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Barry Gifford en el Abycine'09
Escrito por Mr. Sandman   
Lunes, 28 de Septiembre de 2009


Valoración espectadores: 8.53


El festival de cine de Albacete, Abycine, celebra estos días una nueva edición en la capital manchega. Uno de los puntos fuertes del programa es la visita de Barry Gifford, el novelista y guionista asiduo colaborador de David Lynch. Gifford presentó el pasado Viernes City of Ghosts junto a su director, Matt Dillon, y el Domingo por la tarde tuvo un encuentro con el público en el que habló sobre la difícil tarea de conversión de una novela en guión de cine.

"Las películas surgen mejor de una manera orgánica, ya que son una colaboración entre muchas personas. El guión es un paso previo, por lo que hay que comenzar con un plan, con una buena historia. Aunque no necesitas realmente ninguna de esas cosas, no hay reglas. Lo importante es hacer una buena película, y en toda la historia del cine tal vez sólo ha habido 150 buenas películas. Realmente una buena película es un accidente afortunado".

Matt Dillon y Barry Gifford en Abycine

Aunque Gifford ha colaborado en muchas ocasiones en las adaptaciones de sus novelas y otros proyectos tanto cinematográficos como para televisión, no deja pasar la oportunidad de hacer una declaración de principios. "Yo soy una persona literaria, de ahí procedo. Y el hecho de que a muchos directores y productores cinematográficos les haya gustado mi obra para llevarla al cine es sorprendente. Me encantan las películas, pero escribir una película y una novela son dos lenguajes muy diferentes. Lo único similar es que utilizas palabras". Dicha sorpresa se basa en su independencia, la cual deja clara. "Tu labor como escritor no es que la gente se sienta identificado con los personajes, los personajes extremos deben ser auténticos, provoquen simpatía o rechazo, deben ser reales. El espectador debe creérselos, debe aceptarlos aunque no tengan nada que ver con sus propias experiencias, ésa es tu meta. Cuando escribo una novela no pienso en su adaptación cinematográfica ni quiero llegar a un público determinado, sólo pienso en contar eficazmente la historia que quiero. A partir de ahí espero que la propia historia sea la que encuentre su público. Sin embargo, siempre escribo pensando en una imagen. Por ejemplo, con la imagen de unos personajes conduciendo un coche viejo por un desierto con un relámpago por detrás, me pregunto quién va en ese coche y adónde".

Como buen autor, cuida con celo de su criatura, de modo que controle todo lo que pueda rodear su adaptación. "A la hora de escribir películas me gusta trabajar con el director para que así luego no haya sorpresas inesperadas, que él sepa lo que yo quiero proyectar en la pantalla y ver cuáles son sus capacidades. La buena comunicación es muy importante, debes confiar el uno en el otro. Antes de conceder los derechos de mis textos, tengo conversaciones muy serias con quien pretenda hacerse con ellos. A veces las cosas escapan de tu control como con Perdita Durango, no es una crítica a ella, es un hecho" Sus textos son muy codiciados, de hecho incluso Almodóvar intentó rodar éste último. "El libro de Perdita Durango había sido un best-seller. En un principio Bigas Lunas fue contratado para dirigirla, aunque no llegó a hacerlo. El proyecto estaba en el aire por ahí e incluso Pedro Almodóvar intentó comprar los derechos, pero no se los dieron. Probablemente fue una decisión correcta. Quiero mucho a Pedro, es mi amigo, pero Perdita Durango hubiera sido otra cosa muy diferente con él".

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Carretera perdida

Sin lugar a dudas, Gifford tiene mucho que ver con el resultado final que vemos en pantalla, mucho más que la colaboración en el guión. El uso del color en Carretera perdida es una muestra de ello. "El blanco y negro da un juego constante de misterio a las películas, algo que no se puede hacer con el color. De hecho en un principio, cuando empezamos a escribir Carretera perdida era una película en blanco y negro, pero los estudios nos pararon porque decían que sería imposible vendérsela a las televisiones. Entonces discutimos cómo captar ese misterio del blanco y negro, ese encanto, con color. Si ves la película, hay mucha oscuridad, la gente desaparece en negros, en rojos. Todo eso fue diseñado sobre el papel, lo escribimos así". De hecho, Carretera perdida es, de entre todas sus obras llevadas al cine, su favorita. "Carretera perdida es la película en la que se ha sido más fiel a mi texto. Todo está en su sitio, donde debe estar".

