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Crónica de Sitges 2012. Domingo 7 de octubre
Escrito por Dr. Manhattan   
Lunes, 08 de Octubre de 2012


Valoración espectadores: 0

J.A. Bayona y Tom Holland

Paso ligero para alcanzar el centro del pueblo y poder tomar un café que me termine de despertar, antes de la proyección especial fuera de concurso de Lo imposible. ¿Resultado? 4 euros por el dichoso café más un cruasán. En Sitges no deben haber escuchado la palabra crisis, no. Alcanzo justo a tiempo el Auditorio y aparecen sobre el escenario J.A. Bayona y Tom Holland, director y uno de los actores de la película. Bromas, colegueo y en general mucha simpatía por parte de ambos hacia el público, al que consiguen ganarse antes de que empiece. Y empieza. Y parece que va a ser la típica cinta de catástrofes edulcorada hasta el extremo... pero no. Después de presentarnos a una familia adinerada que juega a ser feliz en sus vacaciones, irrumpe la reproducción de las tristemente famosas imágenes del tsunami tailandés; y digo reproducción porque aunque en verdad sea un imposible su traslación literal, Bayona parece hacerlo posible, y coloca la cámara en mitad justo del desastre haciéndonos partícipes de primera mano del mismo, aunque sin el riesgo de sufrir ningún daño, lo cual puede llegar hasta incomodar moralmente. Una secuencia de un realismo brutal, sencillamente sublime, como pocas se han visto en el cine de catástrofes. Tras la tempestad, una incómoda calma que propicia la búsqueda de los familiares perdidos mientras sufrimos el dolor, muy bien reproducido tanto físico como anímicamente, junto a alguno de los protagonistas. Propuesta equilibrada dramáticamente y que desprende una gran lectura humanista, Lo imposible se erige como cine de altos vuelos, confirmando a Bayona como alguien capaz de manejarse en una superproducción hollywoodiense.

Momento de impás en la sala de prensa en el que uno aprovecha para hacer relaciones, hamburguesa rápida de nuevo en el centro del pueblo y sin solución de continuidad, exhibición en El retiro de O Apostolo, una pequeña pero muy interesante cinta de animación gallega en stop-motion. La misma productora del film nos cuenta que gustó a Tim Burton, y la verdad es que no es para menos, ya que tanto a nivel de diseño y ejecución de personajes como, sobre todo, por su atmósfera de misterio y de mal rollo que desprende ese pequeño pueblo gallego en el que está ambientada, resulta una cinta lograda. Pero sobre todo denota el esfuerzo que esta clase de animación conlleva en todo el equipo, y cuando el presupuesto es moderado, tiene más valor. La única pega, su duración, ya que se trata de una historia de la que nos habremos empapado y visto su esencia mediado el metraje, y sin embargo se va más de 70 minutos; queda la impresión de que hubiera encajado a la perfección en un corto de larga duración.

Sesión de tarde de nuevo en el Auditori para ver, por fin, una de las cintas que más sensación está causando ahora mismo en la red: The cabin in the woods. No se puede contar mucho porque se destriparía su esencia, pero creedme cuando os digo que es ésta muy marciana, nada de lo que uno pueda esperar de una cinta de terror... o sí, pero de manera invertida, haciendo constante hincapié en la construcción de un metalenguaje cinematográfico. Referencias y homenajes, pero a la vez burlas y parodias se suceden en esta cinta que desde ya mismo pasa a ser una obra de culto de referencia para todo aficionado al género. Segunda gran película del día, tan parecida a la española como un calabacín a un gato; pero yo tan contento de la variedad de la muestra.

El equipo de O Apostolo

Normalmente la gente sale rápido de las proyecciones, pero en esta ocasión fue un visto y no visto, y es que un Barça-Madrid, y en Cataluña, no es cualquier cosa. Tengo la suerte de vivirlo en el mismo hotel de la sede principal, el Meliá, por donde siempre pululan personajes famosos como Carlos Pumares o el mismo Ángel Sala, director del certamen. Así, tengo ocasión de comprobar, entre gol y gol de ese gran partido de fútbol que se disputó ayer, lo forofo que puede llegar a ser éste último, que situado en primera plana del bar, jalea a los numerosos acérrimos que se dan cita. Fútbol es fútbol como diría aquel buen serbio, y en efecto desata más pasiones que cualquier proyección de Sitges.

Fin de fiesta otra vez en El retiro, con el reverso tenebroso de Lo imposible, como bien diría el director de esta cinta apocalíptica con la presencia delante y detrás de la pantalla (en calidad de productor y guionista) de Eli Roth, Aftershock. Salen a escena precisamente ellos dos, Nicolás López y éste, y el primero comienza a hacer una serie de bromas de índole homosexual con el “gringo”, a costa de la traducción de lo que dice. Humor chileno que provoca las carcajadas de todos los que estamos en las butacas. Casi fue lo mejor de la noche, ya que la cinta ofrece bien poco: su primera mitad transcurre entre fiesta y fiesta de discoteca, por supuesto con las tías buenas correspondientes de por medio; la segunda, el citado apocalipsis provocado por un tsunami, que hace que los maleantes de la ciudad escapen de las cárceles y provoquen un mayor desconcierto a nuestros protagonistas. Poco que aportar y perfectamente olvidable, sobre todo después de enmarcarse en el mismo día en que se pudieron ver dos obras tan importantes como las comentadas.

El equipo de Aftershock, con Nicolás López y Eli Roth

Y después de escribir estas líneas, parto hacia el Auditorio para ver la nueva de Rob Zombie, The lords of Salem. Tengo depositadas muchas esperanzas en este hombre ya que me gusta casi todo lo que hace, así que veremos. Me esperan unos 50 minutos de caminata, así que ¡me voy corriendo!

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