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“Siempre me preguntan -Oye Bruce, ¿de verdad eres tan bueno?- , y yo respondo -Si digo que sí, pensaréis que estoy alardeando,…pero si digo que no lo soy, seguro que me llamaréis mentiroso-. Así pues, intentaré ser sincero. Lo diré de otra forma: no tengo miedo a ningún oponente. Sé que soy autosuficiente y que nada me preocupa. Cuando tomo la decisión de luchar o de defenderme, ya no hay más que hablar, se acabó… y más te vale matarme antes.” BRUCE LEE
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BRUCE LEE: VIDA, OBRA Y LEGADO.

Infancia y adolescencia. Nacido en San Francisco, Bruce Lee vio la luz el 27 de noviembre de 1940, año astrológico del Dragón chino, mientras su padre, el actor cómico Lee Hoi Chuen, se encontraba de gira en Estados Unidos con su compañía de ópera cantonesa. Al finalizar ésta, la familia regresaría a Hong Kong, donde el pequeño pasó su infancia y adolescencia. Su madre, Grace, china de ascendencia alemana, le llamó Lee Jun Fan, nombre oriental utilizado por todos hasta los doce años. Sería entonces, con motivo de su matriculación en un colegio católico, cuando pasaría a llamarse ocasionalmente Bruce, tal y como la enfermera asistente en el parto le puso oficialmente. Más tarde, a los dieciocho años retornaría a Estados Unidos con el fin de obtener la doble nacionalidad, mostrando su partida de nacimiento y utilizando, desde entonces, su nombre americano definitivamente.

Pero, regresando a su infancia en Hong Kong, cabe destacar un detalle poco conocido por el gran público: su intervención en más de veinte películas infantiles y juveniles, ciertamente muy alejadas del género de artes marciales. Aun así, en todas ellas ya podía apreciarse su enorme personalidad y ese carisma chulesco que tanto éxito le daría años más tarde en la gran pantalla. De tal modo, interpretando habitualmente papeles de pícaro y joven problemático, el pequeño compaginaría la carrera cinematográfica con su formación académica y la temprana afición por la lucha oriental, inculcada por su propio padre.

En estas cintas, era normal ver a Bruce metido en líos y, con el tiempo, aunque no solía practicar movimientos marciales ante la cámara, las peleas callejeras formaron parte de sus pendencieros personajes. Hasta qué punto influyeron estos papeles en su propio carácter, o viceversa, es muy difícil de concretar. Lo que sí parece cierto es que el actor tuvo una adolescencia muy conflictiva, repleta de refriegas entre pandillas, motos, chicas y peligros en las calles de Hong Kong. Este entorno, sumado a su natural atracción por el Kung Fu, condujo a Bruce a tomar clases de Wing Jun (variante de éste), bajo la observación de su primer maestro oficial, el venerable Yip Man.

Pero, aparte del Kung Fu y el cine, otra actividad cultural ocupaba el tiempo del inquieto muchacho: el baile del Chachachá. De esta manera, Bruce encontró en este pasatiempo, además de reconocimiento con varios trofeos, una forma de entrenar a la vez que ganaba algo de dinero impartiendo clases. De hecho, gracias a esta profesión eventual, el joven logró reunir unos ahorros durante la travesía en barco que le llevaría a su nueva aventura en Estados Unidos. Regreso a Estados Unidos. Juventud. En cualquier caso, cumplidos los 18 años en 1958, Bruce Lee hubiese viajado a San Francisco para reclamar su útil nacionalidad estadounidense. Sin embargo, sus constantes enfrentamientos callejeros y los crecientes problemas con la policía aceleraron el proceso e hicieron imprescindible el retorno a su ciudad natal. De esta manera, ante el creciente miedo de sus padres a la mafia china, el joven inició una nueva vida en Norteamérica. Allí, pronto cambiaría San Francisco por Seattle (Washington), donde encontró trabajo en un restaurante chino que le permitió costearse, inicialmente, sus gastos como estudiante. En su nueva ciudad, el joven encontraría equilibrio y tranquilidad, logrando, sin olvidar su pasión por el Kung Fu, graduarse en el instituto e ingresar en la universidad para estudiar Filosofía.

