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SGAE: Malfuncionamiento e Hipocresía
Escrito por Error Humano   
Jueves, 12 de Febrero de 2009


Valoración espectadores: 8.35

SGAE: Malfuncionamiento e Hipocresía

A nadie resulta extraño comprar una de sus películas favoritas y encontrar un feo aviso advirtiendo que la piratería es delito. Si, para evitar el aleccionamiento, uno se intenta refugiar en el alquiler es aún peor: el anuncio se convierte en un plomizo y amenazante cuasi cortometraje, todo ello a pesar de que los videoclubs abonan religiosamente la cuota que les permite rentar la obra. Así, en un solo movimiento, como en un enroque, nos convertimos en paganinis y, aun así, sospechosos. Igualmente, al adquirir un ordenador o un CD virgen soportamos el canon de la propiedad intelectual que, con estadísticos argumentos, tira por tierra nuestra presunción de inocencia. ¿Quién o qué nos señala con el dedo? La temida e inefable Sociedad General de Autores y Editores, por supuesto.

Como es menester, la SGAE protege los intereses de autores de diversos ámbitos: obras dramáticas y coreográficas, composiciones musicales de todo género y audiovisuales como largometrajes, cortos, documentales, series de televisión, etc. Muy bien, hasta ahí de acuerdo, ¿quién podría dudar que los autores merecen cobrar por sus aportaciones creativas? De hecho, en el sistema económico actual parece imprescindible para el mundo de la cultura. Pero, ¿es la SGAE el único modelo factible? y, si teóricamente lo fuera, ¿funciona medianamente en condiciones?

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La asociación cuenta con el registro de las creaciones por parte de los propios artistas; de este modo, supervisa y gestiona el derecho de explotación tal y como lo conocemos: difusión, reproducción, copia, etc. Aquello que habitualmente denominamos ‘copyright’. En principio, y como entidad sin ánimo de lucro, la SGAE no obtiene beneficio alguno de la gestión de estos derechos, salvo lo descontado de la recaudación para cubrir los gastos de administración necesarios. Aun a riesgo de caer en conjeturas, y puesto que a ellos no les importa suponer mi condición de bucanero cultural, les aseguro que me agradaría echar un vistazo al departamento de nóminas de la citada sociedad.

Pero dejémonos de hipótesis y vamos al podrido grano: ¿cómo se efectúa el reparto del pastel? O, dicho de otra forma: una vez asumida nuestra culpabilidad, ¿a qué artista estamos pagando?, ¿quién y qué recibe más, y cuál menos? Una vez más, nuestra vieja amiga la estadística nos dice qué obras tienen mayor difusión y, por tanto, generan mayores ingresos. Sin embargo, el estudio es absolutamente sesgado, la desviación típica es reconocida incluso por la propia SGAE y los intervalos de confianza estadísticos con los que se realiza el cálculo conllevan que la representatividad quede mutilada, fomentando la desigualdad entre artistas. Si se analiza únicamente la divulgación en grandes discotecas, blockbusters, multicines y prime-time televisivo, quedan multitud de pequeñas y maravillosas excepciones sin cuantificar. Muchos pocos tienen su peso, pero no en este caso, no para el reparto de beneficios.

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Esta irritante partición no hace sino verse agravada, al menos en nuestro país, por la actitud de la SGAE y sus “artistas” cabecillas, los cuales, a la par que dan la murga con el sambenito de la piratería, no dudan en plagiar descaradamente a compositores, intérpretes, guionistas y directores de otras latitudes. Sangrante y vergonzoso resulta visionar muchas de las películas perpetradas por algunos de estos plañideros copistas, o presenciar cualquier capítulo del 99 % de nuestras series de ficción. Gags, secuencias o, directamente, argumentos enteros vilmente calcados, se agolpan en nuestra cabeza al menor ejercicio de memoria. Y en el ámbito musical, casi mejor no entremos. El ordenamiento jurídico castiga duramente el plagio, pero estos fariseos hacen callar a su desoída conciencia y continúan explotando su patente de corso mientras gritan a los cuatro vientos sus insoportables peroratas en contra de las copias ilegales del pobrecillo de a pie, tratando de ocultar, con sus “fuentes de inspiración”, el problema creativo de la ficción audiovisual patria en la actualidad.

