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La Trilogía del Dólar
Escrito por Barry Lyndon   
Lunes, 04 de Enero de 2010


Valoración espectadores: 9.17

ESPECIAL LA TRILOGÍA DEL DÓLAR


CRÍTICAS PELÍCULAS (haga click sobre cartel para leer):

Por un puñado de dólares (Sergio Leone, 1964)La muerte tenía un precio (Sergio Leone, 1965) El bueno, el feo y el malo (Sergio Leone, 1966)



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ARTÍCULO:

EL NACIMIENTO DEL MITO


Verano de 1964. Un cine de tantos en Florencia. Otro estreno barato en cartel, de previsible poca monta, se dispone a pasar sin pena ni gloria ante los pasajeros de tren de una estación cercana a la sala. Maletas y gente sin mejor ocupación entre viajes serán los testigos. Para rematar, se trata de una coproducción europea sobre el salvaje Oeste. Mala pinta. No obstante, tras los pintorescos créditos iniciales se despierta el interés: un misterioso pistolero con poncho y sombrero entra en escena. Buena planta, medio cigarro y una mirada de hielo le adornan. Cautivadora música, transgresores planos, varios disparos y la primera bravuconada a la cara. Por un Puñado de Dólares está a punto de hacer historia. Suenan las trompetas, cuatro cadáveres y el público con la boca abierta. La cosa, entre aparentes bromas, va muy en serio. Un tal Sergio Leone, escondido tras el seudónimo "Bob Robertson", ya no volvería a necesitar de anglicismos para convertirse en un director respetado en el western. No obstante, ni él ni sus compañeros de trayecto, el desconocido Clint Easwood y el compositor Ennio Morricone, son conscientes del glorioso instante.

La primera mirada gélida de Clint

En consonancia con su pobre etiqueta, la cinta, rechazada en todos los cines de Roma, parece destinada a durar sólo una semana en cartel. Sin embargo, el gerente del local advierte cada día mayor presencia en las proyecciones. Su estancia en programa se amplía y el boca a oreja corre como la pólvora. El multiplicado público explota a aplaudir en cada sesión. Nadie podía ni imaginar los hechos venideros, pero el spaghetti western, si bien éste no es el primer film del género producido en Italia, acababa de nacer como tal.


LOS TRES GRANDES NOMBRES DEL DÓLAR. ANTECEDENTES


Nacido en Roma en 1929, Sergio Leone era hijo del también director Vicenzo Leone, el cual rodó varias películas bajo el nombre de “Roberto Roberti”, tomando Sergio esa idea para su  “Bob Robertson” en homenaje a su progenitor. Hijo único, caprichoso y gran amante del séptimo arte, este joven sólo podía seguir los pasos de su idolatrado padre. Si bien le costó llegar a dirigir su primer film en solitario con El Coloso de Rodas en 1960, no tardó gracias a sus contactos paternos en meter la cabeza en la industria italiana, colaborando como "chico para todo" en diversas producciones, alguna de ellas de gran repercusión. No obstante, la gloria cinematográfica le parecía esquiva. Su más querido género, el péplum, andaba de capa caída y la mala racha de Leone empezaba a ser demasiado larga.

Sergio Leone

A principios de los sesenta dos humildes productores, Arrigo Colombo y Giorgio Papi, comienzan a mostrar interés por el western europeo. Sus idealizados proyectos, ante la escasez de liquidez y su tacañería, van a menos, terminando por contar con personal barato y de pocas pretensiones. Sería entonces cuando Sergio Leone acepta colaborar con el fin de saldar sus deudas. Tras firmar el contrato, nada volvería a ser lo mismo para él.

Del mismo modo, un compañero de colegio, Ennio Morricone (Roma, 1928), tampoco era gran cosa antes del Dólar. Un compositor prometedor, eso sí. Brillante e imaginativo, desde luego. No obstante, tras ser explotado en muchos trabajos, su reconocimiento artístico y profesional distaba bastante del merecido. Igual que Leone, Ennio creció entre artistas pues procedía de una familia de músicos. Del mismo modo, el joven seguiría los pasos de su padre, que fue trompetista, para diplomarse en dicho instrumento, de capital importancia en su posterior obra.

