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Flores negras
Escrito por Dr. Manhattan   
Lunes, 28 de Septiembre de 2009


Valoración espectadores: 5.75

Flores negras (David Carreras, 2009)

Valoración de VaDeCine.es: 3

Póster de Flores negrasTítulo original: Flores negras
Nacionalidad: España, Alemania
Año: 2009 Duración: 104 min.
Dirección: David Carreras
Guión: Wolfgang Kirchner, David Carreras, Luis Marías, Joan M. Ruiz Córdoba
Fotografía: Néstor Calvo
Música: Óscar Maceda
Intérpretes: Héctor Colomé (Clavel), Eduard Fernández (Peter), Marta Etura (Elena/Natascha), Maria Grazia Cucinotta (Martha), Maximilian Schell (Jacob Krinsten), Tobias Moretti (Michael Roddick)

Página web
Tráiler

Siempre es de agradecer la aparición de cintas españolas que se salgan de los géneros más habituales y aborden temas arriesgados y desconocidos para el gran público. Es el caso de Flores negras, segundo largo de David Carreras, director curtido en la realización televisiva y que debutó con la prácticamente invisible Hipnos, quien ahora se sumerge frontalmente en el tema del espionaje a través de una RFA en las postrimerías de su existencia.

Lamentablemente, el apasionado interés por un tema y las buenas intenciones a la hora de tratarlo no son suficientes, y esta cinta es un buen ejemplo de ello. Que la inmersión en un género de raíz negra requiere de un cierto misterio para su adecuada sujeción es algo imantado a su propia definición; que de ese cierto misterio se derive una narración cercana al cripticismo y a la sensación general de permanente ocultación, es otra cosa muy distinta. Algo así le ocurre a Flores negras (título cuyo soterrado sentido suscribe la impresión anterior), que reincide una y otra vez en la amenaza constante al protagonista principal (antiguo espía) como mecanismo principal de la intriga; una fórmula tediosa y mal acabada en última instancia.

Una imagen de Flores negras

Nunca llegamos a saber demasiado de los personajes que pueblan este oscuro bosque, lo cual nos impide prepararnos frente a los episodios de violencia en los que se ven inmiscuidos (alguno de los cuales excesivo a todas luces: ¿de qué sirve propinar una soberana paliza a una mujer si ésta aparece en marco unos escasos dos minutos y no tiene nada que aportar?); tan sólo conocemos levemente el pasado de algunos y por eso no alcanzamos a entender el objetivo de sus acciones. Todo forma parte del mismo entramado mal parido, que confunde ambientación con desubicación.

Así, el único apunte de verdadero interés, o sencillamente lo que más acaba llamando la atención del espectador más allá de las competentes aunque forzosamente limitadas composiciones que el cuadro actoral efectúa, resulta ser el tratamiento fotográfico del film. Durante la mayoría de su metraje, una suerte de fotograma descolorido que crea una sensación cercana al bipartidismo del blanco y negro aunque reteniendo los matices básicos de los tonos originales. ¿El significado? Puestos a elucubrar, una metáfora del oscurecimiento que con el paso de los años hace mella en la existencia de los protagonistas, y una forma de visualizar los (ligerísimos) apuntes de corrupción, falsos discursos, injusticia y desconocimiento general que sobrevuelan alrededor de la peligrosa y clave lista de nombres que es perseguida en el film (un MacGuffin en todo su esplendor).

Una secuencia violenta

Sin embargo, el director se contagia de su puesta en escena y entrega una película grisácea que, finalmente, nos acaba empapando de su propia falta de vida. Su falta de remate se hará patente al final, cuando el apresurado pacto y unión de personajes venga a reforzar nuestra incomprensión hacia los mismos. Después de vista, los conoceremos tan poco como al principio.

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