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El cine como elemento global
Escrito por Agente Cooper   
Jueves, 05 de Junio de 2008


Valoración espectadores: 8.67


A estas alturas del siglo XXI, en la videoteca mental de millones de aficionados al cine se encuentran directores de infinidad de países o culturas. A nadie le sorprende encontrarse con una cartelera donde aparecen títulos coreanos, argentinos o daneses junto a producciones norteamericanas y españolas (aunque siga siendo complicado en pequeñas ciudades y directamente imposible en pueblos). Sin embargo, si hacen un poco de memoria les costará encontrar un director danés anterior a Lars Von Trier o uno taiwanés anterior a Ang Lee. Seguramente los había, del mismo modo en que en España antes de Almodóvar estaba Zulueta y antes Buñuel, pero el mundo cinéfilo en general, si los ha conocido, ha sido a posteriori.

Hana-Bi (Takeshi Kitano)

En este prólogo un tanto disperso subyace una intención: A mediados de los 90, a falta de corrientes cinematográficas, se produjo un fenómeno que, en mi opinión, sí ha tenido calado y merece remarcarse dentro de la historia del cine: la universalización del cine de autor.

Si uno va a la Wikipedia y mira los premios principales de los tres festivales europeos por antonomasia, Cannes, Venecia y Berlín, observará que, salvo excepciones contadas, la mayoría de los premios anteriores a 1990 corresponden a EEUU y las escuelas tradicionales europeas: Italia, Inglaterra, Alemania, Francia y, en menor medida España, Suecia o la URSS. Sin embargo todo cambiará esta década. De repente, el cine proyectado en estos festivales se convirtió en un caleidoscopio
gigante cuyos triunfadores llegaban de lugares inesperados. Basta enumerar una serie de directores que han ganado el máximo galardón en cualquiera de estos tres festivales para hacerse una idea del profundo cambio ocurrido en lo 5 años entre 1992 y 1997: Neil Jordan (Irlanda), Milcho Manchevski (Macedonia), Zhang Yimou y Chen Kaige (China), Ang Lee (Taiwán), Walter Salles (Brasil), Jane Champion (Nueva Zelanda), Theo Angelopoulos (Grecia), Aki Kaurismaki (Finlandia), Emir Kusturica (Serbia), Takeshi Kitano (Japón), Wong Kar-wai (China), Kristof Kieslowski (Polonia), Abbas Kiarostami (Irán), Luc y Jean-Pierre Dardenne (Bélgica) y Lars Von Trier (Dinamarca, el DOGMA, para mí, es más parte de este fenómeno que una corriente de calado como pueda ser, por ejemplo, la Nouvelle Vague).

Este punto de inflexión obedece, a mi juicio, a dos razones principales discernibles geográficamente. La primera es la cada vez más uniforme Europa. En su periplo hacia “lo común” –ese en que todavía seguimos
y tras la desaparición del bloque comunista, alejó su mirada de un ombligo “anglo-italo-francés” demasiado acomodado, y la puso en una periferia donde cada vez más miradas personales iban apareciendo o consagrándose Kusturica o Kieslowsky ya eran directores de cierto renombre. Miradas originales, quizá extravagentes, pero profundamente elocuentes. La frialdad minimalista de Kaurismaki. La lucidez formal de Angelopoulos o Kieslowski, el descontrolado mundo de Kusturica. Un conjunto de largometrajes que chocaron frontalmente con la autoindulgencia generalizada en Italia, España y Francia, cuyas industrias todavía pelean por recuperar el terreno perdido tras más de 15 años. La segunda razón de aquella explosión artística tiene que ver con el advenimiento de una nueva edad de oro del cine oriental más o menos aleatoria dependiendo de la capacidad de formación de opinión que demos a los jurados que parió una generación de directores bajo el palio de la adoración suscitada en estos festivales. Ellos presentaron al mundo un lenguaje nuevo y característico, hijo del mestizaje de la visión tradicional oriental, heredada de Kurosawa, Ozu o Mizoguchi, con la cultura occidental. El triunfo de Ang Lee, Wong Kar-Wai, Zhang Yimou o Takeshi Kitano ha dado longevidad a este fenómeno y ya está aquí la nueva oleada comandada por Park Chan-Wook y Kim Ki-Duk.

En este sentido, los tres festivales (cada vez más ayudados por otros como San Sebastian) han ejercido, y siguen ejerciendo, una ejemplar labor de altavoz para películas que difícilmente sobrevivirían en un mercado poco dado a los alardes, donde la calidad es sinónimo de riesgo. Ya en nuestros días, tras más de una década, el éxito películas europeas tras obtener premios en estos festivales como 4 Meses, 3 semanas y 2 días (Cristian Mungiu, 2007,Rumanía); En tierra de nadie (Denis Tanivoc, 2001, Serbia), Las Vidas de Otros (Florian Henckel Connersmarck, 2007, Alemania) ó El Regreso (Andrey Zvyagintsev, 2003, Rusia), demuestran que aquel cambio no tiene marcha atrás y que la importancia de este tipo de festivales es todavía enorme en el mantenimiento de la diversidad artística.

Cabe una tercera reflexión para concluir esta contextualización. Aunque con más mesura, podríamos ver Estanción Central de Brasil como germen de la futura explosión del cine latinoamericano. Un primer “aquí estoy yo” desde Suramérica que más tarde, ya en el siglo XXI, ha puesto Amores Perros (Alejandro González Iñárritu, 2000) o Ciudad de Dios (Fernando Meirelles, 2002) en los cines de medio mundo.

Obviamente es arriesgado por mi parte eliminar la influencia de Internet en todo este maremágnum, quizá más responsable de hacer consistente este cambio en el siglo XXI que de iniciarlo. De todos modos creo que no cabe duda de que esos años 90 han sido muy importantes en la historia del cine como expresión de cultura global. Y el papel de Venecia, Cannes y Berlín crucial a la hora de, no sólo dar cobijo al cine más audaz, sino también de premiarlo y promocionarlo en todo el mundo.

Al final, más allá de datos o reflexiones quedan las películas y disfrutarlas. Les insto a que vuelvan a los 90. Saquen ese VHS del Dream Team de Barcelona 92. Escuchen Wonderwall, Smell Like Teen Spirit o Creep. Después pónganse Underground (Emir Kusturica,1995) o Hana-Bi (Takeshi Kitano, 1997) verán ustedes que gozada.

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Comentarios (3)
  • Inmafun

    Sí señor, un gran artículo,claro e ilustrativo, estás hecho un máquina.

  • Rolo Tomasi

    Interesantísima reflexión. Yo añadiría otro factor más esta "globalización" (que no se ofenda nadie :whistle: ) del cine: el auge económico de los países asiáticos (sobre todo China y Corea del Sur) que ha permitido el mantenimiento de una industria cinematógrafica sólida. Tampoco hay que olvidar el polo opuesto como son los países más pobres que, sin embargo, a base de denunciar las injusticias que sufren han conseguido ganarse una gran reputación como, por ejemplo, el cine iraní o afgano.

    Desgraciadamente, este fenómeno todavía no se ha extendido al cine africano. Ojalá suceda pronto. Sería una buena señal no sólo para el cine, sino para la sociedad en general.

  • Tyler Durden

    Muy bueno Agente Cooper.

    La verdad es que quien iba a pensar 10 años atrás que la gente de a pie, por decirlo de alguna manera, llegaría a conocer e incluso a atreverse a pronunciar nombres tan raros, con lo facil que es decir "Copola" o "Escorsese", además conociendo la obra y sabiendo lo que dicen sin parecer demasiado freak.

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