VaDeCine.es: Tu magazine on-line sobre cine con críticas, entrevistas y artículos.

     
Sueños, Lucha y Fe: Recorriendo la Espiral Áurea
Escrito por Error Humano   
Viernes, 20 de Febrero de 2009


Valoración espectadores: 9.77

Darren Aronofsky: Recorriendo la Espiral Áurea

Brooklyn, Nueva York. 12 de febrero de 1969. La ciudad permanecía ajena pero aquel día de invierno alumbraba en su seno a Darren Aronofsky, un muchacho que, cuarenta años después, se convertiría en uno de los realizadores más interesantes del panorama cinematográfico internacional. Respetado por el cine independiente, al que siempre pertenecerá, progresivamente la industria, convencida de su potencial, le tienta a formar parte de su poderoso engranaje.

DARREN ARONOFSKY… O CÓMO LLEGAR A SER DIRECTOR DE CINE

Con apenas cuatro títulos a sus espaldas, este realizador neoyorquino ya puede afirmar rotundamente que gran parte de sus sueños se han materializado. Desde joven sintió inclinación por el séptimo arte, siempre estuvo en su horizonte, justo delante de él. Graduado en el Edward R. Murrow High School, su destino parecía escrito y marchó a estudiar cine de animación y acción real a la Universidad de Harvard. Su talento era innato y el cortometraje presentado en su tesis doctoral, Supermarket Sweep, obtuvo un considerable reconocimiento, quedando finalista de los Student Academy Awards de aquel 1991. El prestigio obtenido por su primera cinta, protagonizada por su inseparable colega Sean Gullette, bien le valió una beca en el considerado Master de Dirección del American Film Institute.

Fernando Gil, digo... Aronofsky

Aun habiendo aprovechado la infraestructura formativa cinematográfica que sólo Estados Unidos sabe ofrecer (otro motivo para el sonrojo de la industria española), no fue sencillo para el joven Aronofsky conseguir financiación para aventurarse en el largo. Y es que el primer paso para un perfecto don nadie siempre cuesta; si bien, la fe en si mismo iba logrando que sus ideas se fueran concretando. Una tenacidad que se vio plenamente recompensada con la realización de dos cortometrajes más: Fortune Cookie, que vería la luz en 1991 y Protozoa, un par de años más tarde. Este último, alabado por la crítica e interpretado por una entonces desconocida Lucy Liu, sirvió como base para establecer el paso previo que todo cineasta independiente debe afrontar en pos de preservar su integridad creativa: fundar su propia productora. Para ello, contó con su amigo Eric Watson como socio. Así, en 1996, nació Protozoa Pictures con un objetivo simple pero no sencillo: llevar a cabo la realización de un largometraje.

Amante entusiasta del cine clásico, Aronofsky parecía empeñado en, tomando como base el sentido cinematográfico del viejo Hollywood, dar un completo lavado de cara al modo de filmar en su país natal. Su pasión desenfrenada por los cómics y las tendencias modernas ya se reflejaba en su ágil y poderoso estilo visual. Fascinado por el maestro cyberpunk Shinya Tsukamoto y su Tokyo Fist, presentado en Sundance en 1996, Darren pretendía dar forma en su imaginario a la feroz originalidad presente en aquel film japonés. Igualmente atraído por la leyenda que rodeaba Eraserhead de David Lynch y el primer cine de Cronenberg, el joven realizador buscaba otorgar estilo propio a aquella amalgama de influencias.

Por aquel entonces ya trabajaba en el guión de una asfixiante historia en la que, además de las mencionadas ascendentes en el aspecto puramente técnico y formal, se daban cita referencias de todo tipo (kabbalah, numerología, el mercado bursátil...) y una obsesión: la modelización natural de sistemas dinámicos a través de la espiral áurea. Estaba decidido: ese sería el andamiaje para construir su debut cinematográfico.

La espiral áurea

Evidentemente, la rebuscada temática no facilitó la búsqueda de financiación y, a pesar del ínfimo presupuesto final de la cinta (60.000 $), Aronofsky agotó sus recursos económicos mucho antes de la finalización del film, viéndose obligado a recurrir a sus amistades para sacar adelante el proyecto. Decidió pedir prestado 100 dólares a cada cara conocida para reunir fondos. Un pequeño papel prometía la devolución del importe si la película conseguía recaudar algo. Ni que decir tiene que todo su entorno aportó el dinero a fondo perdido, con la certeza de haber sido sableados.