Ambicioso y estudiante aplicado, Lee se esforzó con ánimo para labrarse un futuro. Sin embargo, aunque la vida le sonreía, en ocasiones se sintió discriminado por su naturaleza oriental, siendo esta circunstancia una fuente de preocupación constante para él. Esta etapa, en la cual sufrió un desengaño sobre el sueño americano, marcó gran parte de su posterior carrera, resultando una necesidad vital para el joven demostrar constantemente su valía como ciudadano de origen chino. Obsesionado con el entrenamiento y la preparación física, Bruce Lee siempre se esforzó al máximo por mejorar su técnica y fortaleza. La maestría que alcanzó en las artes marciales no tardaría en llamar la atención entre sus compañeros de clase. De hecho, lo que comenzó por unas lecciones entre amigos, acabaría por convertirse en su ocupación principal. Así, el talentoso muchacho hizo de su afición una verdadera profesión, logrando abrir una cadena de gimnasios llamados Fan Gung Fu Institute, en memoria de su nombre chino. Paulatinamente sus métodos se convirtieron en todo un referente en la materia con innovadoras ideas, como el Jeet Kune Do -arte del puño que intercepta- (leer, al pie de este artículo, contenido extra relacionado), o el ingenioso diseño de varios aparatos de gimnasia que le permitirían efectuar fuertes ataques sin apenas armar el brazo, como el famoso "Golpe de una Pulgada".

Su fértil imaginación y los intensos métodos de entrenamiento que ideaba no dejaban de asombrar a sus alumnos, los cuales aseguran que Bruce era el mejor porque entrenaba más duro que nadie. Su filosofía de trabajo sólo entendía el máximo esfuerzo y la constante práctica de los movimientos. Siempre animaba a sus pupilos a buscar la mejora desde el sacrificio propio: "Primero has de aprender, y después practicar y, posteriormente, practicar más hasta tener experiencia. Más tarde, has de mejorar constantemente. El cambio sólo puede venir de dentro. No lo busqueís fuera de vosotros". Sería en esta féliz etapa cuando Bruce conocería a Linda Emery, compañera y alumna suya, la cual pronto se convertiría en su esposa y madre de sus dos hijos, Brandon y Shannon. Buen padre y profesional de prestigio, Lee había alcanzado el equilibrio físico y espiritual que le llevaría a nuevas cotas en su arte y oficio.

La enorme reputación alcanzada como profesor le permitió cobrar importantes sumas de dinero a sus seleccionados alumnos, que muestran, aún hoy en día, una devoción increíble al maestro. Un hombre que enseñaba a pelear al mismo tiempo que inculcaba su filosofia directa y efectiva sobre las artes marciales. Un original ideario que invitaba a la adaptación constante del hombre al medio, sin rigidez de estilos ni ideas preconcebidas. El mítico "sé como el agua", una de sus lecciones favoritas, realmente engloba gran parte de sus conceptos técnicos y filosóficos.

Sin embargo, esta obsesión por difundir las artes marciales y la cultura china en Occidente, le devolvería a la senda de los conflictos. Así, el simple hecho de aceptar alumnos no chinos sería muy mal visto por el resto de maestros de Kung Fu, concretándose dicha rivalidad en varios desafíos en los que la vida de Bruce pudo correr serio peligro, sobre todo tras sufrir una gravísima lesión de espalda que le mantuvo seis meses paralizado. No obstante, sobre estos oscuros enfrentamientos poco puede tratarse con verdadero rigor lejos de la leyenda. Lo cierto al respecto es que el joven continuó su actividad normal y que los retos en exhibiciones, de los cuales aceptó muchos, volvieron a formar parte de su vida hasta el final, no quedando documentada ninguna derrota en su historial. Así, desde su época como brillante profesor hasta que se convirtió en estrella del cine, nadie pudo colgarse el prestigioso cartel de “yo derroté a Bruce Lee en combate”, que tanto significaría en ambos campos. Primeros pasos cerca de Hollywood. Pese al reconocimiento que Bruce Lee tuvo como instructor, su ambición siempre consistió en triunfar en Hollywood y, desde esa plataforma, difundir las artes marciales. Con este objetivo, y tras hacer algunos contactos en California, la familia Lee se trasladó a Oakland en busca del éxito cinematográfico. La oportunidad de demostrar su talento ante las cámaras llegaría en varias series de televisión. Así, tras deslumbrar a un productor en una exhibición deportiva, Lee lograría asegurarse varios papeles en la pequeña pantalla, entre los que cabe destacar el del secundario Kato en el serial El Avispón Verde, donde alcanzó incluso más fama que el protagonista.

En cualquier caso, aun logrando cierta popularidad en los estudios americanos, Bruce no conseguiría hacerse un hueco en el cine. Tremendamente frustrado, el joven actor era ignorado por la industria una y otra vez. Para mayor disgustó, éste comprobó cómo graves motivos raciales le apartaban del público americano, acabando, definitivamente, con todas sus ilusiones el hecho de no conseguir el papel protagonista para la popular serie Kung Fu, que caería en manos de David Carradine. Estas circunstancias, sumadas a la nostalgia que el Joven Dragón sentía por China, propiciaron el regreso a Hong Kong en 1970, donde éste esperaba tener más suerte en el cine. Retorno a Hong Kong. Éxitos con la Golden Harvest. El primer paso para Bruce Lee sería probar fortuna en los mayores estudios cinematográficos de Hong Kong, la Shaw Brothers Studios, factoría de la que saldrían algunos de los más célebres clásicos de las artes marciales de todos los tiempos. Sin embargo, pese a su creciente popularidad gracias a El Avispón Verde, ningún productor parecía interesarse por hacerse con sus servicios. Estancada en historias sobre la China antigua, la industria de Hong Kong no llegaba a ningún acuerdo económico con el ambicioso actor. Menospreciado nuevamente, la sombra de la decepción volvía a planear sobre un Lee considerado un artista marcial del montón.

