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El Elemento del Crimen
Escrito por Error Humano   
Jueves, 20 de Agosto de 2009


Valoración espectadores: 5.57

El Elemento del Crimen (Lars von Trier, 1984)

Valoración de VaDeCine.es: 7

ImageTítulo original: Forbydrelsens Element (The Element of Crime)
Nacionalidad: Dinamarca
Año: 1984 Duración: 104 min.
Dirección: Lars von Trier
Guión: Niels Vorsel, Lars von Trier
Fotografía: Tom Elling
Música: Bo Holten
Intérpretes: Michael Elphick (Fisher), Esmond Knight (Osborne), Me Me Lai (Kim), Jerold Wells (Kramer), Ahmed El Shenawi (Terapéuta)

 

Las operas primas generan un inusual poder de atracción, máxime si poseen la firma de alguno de los nombres imprescindibles para comprender el cine contemporáneo. Cuando es así, devoramos su metraje en pos de averiguar si, de haber acudido a su estreno, hubiéramos logrado atisbar la magnitud de los primeros trazos del genio o, por contra, nuestra miopía cultural hubiese hecho valer la fuerza de las dioptrías.

En El Elemento del Crimen (1984), piedra de toque de un por entonces recién licenciado Lars von Trier, el influjo antes mencionado nos seduce y, al respecto, cabe concluir que ya es posible inferir la especial forma de entender el arte que posteriormente marcará la carrera del director. Afloran aquí los modismos formales y temáticos habituales que salpicarían su primera época, conocida como “La trilogía europea” y que se completó con Epidemic (1987) y la magistral Europa (1991), cúspide del período.

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El detective a lo Don Johnson acecha a la despistada chica...

Coherente consigo misma, El Elemento del Crimen cumple otra de las máximas del danés: llevar sus planteamientos iniciales hasta el límite, explorando todas las posibilidades de cada largometraje que realiza. Así, en esta cinta, contiene el pulso de la narración en una sola sesión de hipnotismo donde, envueltos por una original y atemporal ambientación en sepia, desgranaremos el oscuro secreto de las interminables jaquecas de Fisher, policía retirado y protagonista de la trama.

La fijación del director por la decadencia de la vieja Europa se destila en el film gota a gota, componiendo una atmósfera opresiva y asfixiante, de incesante humedad, que no es sino precioso envoltorio para los cuidados formales que el director buscaba por aquel entonces, tan diferentes a los actuales, pero igualmente radicados en su obsesión por una indagación fílmica arisca con los convencionalismos.

En este sentido, Trier ensaya con interesante éxito la superposición de planos, los insertos y juegos de luces y sombras. Arriesgados logros técnicos que se ven empañados por secuencias de difícil comprensión argumental que acercan el experimento al tedio, alejando a un buen puñado de espectadores. En su afán por situarse fuera del canon de Hollywood, el cineasta raya la radicalidad, condición muy suya que le otorga esa exagerada capacidad de generar odios y amores.

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... y.... ¡ZASCA!

Emparentado con el cine negro tradicional, el largometraje cumple el principio del eterno retorno, desgajando con recursos estéticos novedosos su planificación para, en el fondo, mantenerse dentro del clasicismo y los marcados rasgos del género.

El detective hermético y concienzudo, la bella e intrigante mujer y la aguda mente criminal. Todos tienen cabida en la historia. Estereotipos que conforman un argumento que, como en toda su filmografía, von Trier aprovecha para estudiar la psique humana, su comportamiento social y el determinismo de sus circunstancias. Unos interrogantes que, de manera más explícita, se resumen en la validez, o no, de un método de criminología titulado 'El elemento del crimen' y cuyas peligrosas pautas recomiendan seguir los pasos del asesino, ponerse en su piel, ver lo que él vio, sentir lo que sintió en el momento del crimen.

O planteándolo de otro modo: para alcanzar la resolución de un problema, sea cual sea su naturaleza, ¿es mejor vivirlo desde dentro para contemplar el detalle de sus variables o alejarse para mirar con perspectiva? Para conocer la respuesta, pregunten por un tal Lars von Trier. Su enferma imaginación les guiará hasta ella.

 

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