Leone (izq) y Ennio Morricone (derecha) de charla

Casado y padre de familia desde muy joven, Ennio Morricone tuvo que trabajar duro para sacar la casa adelante. Su creatividad entraba en competencia con pesados trabajos de encargo y arreglos musicales para otros artistas. El gran talento de un genio se hallaba desperdiciado entre tumbos y trabajos de poca monta. Sin embargo, en 1961 llegaría la ocasión de firmar su primera partitura para la gran pantalla. Sería para Il Federale, dirigida por Luciano Salce, llegando de esta manera al cine, donde tanto cariño y maestría dedicaría durante años. Un camino que pronto le dirigiría al eurowestern, y de ahí al Dólar.

Del tercer hombre clave de la trilogía sobran presentaciones hoy en día. Sin embargo, en 1964 Clint Eastwood no pasaba de actor de teleserie con cierta fama local. Su gran explosión en la gran pantalla tardaría años en llegar, no obstante, tras su fusión con Leone y Morricone este joven alto, guapo de rasgos esculpidos y gélida mirada se convertiría en uno de los nombres  propios de la Historia del Cine.

Clint Eastwood en sus tiempos mozos

Clint Easwood nació el 31 de mayo de 1930 en San Francisco, California. Tras una infancia y adolescencia de lo más normal, hizo el servicio militar durante la guerra de Corea, donde estableció amistades que le aconsejaron dedicarse al cine. De este modo Clint llegaría a la Universal, estudio para el que trabajó en minúsculos papeles que le abrieron las puertas de la serie Rawhide, cuyo creador, Charles Marquis Warren confío en su elegante físico y gran presencia para el papel protagonista. Sería en un descanso de rodaje, antes de acometer su séptima temporada cuando le llegaría la oferta desde Italia. El Dólar estaba a punto de cruzarse en su vida para lanzarle definitivamente al estrellato.


POR UN PUÑADO DE DÓLARES. EL COMIENZO


Como tantas genialidades, esta cinta comenzó entre titubeos y malas ideas. Ante todo, es importante señalar que los participantes no eran más que segundos platos, terceros en algún caso, puestos a las órdenes de una productora con escasos medios y estúpidas ocurrencias que Leone supo frenar a tiempo. Varios títulos y guiones descabellados pasaron por delante de sus narices hasta que se acertó con la tecla. Nada hacía presagiar el éxito. Nada, salvo el talento oculto de unos genios a punto de darse a conocer con rotundidad.

Por aquellos tiempos, dos películas del director japonés Akira Kurosawa habían sido ya versionadas por el western. Tanto Rashomon (1950) como Los Siete Samuráis (1954) fueron ambientadas en el Oeste para crear Cuatro Confesiones (Martin Ritt, 1964) y Los Siete Magníficos (John Sturges, 1960). Así, Sergio Leone, buen conocedor del cine internacional, no dudó un instante en firmar su propia versión de una de sus cintas favoritas, Yojimbo (1961), que a su vez parece ser identificada como una adaptación no autorizada de la novela Cosecha Roja de Dashiell Hammett. En cualquier caso, es cierto que Leone no pagó los derechos de la versión y terminó, ante su posterior éxito, perdiendo el pleito contra la Toho japonesa que se quedaría con la recaudación de la cinta en los países orientales. Un modo amistoso de solventar al asunto que convenció a todos.

Encuentro con los Baxter.

Si bien el argumento es importante para la cinta, no es estrictamente en él donde radica el impacto de Por un Puñado de Dólares, sino en sus formas. Desde su estreno, el western no volvería a ser el mismo. Es más, su extrema violencia, básicamente generada por el ánimo de lucro, no sería entendida por los puristas del género. El western, de hecho, siempre presumió de defender principios de nobleza y moral. Debían establecer valores sobre el nacimiento de la nación, los actos heroicos desinteresados y las buenas intenciones que en la obra completa de Sergio Leone brillan por su escasez.