El asunto se enquista si sumamos los corolarios anteriores: dado el mal gusto generalizado, la escasa calidad de las repulsivas copias, y aplicando el matemático porcentaje de reparto, se infiere que, precisamente, son estos auténticos corsarios que jamás respetaron la obra de otros artistas, los que se quedan con la mayoría de dividendos. Pingües beneficios para la vieja filosofía del “a Dios rogando, y con el mazo dando” y la hipocresía campando a sus anchas cual plaga bíblica.

Como broche de oro, muchos de nuestros “comprometidos creadores” tienen la desfachatez de dar lecciones morales y hablarnos de cultura, socialismo, solidaridad y grandes valores para la humanidad. Estos impresentables tienen suerte de que genios como Woody Allen, David Bowie o Matt Groening tengan mejores cosas que hacer que andar demandando a insignificantes sanguijuelas.

Soy el estómago revuelto de error humano…


Fuentes consultadas:

RD Legislativo 1/1996 de 12 de abril, Texto Refundido Ley de Propiedad Intelectual

www.sgae.es


Epílogo: Un antecedente para el optimismo.

Afortunadamente, y como esperanzador precedente, existe en nuestro ordenamiento jurídico el caso de una peculiar sala de conciertos, llamada “Beat” y con sede en Tomelloso (Ciudad Real), que jamás pagó la cuota que los bares han de soportar por pinchar música. Tras la denuncia de la siempre atenta SGAE, alegaron su derecho a no abonar el canon basándose en un fundamento de hecho: las bandas oldies and sixties que ellos, con evidente buen gusto, hacían sonar jamás recibirían un duro de aquella cuota. Tras años de investigaciones y juicios, Ricardo, su propietario, obtuvo el fallo favorable del juzgado. Recemos por que casos aislados como el citado, hagan recapacitar a una industria que, ya hace demasiado tiempo, perdió el norte cegada por el vil metal.
Noticia completa: pinche aquí.

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Tags: sgae  canon  pirateria  sala beat  
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Comentarios (8)
  • agente cooper

    Me compré aquí el primer disco de The Seeds como homenaje a tamaño santuario.

  • agente cooper

    Yo le preguntaría a la SGAE si Yimou-Zhang, Wong Kar-Wai o Emir Kusturika ven más o menos DVDs desde la llegada de internet y sus descaras piratas. Lo que ocurre, como dices, es que los que antes vendían por puro marketing quieren mantener su margen de beneficios (porque nadie se cree lo de las pérdidas con entradas al cine a 8 y 10 euros en Madrid). Señores, la película más taquillera del año pasado fue El Orfanato. Ese es el camino.

  • jota  - idiotas con blog

    Idiota es alguien sin razón, dice la RAE. Que se atrevan hacer bogs y dejar las pruebas por escrito me maravilla.

    El argumento de la presuncion de inocencia en el canon es la prueba del nueve de la ignorancia, el desconocimiento del ordenamiento jurídico y en muchos casos de la simpleza mental cuando no de la estupidez. El canon no presupone que el que lo paga hace algo ilegal. Es la compensación por la copia privada, algo perfectamente legal: puedes hacer una copia para tu uso de material protegido siempre que hayas tenido acceso legal al original y se compense a su dueño con el pago de un canon. Es lo que se pactó hace 30 años, la solucion que dio la industria electrónica (que es la que la paga ¿has ido alguna vez a la SGAE a pagar el canon?)para que se pudieran fabricar y vender aparatos de copia que violaban la ley y los derechos de los autores y propietarios de material. O sea que de presuncion de inocencia violada nada. Deja de escribir tonterias que revuelven el estomago.

