaciones ni (apenas) efectismos, en base a una saña carroñera y a una crudeza de difícil parangón, con el objetivo de la realidad documental al frente (la película está rodada con cámaras de alta definición, que aportan un alto grado de naturalismo a las imágenes). Supone, en fin, la aproximación realista al maltrato físico de la víctima, la virulenta plasmación del febril sueño de un lugareño psicópata que invierte el sentido dicharachero de su similar Cocodrilo Dundee para (re)convertirse en un cazador de personas que se jacta de ello, en un monstruo indefinible e inexplicable, sencillamente terrorífico; la reducción de la naturaleza del ser humano a su origen más básico y primario.

La caza humana, una diversión sin contemplaciones

Existe una tensión creciente a medida que transcurre el film, y hay momentos de verdadera angustia, logrados gracias a una certera planificación y calculada angulación de la cámara en pos de la sugestión, de la creación de una atmósfera sucia e insana, aumentada al lado del punteo musical inquietante; un duro ambiente de opresión que finalmente explota para la mostración hasta sus últimas consecuencias de este cruento encierro y persecución de personas. Son evidentes los ecos de La matanza de Texas , aunque el desorden psicológico de raíz verdaderamente horrorosa del que hacen gala Leatherface y su querida familia no está presente aquí, entre otras cosas porque el sentido de la demencia resultaba más puro y menos impostado allí.

Aun así, Wolf Creek tiene peso propio dentro de la historia reciente del género. Incluso sin estar bien resuelta (un personaje escapa gracias a los caprichos de un guión que, hasta ese momento, no le había vuelto a prestar la necesaria atención; y es que la linealidad de éste juega, en esta ocasión, claramente en su contra), y a pesar de que los mensajes sobre los paralelismos con los hechos reales definitivamente sobren -porque lo que de verdad nos importa es el grado de realidad intrínseco a la ficción, a la par que el estudio de los mecanismos que la construyen, ya que, efectivamente, han logrado el objetivo de impactarnos sin siquiera reparar en lo anterior-, las carreras, las fugas y la constante lucha por la supervivencia que en ella se manifiestan permanecerán en nuestra retina por un tiempo tras su visionado, cuales imágenes de la tortura bien registradas, como una muestra de la desazón en estado puro. Después de verla, seguro, no querrás ir de vacaciones a Australia.

Una imagen de la tortura

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