El Oeste de la Trilogía del Dólar es sucio, repleto de canallas que matan y mueren por dinero y/o venganza. La ambientación polvorienta destila sudor, calor y mal olor. Las mujeres, ni el amor, ni tan siquiera el deseo sexual, parecen caber en escena. Apenas encontramos más actos de buena voluntad que alguno visto en Por un Puñado de Dólares, cuando el protagonista rescata a una madre secuestrada por los villanos, lo cual, por cierto, se muestra como una debilidad que le trae graves consecuencias. Todo es agresivo, corrupto y lleno de frialdad. Semblantes serios -de los que Clint Eastwood es arquetipo-, miradas crueles, expuestas en primerísimos planos, y largas secuencias que, tras el suspense y la potente música de Morricone, terminan inevitablemente en un clímax violento de gran emoción. Una lograda estética, a medio camino entre opereta humorística y cómic, que resulta tan original como magnética.

Ramón (Volontè) disparando al corazón

En Por un Puñado de Dólares encontramos un pueblo, San Miguel, moribundo ante la guerra establecida por las dos familias más poderosas de la ciudad, Los Baxter, que trafican con armas, y los Rojo, que venden alcohol. Los negocios ilegales a un lado y otro de la frontera entre México y Estados Unidos fomentan la sangrienta contienda. En medio de ellos se situará nuestro “Hombre sin Nombre” (Clint Eastwood), quien observa la oportunidad de hacer dinero como mercenario entre ambos. Un peligroso juego en el que el astuto pistolero se mueve como pez en el agua hasta que los sentimientos, en un instante de flaqueza del corazón, le juegan una mala pasada. Sin embargo, pese a verse en serios apuros, éste se las ingenia para acabar con ambas familias. Los Rojo masacran a los Baxter durante una secuencia de extrema atrocidad y el personaje de Eastwood termina con Ramón, líder de los Rojo, en un duelo final inolvidable.  “Al corazón, Ramón, hay que disparar al corazón para matar a un hombre. Son tus propias palabras”.

¡Me encanta esté tipo! Biff Tannen dixit

Al término de la función, el espectador ya ha advertido la grandeza que acaba de contemplar. Lo bello e insólito de la fotografía, captada en gran parte del desierto español de Almería, la fortaleza de sus intérpretes, con un Eastwood inconmensurable y un villano de altura, Gian Maria Volonté, francamente inspirado bajo el seudónimo de "John Wells". Todo el conjunto rebosa Cine. Cada plano queda milimétricamente calculado para causar el efecto emocionante deseado. Su ritmo es perfecto, y la banda sonora sencillamente sobresaliente. El trabajo de Morricone resulta original, fresco y espectacular. Ya desde los encantadores créditos de inicio se mezclan tradición e innovación. El galop de guitarra, silbidos fantasmagóricos, coros sin letra y disparos potentes. Nada de jazz. El acabado es impecable y, muy pronto, Leone comprende la importancia de hacer su montaje y escena en función de la pieza musical de Ennio Morricone. Sus próximos proyectos son evidencia y producto exitoso de ello.


CON UNOS DÓLARES MÁS. LA MUERTE TENÍA UN PRECIO.


Pese a las severas críticas hacia su dudosa ética y moralidad, Por un puñado… es un éxito y el rodaje de su secuela es inminente. Para ella, Leone recurriría al mismo equipo, volviendo a presentar a un Clint Easwood que aparentemente repite picaresco personaje, si bien aquí es apodado "El Manco". En ningún momento la historia goza de continuidad con su predecesora. De hecho, los mismos actores ahora interpretan papeles distintos, destacando la reaparición de un estupendo Volonté, convertido ahora en “El Indio”, jefe de una banda de desalmados y atracadores de bancos, adicto a la marihuana y sádico de verdad. Pero si una aparición no pasaría desapercibida en este segundo film es la Lee Van Cleef. Un secundario en horas bajas, rasgos afilados y mirada penetrante que sería todo un hallazgo y se convertiría en clásico instantáneo. Su personaje, el “Coronel Mortimer” resultaría otro pistolero inolvidable. Un hombre maduro, curtido en mil batallas, al que algo más que el dinero le mueve en su caza a “El Indio”. Todo un mago del revólver repleto de letales sorpresas.