Sin embargo, y contra todo pronóstico, Pi. Fe en el Caos (1998) supuso un Big-Bang en la carrera cinematográfica de Darren Aronofsky. Fotografiada en un logradísimo blanco y negro, esta matemática pesadilla underground se convirtió inmediatamente en película de culto para el cinéfilo independiente. A duras penas logró pasar el corte preliminar en Sundance pero, una vez seleccionada, su repercusión fue imparable. Premio al Mejor Director y aclamación popular. Una fiesta que siguió en los Independent Spirit Awards, donde se alzó con el galardón al mejor guión. Protagonizada de nuevo por su actor fetiche, Sean Gullette, el film logró devolver a los “accionistas” su participación y un emotivo beneficio.

Igualmente brillante resultó la aportación de su amigo y compositor de cabecera Clint Mansell, al que Darren encargó una banda sonora que encajase en el sofocante enfoque elegido para su película. Desde entonces, y hasta el momento, la fructífera relación se mantiene sana y brillante.

Sean Gullette en Pi

Finalmente, el espaldarazo definitivo llegaría con el interés de Artisan Entertainment por distribuir su ópera prima y financiarle su segundo proyecto, aún indefinido en aquel entonces. La inmensa afluencia de ideas propia del ecléctico cineasta fue el siguiente punto a solucionar. Darren sopesó varios proyectos, muy vinculados a su universo particular y su pasión por las historias gráficas. Una adaptación de Ronin de Frank Miller anduvo cerca de ser definitiva, pero su socio Eric Watson le incitó a leer un libro de Hubert Selby Jr., el guionista de su segundo corto. Aquella novela se titulaba Requiem For a Dream y subyugó al incipiente director. Su segunda parada estaba decidida, pero el propio Aronofsky dificultó el asunto: se empeñó en contar de nuevo en su equipo con el escritor del texto. El problema era generacional: Selby Jr. tenía 72 años y Darren apenas 30. Sin embargo, sus visiones, a priori extremadamente diferentes, convergían mucho más allá de lo esperable. Simplemente conectaban, reafirmando una singular amistad que continuó hasta la muerte del anciano en 2004.

Para este Réquiem por un Sueño (2000) el presupuesto se multiplicó, llegó el color, los recursos se ampliaron y manejó un reparto de altura en el que decidió repescar a la genial y olvidada actriz Ellen Burstyn, quien correspondió con una interpretación soberbia. La película consagró a la promesa Aronofsky. Esta historia sobre el descenso a los infiernos por los diversos toboganes de la drogadicción es, sin lugar a dudas, un clásico moderno con una fortaleza visual impropia de un cuasi debutante. Para los manuales académicos quedaron el uso de la SnorriCam como elemento narrativo y sus secuencias de subidón con montaje secuencial y frenético, aquellas que han sido conocidas mundialmente como fundadoras del denominado 'montaje hip-hop'. Rasgos formales que ya habían sido empleados en Pi y que desde aquí se convirtieron en marca de la casa.

Image

Consagrado, con libertad creativa y presupuesto, restaba comprobar el grado de compromiso de Aronofsky con el cine. Protozoa Pictures se reprodujo por esporas y fundó Amoeba Proteus, una filial de efectos digitales creada para ayudar a noveles y talentosos creadores con sus animaciones. Aronofsky se ha convertido en un ejemplo de fidelidad para con el cine independiente sin perder de vista a la industria. Convencido de poder aunar ambos universos, mudando en diferentes proyectos, Darren contrajo matrimonio con la actriz Rachel Weisz, una chica de culto con la que comparte vida, hijo e ideario.

Ambicioso en sus posteriores producciones, este inconformista realizador norteamericano intenta no estancarse y experimenta cinematográficamente con diversos géneros y apuestas estilísticas. Una labor de agradecer que, por el momento, ya nos ha regalado la controvertida The Fountain (2006), una historia atemporal sobre la vida eterna, y la aclamada y crepuscular The Wrestler (2008), su última huella. En la lejanía se atisba un horizonte prometedor. Ahora, Aronofsky recorre su propia espiral áurea, su anhelado sueño. Su ímpetu y fe en si mismo sacaron adelante la particular lucha. A partir de este momento, Darren marcará su camino. Tiene todo lo necesario para hacerse un nombre en la Historia del Cine. Sólo el tiempo sabrá medir su verdadera talla.

Aronofsky se explica

Compartir
Comentarios (0)
¡Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios! Crea tu usuario pulsando este enlace.
 
VaDeCine.es en Twitter VaDeCine.es en Facebook
Artículos