No obstante, Raymond Chow, recientemente salido de la Shaw Brothers y fundador de un pequeño estudio llamado Golden Harvest, sí supo ver en Bruce Lee su tremendo potencial. De esta manera, y tras ser convencido por el joven actor, Chow confió en él para su próxima película, Karate a Muerte en Bangkok, la cual sería rodada en Tailandia con un ínfimo presupuesto. Pese a las múltiples dificultades del rodaje, el carisma del entusiasta Bruce Lee logró sacar adelante el proyecto. Estrenada en 1971, el éxito de la película fue gigantesco. Su contundente estilo conectó al instante con el público y la producción batiría todos los records de taquilla en el sudeste de Asia. Tras muchos años de trabajo y sacrificio, había nacido una superestrella. Un artista capaz de revolucionar el género de las artes marciales con su realismo, energía y arroyadora personalidad.

Tras su primer largometraje para Chow, pronto llegarían dos más, Furia Oriental (1972) y El Furor del Dragón (1972), esta última dirigida por el propio Bruce Lee, las cuales superarían los registros de taquilla en cada estreno. En todas ellas, el célebre artista marcial dejaría el sello de su descomunal talento como luchador, así como mostraría su buen humor, magnetismo y gran sentido de la responsabilidad con sus compatriotas. Así, como pueden leer en cada una de las críticas publicadas por VaDeCine.es, las temáticas de sus obras comparten una defensa a ultranza del orgullo chino y su identidad propia, así como suelen mostrar su Kung Fu como metáfora de rebelión contra las vejaciones sufridas por estos en todo el mundo. Operación Dragón. La consagración. Una vez convertido en una celebridad en su tierra, el eco de su popularidad pronto traspasaría fronteras. De este modo, la gran oportunidad americana para Bruce Lee no tardaría llegaría de la mano de la Warner Bros. Una potente productora capaz de apostar por el futuro de Lee en Hollywood con un ambicioso proyecto de gran presupuesto para el género: Operación Dragón.

Estrenada en 1973, y dirigida por Robert Clouse, el éxito de la cinta convirtió a Lee en toda una superestrella internacional. La hora de triunfar en la industria estadounidense había llegado. Tras el furor causado por su arte, al fin, todas las puertas quedaban abiertas para el maestro. Multitud de proyectos ambiciosos e interesantes, como la aparcada Juego con la Muerte, parecían tener el futuro asegurado. Sin embargo, Bruce Lee no viviría para saborear su gran triunfo y revancha en Hollywood. El 20 de Julio de 1973, una semana antes del estreno de Operación Dragón, la muerte llegaría para el mítico actor a los 32 años de edad. Muere el hombre. Nace la leyenda. Rodeado de una gran controversia, el fallecimiento de Bruce Lee sume en la tristeza a todos sus fans y amigos. La causa oficial extraída de la autopsia habla de una reacción extremadamente sensible a un compuesto del "Equagesic", tomado por éste para mitigar unos dolores de cabeza recurrentes. Esta hipersensibilidad condujo a un hinchazón del cerebro que dio lugar a que Bruce Lee se sumergiera en un sueño profundo del cual nunca despertaría. Sus dos funerales, el primero multitudinario en Hong Kong, el segundo más privado y rodeado de amigos y compañeros del cine en Seattle (Estados Unidos), hablan por sí mismos del enorme cariño que todos tenían a este gran hombre.

Enterrado en el Lake View de la ciudad de Seatle, y homenajeado con una estatua en su honor en el paseo de la fama de Hong Kong, Bruce Lee continúa recibiendo constantes muestras de respeto en ambos lugares de culto. Muchas son las dudas, leyendas urbanas y cuestiones que se siguen generando, años después, sobre las circunstancias de su trágica desaparición. Incluso llegó a hablarse de una maldición familiar tras la muerte de su primogénito, Brandon, en 1993 durante el rodaje de El Cuervo. Pero, mientras otros debaten sobre cómo murió el legendario Bruce Lee, muchos seguimos prefiriendo saber más y más sobre cómo vivió. Descanse en paz, maestro. CONTENIDO EXTRA: Bruce Lee. Fundador del Jeet Kune Do. FRASES CÉLEBRES. (haga click sobre imagen)

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Tyler, recuerdas nuestra conversación del sábado noche sobre Lee y eso de q no le habían tocado la cara? La cita q encabeza este artículo es la que t comentaba.