Lee Van Cleef entra en escena

Si anteriormente el tema escogido por Leone era el de un hábil mercenario, en esta ocasión los recurrentes caza-recompensas del Lejano Oeste son los protagonistas de su obra. Así, diseñada con gran precisión, la cinta presenta brillantemente personajes y trama, conduciendo la historia hasta un glorioso desenlace, marca de la casa, donde la música de Morricone y el mítico reloj de el “Indio” marcan el ritmo de otro apasionante duelo para el recuerdo.

Estrenada en 1965, el mayor presupuesto respecto a su predecesora, además de la experiencia ya ganada, hacen del film una obra maestra de gran éxito y calado entre el público. Cada una de sus memorables secuencias huele a clásico imperecedero. Los llamados “elementos Leone” brillan aún más en un escenario idílico, extremadamente cuidado, convirtiendo Almería en un lugar de culto para sus seguidores hoy en día.

El inolvidable Indio

Formidablemente realizada, los graves y cortos diálogos de los personajes forjan la leyenda del western europeo. El film arrasa en taquilla, pero la crítica más rancia continuará atacando sus valores morales con dureza. No obstante, las acusaciones de corrupción sobre el género sólo acrecentarían su refrescante imagen. Una manera de entender el cine que ha contado con seguidores y alumnos aventajados hasta nuestros días, destacando sobremanera Sam Peckinpah y Quentin Tarantino. Una vez realizado el primer disparo, el fenómeno ya era imparable.


BORDEANDO LA PERFECCIÓN. EL BUENO, EL FEO Y EL MALO
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Entendida como una brillante antología de su particular universo, esta tercera entrega de Sergio Leone sobre las aventuras del astuto “Hombre sin Nombre” resulta sublime. Ciertamente, en 1966 el prestigio del equipo realizador generaba confianza y financiación para rodar el tercer western de la saga. La merecida ampliación de presupuesto permitía soñar con más altas cotas, convirtiendo la ambientación de la cinta en un verdadero éxito artístico.  

Argumentalmente, el ansía de dinero volvería a empujar a sus picarescos y duros personajes, enredados, esta vez, en una ambiciosa búsqueda del tesoro. No faltarán el humor sarcástico, la extrema violencia, el cuidado de los planos y la música Morricone que harían grandes a sus predecesoras. Sin embargo, aunque todo parece indicar que estamos ante una empalagosa repetición de lo ya contemplado, El Bueno, el Feo y el Malo trasciende este concepto para convertirse en el gran clásico del spaghetti western y de la trilogía. Y lo hace, además de mejorando y ampliando elementos comunes, abriendo nuevos horizontes con una irónica crítica a la guerra, y deleitando al espectador con un inteligente guión dotado de gran ritmo y un divertido desarrollo road movie donde sus intérpretes protagonistas deslumbran.

Il Triello

Como no podía ser de otra manera, el desenlace de la obra redondea la película y la saga con brillantez. Un final magnífico. Majestuoso. Mejor aún que los anteriores, si es que eso es posible, con un emocionante duelo a tres (Il Triello, bautizado por Morricone, con unos tremendos Eastwood, Wallach y Van Cleef) que pasaría a la Historia con toda justicia. Atrás quedarían los tópicos sobre la mediocridad del western europeo. Las críticas seguirían estando justificadas, en ocasiones, para multitud de subproductos oportunistamente bastardos. Pero, sobre la mágica trilogía de Leone, sobre la maravilla creada por ese notable director y su equipo, no se atisbaría la más mínima sombra de duda. Jamás se volvería a hablar de sus spaghetti western de manera despectiva.


Principales Fuentes Consultadas:

- "Sergio Leone, Algo que Ver con la Muerte". Christopher Frayling (T&B Editores. 2002)
- "Breve Historia del Western Mediterráneo" Rafael de España. (Barcelona: Glénat, 2002)
- "720 Directores de Cine". Augusto M. Torres (Ariel. 2008)
- "La Trilogía del Dólar. Sergio Leone o la revolución del western". Rafael de España. (IMPULSO RECORDS. 2008)
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- "Sergio Leone". Carlos Aguilar. (Cátedra. 2009)
- The Spaghetti Western Database (web)


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