 

La génesis de su cintas siempre han tenido anécdotas e intrahistorias curiosas. Nos explicó, por ejemplo, los orígenes de ésta última."Carretera Perdida está basada sobre todo en una frase de dicho libro. Al comienzo del texto, una chica le dice a otra dentro de un coche: "Tú y yo somos como dos apaches, sin rumbo fijo en una carretera perdida". A mí me gustó esta expresión, la cual no es nada original ya que estaba en una canción de Hank Williams y a partir de ahí construimos la película. David y yo estuvimos escribiendo un primer borrador del guión. En ese momento tuve que venir a España a promocionar un libro y David volvió a San Francisco, lo cual nos dió una oportunidad a los dos de leer en profundidad dicho borrador. Cuando nos volvimos a reunir dos semanas después los dos coincidimos en que a ninguno nos gustaba esa primera versión. Era demasiado divertida, tenía demasiadas bromas, mientras que la historia que queríamos contar era tal que había que narrarla con cierta seriedad. Podía haber humor, pero tenía que ser sutil. Nos pusimos de acuerdo en reescribirlo y quitarle todo ese humor visual. Creamos una situación en la que un personaje tenía una crisis mental, pero nunca pensamos si realmente eso era posible que le ocurriera a alguien. Y nos pasó algo realmente divertido. En otro de mis viajes en el avión me senté al lado de una psiquiatra profesora de la Universidad de Stamford. Una señora que nunca iba al cine ni leía literatura contemporánea y que no nos conocía ni a David Lynch ni a mí, por lo que era la persona perfecta para hablar sobre este episodio. Cuando le hablé de ellos respondió con seguridad diciendo que claramente ese personaje sufría un desorden que realmente existía y me explicó lo que podría pasar a partir de ahí, por lo que al bajar del avión llamé a David y le dije que realmente estábamos pisando terreno sólido. Cuando retomamos la escritura lo hicimos con más confianza y seguridad. Aun así, no tenemos verificación clínica de  que lo que ocurre a partir de esa situación en la película tenga fundamento médico".

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David Lynch

El alto nivel de compromiso en sus trabajos hace que se involucre mucho en todos los proyectos, resultando a veces en disparidad de criterios con otros creadores. "Siempre existe el miedo a que la visión del director cambie la tuya propia sobre tu texto. Se trata de comunicación. De hecho me ha pasado un par de veces. En Corazón salvaje, David me mandó su guión para que yo lo leyera y le hiciera algunos comentarios. Me preguntó que qué me había parecido y le respondí que me gustaba pero que había eliminado la frase clave de toda la película, cuando Lula dice "Este mundo es un mundo de corazón salvaje y nosotros estamos en todo lo alto". David reescribió el libreto y la colocó brillantemente introduciéndola cuando Lula está sola en el motel de Texas, mientras que en la novela aparece muy al principio, el lugar adecuado para la novela. En City of Ghosts, Matt Dillon borró la frase clave en la que un personaje responde a otro que no pueden volver desde Camboya a New York porque ésta es una ciudad de fantasmas, mientras que el espectador podría pensar que la ciudad de los fantasmas es la ciudad camboyana, lo cual es lo interesante. Eso es lo que yo escribí, pero Matt lo eliminó sin decirme nada. Cuando yo vi la película Matt me contó una milonga sobre que él lo veía como una metáfora y no sé qué rollo. Después de la proyección en Toronto una señora nos preguntó sobre qué versaba el título, y yo me giré hacia Matt y dije que era mejor que el director respondiera a eso. A decir verdad, Matt fue honesto y contó la historia". Las sonrisas entre las que relata sus anécdotas dan fe de la complicidad que ha existido con sus colaboradores, para bien o para mal.

Su añoranza por cierta vertiente del cine clásico es patente, como queda reflejado en su libro de ensayos sobre películas de cine negro y en sus fantasías: "Muchas veces me preguntan cómo hubiera dirigido Corazón salvaje en el caso de tener oportunidad. Y yo contesto que si de mí hubiese dependido la hubiera hecho en 1958 con Nicholas Ray, Paul Newman y en blanco y negro. De todas formas me gustó mucho el resultado. De hecho la noche antes de su proyección en competición en Cannes, sobre las dos de la mañana, la vimos unas ocho personas entre productores y demás en la misma sala en la que iba a ser mostrada. Antes de irnos a dormir David me dijo que al día siguiente le diera las impresiones que había causado en mí con una sola palabra. Al día siguiente, cuando le vi, le dije:¿Pueden ser dos? No aburrida".

¿Y en el futuro? "La nueva novela que estoy escribiendo es un western ambientado en México en 1850. No hay nada sobre una película aún". Estamos seguros que en dicho nuevo trabajo se mantiene fiel a sus principios de contar las historas que le interesan, aunque no será porque no sepa dónde está la pasta. "Si quisiera hacer dinero escribiría comedias televisivas sobre sexo para treintañeros, eso es lo que quieren los estudios". No, por favor, no.

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