VaDeCine.es: Tu magazine on-line sobre cine con críticas, entrevistas y artículos.

     
Almodóvar y España: Evoluciones Paralelas
Escrito por T. Ripley. Colaborador   
Jueves, 19 de Marzo de 2009


Valoración espectadores: 6.60

Almodóvar y España

De todos es sabida la tormentosa relación entre el público español y Pedro Almodóvar (Calzada de Calatrava, 1949), siendo reconocido internacionalmente mucho antes que en su propio país, especialmente en Francia y en Estados Unidos. Y es que Almodóvar tiene dividida la opinión de España, como casi todo lo que se hace en este país.

Si algo tiene Almodóvar es que ha sido, es y será siempre moderno. Lo fue en sus inicios, dentro del movimiento cultural de "La Movida Madrileña", con su trasgresora forma de vestir y su liberal manera de pensar. También lo fue con su cine, libre de toda protesta contra el Régimen Franquista… bueno, no del todo, porque si gente como Serrat o Víctor Manuel y Ana Belén cantaban contra dicho sistema, Almodóvar, y sus compañeros, daban un salto cualitativo y hablaban directamente de lo que les gustaba, ya fueran electrodomésticos y funcionarias asesinas, hombres que van a ser madres o felaciones (mítica Suck it to me), generalmente de todo aquello que el Régimen había prohibido y que ahora salía a la luz con rabiosa fuerza. Drogas, sexo, mujeres barbudas, sadomasoquismo, homosexualidad, concursos de penes, ninfómanas y otros eran los temas de sus primeras películas (Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón [1980] y Laberinto de pasiones [1982]). Mientras tanto España tomaba conciencia de la existencia de otras realidades aparte de la exaltación de la familia, el peligro comunista, la perversidad de las conspiraciones judeo-masónicas o la represión como forma de gobierno. Y Almodóvar veía el nuevo mundo que se abría ante él con la curiosidad pasmosa de un niño prodigio.

Image


A partir de ese momento, una vez que Almodóvar ya sabía que era capaz de contar una historia, por muy dispersa que ésta fuera, se decidió a ahondar en sus personajes, en la construcción dramática, a investigar las posibilidades del lenguaje cinematográfico… A medida que Almodóvar, autodidacta sin prejuicios, iba aprendiendo con cada película el oficio de director de cine, España también hacía lo suyo: después de cuarenta años de Dictadura militar de derechas, el Partido Socialista ganaba las elecciones generales y todo el mundo se preguntaba: “¿será capaz la inquieta sociedad española de soportar un cambio tan grande de forma pacífica?”. Gracias a Dios (como dirían las madres), dio muestras de su capacidad, ya que en pocos años este país se convertía en un aventajado y eufórico reflejo de lo que había sido y la sociedad tomaba conciencia, poco a poco, de lo que significaba formar parte de un Estado democrático. Y Almodóvar retrató esta transformación en películas como Entre Tinieblas (1983), donde las monjas se adaptaban a la nueva sociedad española, viéndose obligadas a tomar medidas drásticas para escapar de la férrea tutela de sus superiores; o en La ley del deseo (1986), donde se hablaba de homosexuales y transexuales con total normalidad; también mostraba el tema del desarraigo de los que han tenido de abandonar sus pueblos para ganarse la vida en la ciudad en películas como Átame! (1989) y Qué hecho yo para merecer esto?! (1984), y es en ésta última donde mejor reflejaba una parte de la sociedad española, la de los currantes que sobrevivían en una jungla de chantajes y prostituciones morales a cambio de una vida un poco más soportable.  

Image

En los últimos años, en un momento crítico marcado por la inquietud mundial en todos los niveles (crisis económica, fracaso del sistema de las Naciones Unidas, guerras de religión, quiebra del sistema capitalista, crisis de la cultura occidental, el final de la Historia y un largo y ominoso etc.), Almodóvar llegaba a su madurez creativa: sus principios estaban plenamente asentados, su aprendizaje del uso del lenguaje cinematográfico estaba (casi) acabado (porque uno nunca termina de aprender). Y ahí volvió más intensamente su mirada a la España que le había acompañado. Dijo “No a la guerra”, se atrevió a denunciar la educación del terror de la época franquista que le tocó vivir, habló de otras formas de formar una familia y se convirtió en una estrella mediática que exportaba la modernidad de España por los puntos más recónditos del planeta. Pero también se volvió más intimista, más oscuro, más autobiográfico. En cada película vuelve sobre temas tratados en otras anteriores, pero con más profundidad y osadía, también a nivel visual.

Image


Así, al igual que España y el resto del mundo busca la manera de seguir hacia delante con esperanza, Almodóvar hace lo suyo con cada nuevo proyecto. Ahora es Los abrazos rotos, pero cuando pase el tiempo de presentaciones, galas y premios, se lanzará a un nuevo proyecto con el que dar rienda suelta a su mundo interior, que es a su vez una exuberante representación de la más popular cultura española.

Podría decirse que Almodóvar es, a su modo, un modo muy particular, y pese a quien le pese, un cronista de los últimos 30 años de la historia de España.

Compartir
Comentarios (0)
¡Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios! Crea tu usuario pulsando este enlace.
 
VaDeCine.es en Twitter VaDeCine.es en Facebook
Artículos