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Tetro
Escrito por Dr. Manhattan   
Miércoles, 01 de Julio de 2009


Valoración espectadores: 5.60

Tetro (Francis Ford Coppola, 2009)

Valoración de VaDeCine.es: 7.5

Póster de TetroTítulo original: Tetro
Nacionalidad: EE.UU., Italia, España, Argentina
Año: 2009 Duración: 127 min.
Dirección: Francis Ford Coppola
Guión: Francis Ford Coppola
Fotografía: Mihai Malaimare Jr.
Música: Osvaldo Golijov
Intérpretes: Vincent Gallo (Tetro), Alden Ehrenreich (Bennie), Maribel Verdú (Miranda), Claus Maria Brandauer (Carlo Tetrocini), Carmen Maura (Alone), Rodrigo De La Serna (Jose)

Página web
Tráiler

Es curioso el trayecto de los más grandes, nunca sabes por dónde te van a salir. El caso de Francis Ford Coppola es harto caprichoso: después de alcanzar las cimas más altas en esto del séptimo arte con obras de la magnificencia de El padrino o Apocalypse now , estuvo toda una década “inactivo” (en lo que a la dirección oficial se refiere) para, en 2007, volver con Youth without youth , adentrándose entonces en la exploración de un cine íntimo. Ahora, dos años después, sigue en esa senda y nos entrega Tetro, una película pequeña que, en principio, costaría reconocer como suya; al final, se desprenderán de ella signos de su autoría fílmica y, por extensión, un evidente cariz autobiográfico.

Coppola regresa a uno de tus temas predilectos -la familia, sus luchas de poder internas y los estropicios que éstas causan en su seno-, pero va un poco más allá y lo entremezcla con la inescrutabilidad de la creación y su verdadero valor: el de la intraspasable intimidad del creador en relación a su obra, su aguerrido ligado íntimo a la misma; todo ello filtrado a través de un estilo sorpresivamente recogido. Enamorado de Argentina, retira hasta allí esta historia de desplazados a la vez que se acompaña de la música más tradicional del lugar; sitúa su cámara digital en el interior de un piso y se pone a observar en un pulcro blanco y negro la llegada del hermano pequeño de otro que vive allí desarraigado en su existencia, acompañado por la única persona que sabe entenderle, que sabe valorarle, que le quiere.

Vincent Gallo en Tetro

Es durante esos primeros compases cuando brilla su ejercicio personal de introspección, precisamente porque planifica física y espiritualmente para ella. Existe una temible ocultación del pasado que responde a la rudeza del personaje de Vincent Gallo (quien, mejor que nadie, gracias a su desgarbado físico y a su rostro herido, interpreta el caos existencial -familiar- latente), y éste nos es presentado como una sombra que se esconde tras la puerta de su dormitorio, temeroso de hablar y bien resguardado en sus sentimientos. En tales circunstancias, es donde la exquisita fotografía saca verdadero partido al juego de empatía que se establece entre los tres personajes principales; un espacio íntimo donde la difícil sugestión cobra relevancia frente a la postre extenuante explicación.

Porque, en efecto, a medida que la trama avanza y las explicaciones se suceden, parte de la encantadora austeridad se pierde irremisiblemente. No es que los luminosos flashbacks resulten innecesarios, sino que desentonan con la deslumbrante brillantez formal anterior; no es que la trama pierda interés alguno -más al contrario-, es que Coppola cede a sus peores excesos en la representación del drama que nos propone, primero, con la inclusión de personajes instaurados en la demasía, y último, con la rimbombancia de la teatralidad explicitada en su visualización de Los cuentos de Hoffmann. Esa mezcla de elevada belleza en mitad de la profunda tristeza del relato anula en gran parte la credibilidad del mismo, roto por el vaivén de su puesta en escena.

Imagen de Tetro

Así que al final parece confirmarse lo que uno, conociendo la anterior grandilocuencia del realizador americano, sospechaba: éste no puede ocultar su amor por aquélla. Es una cuestión inherente a su persona, y por ende, a su forma de dirigir. Esperemos, por el bien del cine, que este acercamiento suyo a la sensibilidad de la manera independiente no termine por devorarle en su propia fastuosidad derivando en un entierro de ignominia laudatoria, como el de su personaje Tetrocini, sino que suponga la esperanza de superación encarnada por la prolongación de aquél, Tetro; se despojaría así de lo maligno e innecesario para quedarse con lo esencial.

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