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Mapa de los Sonidos de Tokio
Escrito por Error Humano   
Lunes, 31 de Agosto de 2009


Valoración espectadores: 4.29

Mapa de los Sonidos de Tokio (Isabel Coixet, 2009)

Valoración de VaDeCine.es: 4,5

ImageTítulo original: Map of the Sounds of Tokio
Nacionalidad: España
Año: 2009 Duración: 109 min.
Dirección: Isabel Coixet
Guión: Isabel Coixet
Fotografía: Jean Claude Larrieu
Música: Varios
Intérpretes: Rinko Kikuchi (Ryu), Sergi López (David), Min Tanaka (Narrador), Manabu Oshio (Yoshi), Takeo Nakahara (Nagara), Hideo Sakaki (Ishida)
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Afirmaba Isabel Coixet, segura de sí misma y profundamente discursiva, que su Mapa de los Sonidos de Tokio estaba cartografiado desde las igualdades con occidente, lejos de las arquetípicas historias sitas en tan exótico país. Debe tener la directora catalana confianza ciega en su mente analítica y capacidad de síntesis, pues, tras ver su último filme, uno no tiene la sensación de encontrarse ante ese autoproclamado ejercicio de originalidad descriptiva de la cultura nipona. Más bien todo lo contrario. Pues esta conjunción de tópicos poco dista de dar una vuelta turística por la noche de Tokio de la mano de un inexperto guía. Un paseo que se podría titular “Isabeles Coixets por el mundo”, encuadrándose en ese prolífico formato televisivo tan de moda.

Aceptada la decepción en la mal enfocada, por recurrente, visión de Tokio, la enfermedad se propaga por la evidencia de sus referentes orientales. Que a Coixet le entusiasma el cine de Wong Kar-Wai o la literatura de Murakami ya era obvio, pero aquí, entre la húmeda noche, propicia para el amor imposible y la pasión culinaria, el homenaje torna subversión cuando uno recuerda, inevitablemente, la emotiva y contenida Deseando Amar o cuando se analiza la estructura narrativa del film, tan parecida a Sputnik, mi amor, con aquel narrador en off secretamente fascinado con la protagonista y peculiar espectador de su romance con otro hombre. Aun con esto, el ascendiente peor disimulado será aquí occidental, con una apasionada y fatalista historia de amor sospechosamente parecida a la de El Último Tango en París de Bertolucci.

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Sergi López se oculta en las sombras avergonzado por su penoso autodoblaje para la versión en castellano.

El largometraje, decíamos, peca de soberbia, denunciando como falsa la visión turística de Tokio para anunciar que su mirada es la verdadera imagen de la capital. Una postal que no es sino la más que habitual pero especiada aquí con una forzada carga melodramática y ese toque tan cool como pedante al que nos tiene acostumbrados la Coixet. Aderezos que no indigestan cuando la historia resulta subyugante, pero no es el caso: el argumento es pura excusa, tanto da a qué se dediquen sus inverosímiles protagonistas, clichés con patas, pues el hermetismo de estos es tal que se hace imposible interesarse por sus andanzas y revolcones. Asimismo, su evolución narrativa es imperceptible y resulta, cuanto menos, difícil comprender las motivaciones de sus decisiones, especialmente en su esperpéntico desenlace. La consecuencia de lo postizo de la historia nos asaltará tan callada como transcurre el film. Mientras el karaoke nos propone “Enjoy the silence”, la incomunicación del silencio nos guía al tedio sin disfrute. Todo un aburrimiento intercontinental.

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¿Asesina a sueldo y pescadera? También para esconderse.

En el inventario de la película se ha de contabilizar el habitual buen hacer de Jean Claude Larrieu, usual colaborador de Coixet, quien fotografía Tokio con nocturnidad y alevosía, de forma sugerente aunque demasiado predecible. En cualquier caso, el atractivo y brillante envoltorio, tan efectivo en publicidad, no basta para suplir la falta de contenido ni fundamento. No para acallar tamaño vacío. No para disimular el puro artificio y el adorno inconsistente.

Si, como interesantemente apunta la cinta, la vida de una urbe es reducible al detallado estudio de una infinidad de sonidos que parecen querer contarnos sus secretas historias, también, tal vez, esto sea extrapolable al devenir de un largometraje. Así, si nos quedamos callados, escuchando minuciosamente los ruiditos de este mapa fílmico, nos daremos cuenta de lo asfixiante que resulta oírnos vivir, comer, respirar. Pero también de lo cargante que resulta el cine cuando los aspectos técnicos son tan explícitos, tan visibles que no permiten contemplar la historia. Es entonces cuando la naturalidad desaparece. Justo cuando la forma, que debiera ser el medio, es el único fin.


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Comentarios (2)
  • barry

    Es evidiente. El penalty es clarísimo. Roja para coixet y su ekipo.

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