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Vampiros en La Habana
Escrito por Agente Cooper   
Martes, 28 de Abril de 2009


Valoración espectadores: 5.60

Vampiros en La Habana (Juan Padrón, 1985)

Valoración de VaDeCine.es: 5

ImageTítulo original: Vampiros en La Habana
Nacionalidad: Cuba / España / Alemania (RDA)
Año: 1985 Duración: 80 min
Dirección: Juan Padrón
Guión: Juan Padrón, Ernesto Padrón
Fotografía: Julio Simoneau
Música: Arturo Sandoval

 



Desde Nosferatu a Déjame Entrar, el cine vive un eterno retorno al magnetismo del vampiro, uno de sus más insignes iconos. Los ha habido mudos, clásicos, cómicos, opulentos o cochambrosos, adolescentes o más bien talluditos. De todo. Tan utilizable es la figura del “no muerto” que Juan Padrón les dio un paseo por la soleada La Habana en una de las revisiones más extravagantes que jamás se han realizado del mito de Drácula. Cosas de la propaganda política. Cuatro años antes de la caída del muro de Berlín, dos de los bastiones comunistas, la RDA y Cuba, a los que se unió la floreciente España socialista, produjeron esta obra panfletaria, insultantemente obvia en su intento de captación, pero que bien merece un visionado por todo lo que se aleja de la política: su loca puesta en escena, su arrolladora frescura caribeña y su cómica visión general del universo vampírico.


En su ingeniosa introducción, la película presenta la comunidad dividida en dos facciones en constante pelea por su control: La estadounidense 'Capa Nostra', y el 'Grupo Vampírico' de la vieja Europa, capitaneado por el legendario Conde Drácula. Conscientes del instantáneo poder que les otorgará, han buscado durante años el elixir que permita resistir la luz solar a los vampiros. Tras muchos intentos fallidos, ridiculizado por la comunidad y exiliado en Cuba, uno de los hijos del Conde cree probada la viabilidad del 'Vampisol' tras años experimentando en secreto la fórmula con su sobrino Joseph (Pepe en la isla). Cuando la noticia se filtra, se desatará una guerra interna por la obtención de tan preciado documento.


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Es recomendable que el espectador se abstraiga lo más posible de la humilde calidad de la animación, más o menos a la altura de los trabajos de Hanna-Barbera de la época, a todas luces demasiado limitada para un largometraje; y se deje llevar por el ácido humor de su disparatada trama. No es mala compañera de viaje la trompeta de Arturo Sandoval, omnipresente en las correrías del idealista Pepe, un músico en continua conspiración contra el general Machado, incorruptible mujeriego e inesperado héroe comunista de la cinta.

Con cierta aura de culto en el ámbito hispano, sobre todo en Latinoamérica, el contraste del tenebrismo vampírico con los calurosos acordes caribeños proporciona una agradable sensación de originalidad pese al grueso trazo de sus caricaturescos personajes. La alegría de Vampiros en la Habana invita a la bufa, al sarcasmo, a la exageración del cliché, el propio y el ajeno. Un aceptable disfrute, tan ágil y gracioso como tosco y sectario, para amantes del género o buscadores de perros verdes cinematográficos.


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