    Respecto al resto de las estupiudas observaciones que perpetras -no me gusta insultar y descalificar, pero me ha contagiado tu texto y no lo puedo evitar, es tan venenoso- solo sirven de prueba de tu talento y altura intelectual. ¿Eres socio de la SGAE? Sospecho que no. Entonces ¿Quien coño te crees que eres para criticar o juzgar un trabajo que desconoces y sobre el que careces de derecho alguno? La SGAE es un sindicato, una sociedad que reparte sus beneficios entre socios de acuerdo a los criterios que estos fijan. Como cualquier sociedad, el que mas aporta, mas cobra. ¿Tienes algo que decir en como reparte sus beneficios el tendero de la esquina o el Banco de Bilbao? ¿A que no? ¿A que eso solo le importa a los dueños y accionistas del negocio? Pues eso. Aplicate el cuento. PAra tu tranquilidad, la SGAe esauditada por la adminsitración (AEVAL), el Ministerio de Cultura y por auditores externos que trabajan para los socios.

    El hipócrita, maleducado, injuriador, simple, manipulador, mal informado (aka ignorante) eres tu, hombre.

    Que conste que mi relacion con la SGAA es la misma que la tuya, les pago. Pero los argumentso que utilizais la gente como tu, las insidias, las falsedades y las estupideces me revuelven el estomago. COmo a ti, solo que con motivo.

    Se consecuente y no censures este comentario...

  • barry lyndon

    Aquí no se censura nada Jota, puedes pasar siempre que quieras a 'sentar cátedra'. Por cierto, ¿eres de los que crees que la legalidad siempre es perfecta, infalible, bienintencionada, límpia y no guarda segundas intenciones?,justa en definitiva?? enhorabuena, también hubo códigos como el de Hammurabi, la Ley del Talión.. incluso hoy en día la pena de muerte está detro del marco legal en muchos lugares...¿no es discutible de principio a fin? Otra cosa amigo, lo del canón: hay gente que usa los cd para guardar sus propios contenidos...

  • error humano

    Si tan seguro estás de la adecuación del ordenamiento jurídico, ¿cómo explicas el esperanzador precedente sentado por un Tribunal al que hago referencia en el epílogo? Si los propios jueces no muestran unanimidad al respecto, ¿por qué no cuestionarnos la validez del polémico sistema?

    A pesar del inmovilismo legal que demuestra tu falta de formación jurídica, no toda norma es impepinable ni infalible. Afortunadamente, otro sistema de reparto es posible, factible y deseable. Puede que un nuevo cuerpo normativo legal se antoje más que necesario.

    Ciertamente la presunción de inocencia, como ente jurídico básico, no se vulnera por tener que tragarnos un anuncio aleccionador en un producto que hemos adquirido como original, pero sí resulta más que paradójico, de ahí que me tomase la licencia literaria. Espero no se malinterprete ese punto que, creo, no es el principal del asunto.

    Por otro lado, no deberías presuponer que mi relación con la SGAE es la misma que la tuya, porque puede que te equivoques de cabo a rabo. Conozco perfecta y personalmente el trabajo del "auditor" y del representante de la SGAE en mi provincia y ellos mismos (en privado los primeros en reconocer las carencias de sus métodos) podrían darte una cura de humildad respecto a tus consideraciones.

    El reparto es injusto, en mi opinión mejorable. O puede que esté equivocado y éste sea el único sistema y sus deficiencias el mal menor. No poseo la verdad absoluta, pero, en cualquier caso, ruego me disculpe por soñar con que otro método es posible.

    Un saludo y gracias por su aportación. Descuide, en ningún modo me he sentido insultado. Agradezco el debate, aunque lo prefiera más moderado, y nunca jamás un comentario suyo será censurado. Eso puede darlo por seguro.

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